YO DIGO SÍ A LA PAZ

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viernes, 29 de diciembre de 2006

La salida es refundar el Estado, por Germán Ayala Osorio

Ante la crisis para- política
REFUNDAR EL ESTADO ES LA SALIDA
Por Germán Ayala Osorio
Ante la crisis de legitimidad generada por el destape de los ya advertidos nexos entre un sector de la clase política y el paramilitarismo, es hora de refundar el Estado. Hay que declarar que el Estado colombiano colapsó.
El anuncio del ministro del Interior y de Justicia, Carlos Holguín de cerrar el Congreso por los juicios que se avecinan contra varios congresistas y dar vida así a una asamblea nacional constituyente, es el preludio de una crisis profunda del Estado nación colombiano. Crisis sempiternas a las que nunca hemos enfrentado con entereza y diligencia.
La tarea de refundar el Estado la debe asumir un sector de la izquierda, a la que deben sumarse algunos empresarios y sectores académicos. Es hora de presentarle a la nación entera una propuesta de Estado que no sólo rompa con un penoso pasado, sino que advierta luces de cambio en un presente complejo y un futuro incierto, que requiere de caminos posibles de concebir y de recorrer por todos los colombianos.
Más allá de señalar responsables y responsabilidades penales (individuales) y políticas (colectivas), la izquierda debería estar sentada diseñando lo que debe ser el nuevo Estado colombiano. Sin dilaciones y sin distractores, es hora de diseñar acciones concretas para borrar ese modelo de Estado que hasta hoy medio funciona, y que se ha caracterizado por estar al servicio de una clase dirigente moralmente inferior(un estado privatizado); una clase política anodina y abyecta, apegada a privilegios sostenidos con el ejercicio de la amenaza y de la fuerza; y una clase empresarial que acapara riquezas resultantes de las cómplices, ilegítimas e ilegales relaciones con las clases dirigente y política.
Más que anunciar que el cierre del congreso ‘le suena’ al ministro del Interior – y al Gobierno, sin duda-, lo que se debe hacer es replantear, reformular y repensar el Estado colombiano. Los indicadores, las necesidades, las pautas y hasta las propuestas están listas. ¿Por qué no recuperar los ejercicios prospectivos de Repensar a Colombia (Talleres del Mileno, con la coordinación de Luis Jorge Garay) y Destino Colombia, entre otros trabajos? ¿Por qué no discutir esa posibilidad? e incluso, ¿por qué no aceptar la inviabilidad del Estado- nación en las actuales condiciones? Aquí el asunto es de responsabilidad histórica y no de responsabilidades políticas para salvar una institucionalidad a medio hacer en otra coyuntural crisis.
La tarea la debe asumir la academia, la izquierda o algún sector de la derecha que tenga la vergüenza de reconocer que en tantos años hemos construido un orden social ilegítimo, inviable, pero perfectamente sostenible con soluciones pasajeras, con reformas tibias, con un cambiemos para que todo siga igual.
Es hora de plantear una ruptura para este estado de cosas. Una ruptura histórica que no necesariamente está asociada con una asamblea nacional constituyente. Una ruptura que sí está asociada a generar y a sostener cambios profundos en los principios orientadores de un modelo de sociedad y de Estado que han hecho de Colombia una nación inviable.
El reto no es fácil, la tarea es urgente. La demostrada e incontestable incapacidad para construir un Estado – nación legítimo debe servir para repensarnos. Continuar en las condiciones actuales indicaría que la incapacidad es insuperable por razones genotípicas y fenotípicas, circunstancia esta que nos condenaría a seguir observando impávidos el fracaso de una nación, y el penoso espectáculo de una condición humana (la colombiana) perversa y predispuesta al error.
Ha pasado el tiempo de los Mesías y de las ilusiones del marketing político y mediático. Ese es el pasado que debemos olvidar. En adelante hay que pensar en que las ideas, la discusión, el diálogo y los encuentros discursivos nos mostrarán la salida: sin retórica, sin falsos principios y sin exclusiones.
La discusión de los asuntos públicos hay que arrebatársela a quienes han demostrado incapacidad para entender qué es eso de los asuntos públicos que nos preocupan a todos. Bienvenidas las ideas y la discusión pública.
De no discutir ya el futuro y la viabilidad del Estado colombiano, estaremos cada vez más cerca de los límites y de las circunstancias propias del estado de naturaleza. Depende de cada uno de nosotros. Que no se siga pensando el país desde reducidos círculos políticos, académicos y económicos ubicados en exclusivos pisos térmicos del territorio colombiano.

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