YO DIGO SÍ A LA PAZ

YO DIGO SÍ A LA PAZ

viernes, 9 de diciembre de 2016

DE DRAGAS Y RETROEXCAVADORAS

Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

A diario los medios masivos registran operativos de las autoridades contra complejos ilegales de explotación de oro en ríos y selvas. Recientemente lo hicieron en el Parque Nacional Natural de Chiribiquete[1] en donde se vio la presencia de por lo menos dos dragas, ancladas en el río Apoporis. En el operativo no hubo enfrentamiento armado, pero si, al parecer, la captura de varias personas.

Se trata, sin duda, de tardías acciones institucionales sobre una actividad ilegal que no solo deja graves afectaciones socio ambientales, sino que devela problemas enormes en el funcionamiento de las instituciones[2] ambientales -y en el Estado en general-, comprometidas con el cuidado de valiosos ecosistemas naturales que hoy están a merced de las organizaciones criminales y mafiosas que están detrás de la explotación ilegal de oro.

De los operativos y del registro mediático me asaltan varias preguntas: ¿cómo llegan a ríos y ecosistemas selváticos, dragas y retroexcavadoras? Especialmente, sobre estos últimos equipos, me pregunto: ¿qué tipo de control fiscal y de importación hace la DIAN; y ¿qué controles se pueden establecer para supervisar su comercialización y registro? Es más: ¿cómo hacen las organizaciones criminales para mover dichas retroexcavadoras? Sobre la presencia de dragas en los ríos, me sigo preguntando: ¿qué tipo de control hace la Armada Nacional?

Me parece que existen problemas de coordinación institucional, en especial en lugares y territorios ricos en biodiversidad en donde los Estados locales y regionales son débiles y su presencia es precaria e incluso, inexistente, hechos que facilitan la operación de estos complejos de explotación minera en nuestros ecosistemas hídricos, boscosos y montañosos. ¿Qué se hace desde el nivel central? ¿Qué papel juega el Ministerio del Medio Ambiente, el SINA y qué se ha hecho para mejorar lo que parece ser una pésima o inexistente coordinación institucional[3]?

Lo cierto es que mover esa infraestructura requiere de una logística que al parecer las autoridades estatales no tienen. ¿O será que el poder corruptor de las organizaciones que están detrás de la minería ilegal es tan fuerte al interior del Estado, que imposibilita cualquier actividad conjunta entre los organismos oficiales?

Si de verdad existen problemas de coordinación y de cooperación al interior de las entidades estatales, bien por el poder corruptor de las organizaciones criminales asociadas a la minería ilegal o por problemas técnicos y logísticos, ¿qué podemos esperar en adelante de los controles ambientales que deberán surtirse sobre la actividad minera legal que muy seguramente se extenderá en el país, cuando las Farc se desmovilicen y se conviertan en Partido Político?

Se espera que en los territorios que ayer ocupaban las Farc, se instalen multinacionales mineras que poco a poco transformarán valiosos y preciosos ecosistemas naturales, en enormes cráteres en donde difícilmente la vida puede brotar o mantenerse. Así entonces, y ante la debilidad institucional y el poco trabajo de coordinación entre las entidades estatales comprometidas con el cuidado del medio ambiente, el camino quedará despejado para estas multinacionales.

Y esto, por supuesto, tiene un componente político en la gestión ambiental en el país. Gestión que no solo se enfrenta a la debilidad institucionalidad[4] ambiental, sino al desinterés de alcaldes y gobernadores de proteger los recursos naturales en sus territorios.

No es gratuito que varios de los países de origen de estas multinacionales apoyen el proceso de paz y el fin del conflicto armado con las Farc. Saben que la operación de sus multinacionales se podrá dar, hacia futuro, en inmejorables condiciones de seguridad.

De esta manera, el fin del conflicto armado tendrá unos enormes costos socio ambientales: pérdida de estratégicos y valiosos ecosistemas, de biodiversidad y, por supuesto, el detrimento cultural que sufrirá la Nación, pues estos proyectos de explotación minera afectarán la vida de comunidades campesinas, afrocolombianas y de pueblos indígenas.

En ese camino, quizás llegue la Paz, pero en términos del ejercicio del poder político; eso sí, en términos socio ambientales, la guerra contra el medio ambiente está por comenzar.





martes, 6 de diciembre de 2016

URIBE NOGUERA, EL “NUEVO MONSTRUO”

La violencia sexual, en el contexto del conflicto armado interno, es el correlato de una sociedad machista.

Colombia corre el riesgo de que la violencia política, se convierta en un inamovible cultural.



Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo


En el contexto de múltiples violencias que se registran en Colombia, incluyendo por supuesto los hechos violentos generados en el marco del degradado conflicto armado, las empresas mediáticas han servido para que el grueso de los miembros de la sociedad exprese su indignación frente al asesinato de una menor, o la comisión de un feminicidio. Y eso, para muchos, parece positivo en la medida en que el cubrimiento noticioso, suple la necesidad de información de las audiencias y permite algo más, como el creciente rechazo social frente a crímenes en los que las mujeres resultan ser las víctimas.

Cada cierto tiempo en el país se suceden y se registran hechos que por la espectacularidad mediática y por su execrable carácter, terminan “conmoviendo” a la sociedad.  Hoy es Rafael Uribe Noguera, capturado por haber secuestrado, torturado, violado y asesinado a la menor Yuliana Andrea Samboní. Pero ayer fueron Luis Alfredo Garavito, recordado asesino en serie; Javier Velasco, quien asesinó a Rosa Elvira Cely[1]; el subteniente del Ejército, Muñoz[2] Linares, quien mató a tres menores de edad en Tame (Arauca) y Freddy Valencia, conocido como el “asesino de Monserrate”, entre otros tantos.

Todos estos hechos, con gran despliegue mediático, lograron conmover, por un tiempo, a esa parte de la sociedad mediatizada (urbana) que se horroriza y se moviliza por los señalados homicidios de mujeres y menores de edad, pero que poco interés muestra por el genocidio de los miembros de la Unión Patriótica y ahora, por el ya sistemático asesinato de líderes sociales, reclamantes de tierra, defensores de los derechos humanos y militantes de Marcha Patriótica. Entre estas víctimas, varias mujeres fueron ultimadas.

Muchos sostienen que se trata de circunstancias y hechos distintos que no se deben conectar, especialmente cuando se trata de señalar responsabilidades y la toma de conciencia individual y colectiva en lo que concierne al ejercicio del poder político. Lo cierto es que tanto los crímenes de líderes sociales, entre estos a varias mujeres, así como los feminicidios, comparten un mismo contexto social, político, económico y cultural. Es decir, una cultura masculinizada y violenta, atravesada  por una misma idea compartida: la presencia dominante del Gran Macho[3].

En las últimas 48 horas, las redes sociales y los medios masivos, en especial la televisión, dedican tiempo al nuevo crimen de una menor, perpetrado por Uribe Noguera. El hecho mismo y el registro noticioso que de este vienen haciendo y harán en lo consecutivo los Medios masivos, tendrán el mismo efecto: muestras de indignación, repudio colectivo y las sempiternas exigencias sociales para que se imponga en el país la cadena perpetua e incluso, la pena de muerte para violadores, abusadores, pederastas y feminicidas. Pero nada más. En unos días todo seguirá igual. Ya miembros del Partido Cambio Radical, radicaron proyecto de ley para instaurar la cadena perpetua para quienes cometan este tipo de delitos. Lo más probable es que la iniciativa fracase. 

¿Por qué tanta indignación, repulsión y repudio frente a un hecho a todas luces condenable, no permite avanzar hacia cambios culturales e institucionales que nos permitan como sociedad, consolidar lo que hasta ahora bien puede calificarse como truncos procesos civilizatorios? Trataré de dar respuesta a esa compleja pregunta.

Los feminicidios y los ataques con ácido y en general las disímiles violencias que a diario sufren las mujeres, se dan en el contexto de una sociedad profundamente patriarcal que ha cosificado a la Mujer y la ha convertido en un objeto sexual que se desea con inusitada pasión y voracidad; curiosamente, los mismos Medios de comunicación y los canales de televisión que hoy hacen gran despliegue por el ominoso crimen de Yuliana Andrea Samboní, sirven de plataforma ideológica para entronizar en las audiencias esa negativa representación de la Mujer y de lo femenino. 

Así entonces, se equivocan la prensa y los colombianos que en general califican a Rafael Uribe Noguera, a Garavito, al subteniente Muñoz o a Javier Velasco de “Monstruos”, o de “Animales”. Es un error deshumanizar a estos criminales y asesinos seriales. Más allá de si sufren o no trastornos mentales, lo cierto es que todos comparten un mismo contexto cultural. Y ese contexto, para el caso específico de las Mujeres, señala, con enorme naturalidad y permisividad social y política, que pueden ser acosadas, maltratadas, deseadas, tocadas y finalmente, asesinadas.

Uribe Noguera, como los otros, es el resultado de una sociedad educada para dominar a las mujeres. El rapto de la niña y su posterior sometimiento a su fuerza masculina, se da en el contexto de una sociedad en la que los hombres deseamos mal. Somos un país de Machos cabríos que actúan sin mayor control social, político, cultural e institucional.

Sin duda, Uribe Noguera excedió los límites de esa equivocada concepción cultural de la Mujer, pero en el fondo, su comportamiento violento deviene auspiciado por prácticas, discursos y dispositivos culturales como la moda, los reinados de belleza, la publicidad sexista, los piropos y la música (ejemplo, las canciones de Maluma), entre otros, que cosifican a la Mujer, de allí que pueda y esté socialmente aceptado ser cogida, tocada, raptada, acosada, alcanzada, conquistada y hasta rifada (práctica muy común entre los 'traquetos' de Cali) . Y para el caso de criminales como Uribe Noguera, asesinadas.

Así entonces, solo resta esperar a que la Fiscalía haga su trabajo y que un juez de la República condene ejemplarmente a este nuevo asesino, atendiendo, eso sí, el debido proceso. Mientras pasa la efervescencia de los hechos y se enfría la conciencia episomediática[4], las autoridades deberán estar atentas a la aparición del próximo criminal. Y quizás ante un nuevo caso, vuelvan a indignarse los mismos ciudadanos que hoy piden cadena perpetua para Uribe Noguera,  mientras consumen, sin asomo de crítica, la publicidad sexista y aceptan con resignación la dominación masculina. Mientras pasa la indignación, Uribe Noguera es, desde hace 48 horas, el Nuevo Monstruo.

Adenda: rechazo el intento de linchamiento protagonizado por varios ciudadanos que se apostaron a la salida de la clínica en la que se encontraba recluido el asesino Uribe Noguera. Dicho comportamiento no puede aceptarse. 


Imagen tomada de las2orillas.co


[4] Entiendo por Conciencia Episomediática: Aquella que, soportada en un lenguaje periodístico y en una técnica periodística ahistóricas, acríticas, moralizantes y macartizantes, logra influir en las audiencias de tal forma, que éstas asumen posturas resultantes de una exposición rápida a unos hechos televisados, elevados al estatus de noticia, que resultan socialmente sensibles y reprochables. Los estados de opinión pública generados se basan en episodios rápidamente superados por nuevos hechos noticiosos, lo que inmediatamente expresa una conciencia episódica, que no permite a las audiencias hacer un ejercicio comprensivo, complejo y sistémico de los hechos consumidos. La conciencia episomediática resulta convenientemente pasajera en la interesada tarea de los medios de generar estados de opinión pública ajustados a sus intereses, motivaciones e inclinaciones políticas. Una conciencia episomediática facilita la incomprensión de complejas realidades colombianas, relatadas mediante un discurso periodístico-noticioso sujeto a intereses económicos y políticos de las empresas mediáticas, que están en consonancia con la cultura dominante. 

viernes, 2 de diciembre de 2016

MÁXIMA PASIÓN, SELECTIVA SOLIDARIDAD

Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

El escenario no podía resultar más conmovedor: el estadio Atanasio Girardot, de Medellín, Colombia, repleto de hinchas del fútbol, afligidos y en franca actitud de  acompañamiento a los familiares de los jugadores del equipo que enfrentaría al Atlético Nacional, en el primer partido de la final (Copa Sudamericana), y que murieron en el siniestro aéreo registrado muy cerca del aeropuerto de Rionegro.

Resulta difícil no conmoverse ante semejante tragedia: un avión, en el que viajaba el equipo de fútbol Chapecoense, del Brasil, se precipitó a tierra, con el saldo trágico que la opinión pública, nacional e internacional, ya conoce.

La convocatoria a honrar, masivamente, la vida de los jugadores que murieron en el siniestro aéreo, se explica por el lugar que le hemos dado al fútbol, como deporte espectáculo. Anclado en lo más profundo de las entrañas de millones de colombianos, el fútbol convoca, atrae, distrae, mueve y conmueve a las masas, aupadas, claro está, por la fuerza arrolladora y enceguecedora de los Medios masivos. Hasta allí una simple constatación cultural.

En cualquier circunstancia en la que la muerte se presente ante nosotros, a través de los Medios masivos, queremos saber quién murió, cómo murió y por qué murió. Pero ello no se traduce, inexorablemente, en que el insuceso de expiración de la vida, registrado bajo la selectiva lógica noticiosa, haga que pasemos de la curiosidad, a la solidaridad.

Prueba de lo anterior es el asesinato selectivo de líderes sociales, indígenas, campesinos,  defensores de derechos humanos y del medio ambiente, así como de reclamantes de tierras y militantes de Marcha Patriótica. La cifra da cuenta de más 70 ciudadanos asesinados, solo en 2016.  A pesar del registro noticioso y de la preocupación expresada del actual Gobierno, las demostraciones de solidaridad no alcanzan ni para llenar una plaza pública. Y mucho menos, para llenar un estadio de fútbol. He allí otra simple constatación cultural.

Me pregunto: ¿por qué resulta tan aparentemente fácil llenar un estadio de fútbol (con cerca de 40 mil personas) para rendir homenaje a los jugadores que perecieron a su llegada a Medellín y tan relativamente difícil movilizarnos para defender la vida de compatriotas que sobreviven en difíciles condiciones de vida, por la constante amenaza de grupos al margen de la ley, en el contexto de un degradado conflicto armado y de prácticas infames de múltiples violencias?

Intentaré responderme el interrogante. En primer lugar, como ya se dijo líneas atrás, el lugar preponderante que en nuestras vidas le hemos dado al fútbol, hace que reduzcamos nuestra capacidad de asombro y las respuestas solidarias, a todo lo que tenga relación directa con esa disciplina deportiva y deporte espectáculo. Así entonces, la pasión por el fútbol serviría de coraza social y política no solo para protegernos de los problemas de violencia que a diario vive el país, sino para no reconocer las dimensiones sociales, económicas, étnicas y políticas que subyacen a esas múltiples violencias que exhibe Colombia históricamente.

En segundo lugar, la solidaria y masiva respuesta de la gente del fútbol, de Medellín y de otras ciudades, se entiende por el adolorido cubrimiento periodístico-noticioso de unas empresas mediáticas que saben explotar económicamente la pasión por el fútbol, cada que juega la selección Colombia de Mayores y en las transmisiones de los partidos del rentado nacional. De allí que del cubrimiento noticioso se pueda colegir lo siguiente: ¡es que se murió un equipo de fútbol¡ y además, ¡iba a enfrentar una final con el Nacional, el Rey de Copas¡   Es una verdadera tragedia, ¡porque el fútbol no tiene fronteras¡ Al parecer, nada ni nadie más importante que la vida de los jugadores de fútbol. Muchos elevaron a los jugadores fallecidos al estatus de Héroes, vencidos, eso sí, por la fatalidad. El calificativo, claro está, no alcanzó para el resto de los ocupantes de la aeronave siniestrada.

Y en tercer y último lugar, podría explicarse la masiva reacción de dolor y de solidaridad en momentos de dolor, porque cuando amplificamos nuestra condición de Hinchas del Fútbol, identitariamente borramos a todos aquellos grupos humanos que histórica y sistemáticamente han sido víctimas del acoso de los actores armados, en el marco de un degradado conflicto armado interno. Lo anterior se alimenta por una no declarada animadversión que como citadinos sentimos y profesamos contra todos aquellos que sobreviven en el sector rural: afrocolombianos, campesinos e indígenas, símbolos del atraso, de la pereza y de la malicia de ese país que nos avergüenza.


Adenda: paz en la tumba para todas las personas que viajaban en el avión siniestrado. Y para todos, recordarles que la muerte es una certeza y que la vida es un sinuoso camino lleno de incertidumbres y avatares, que termina cuando llega la hora de partir. Lo demás, son veleidades, discursos y justificaciones.


 Imagen tomada de europapress.es

jueves, 1 de diciembre de 2016

RCN, UN NUEVO ACTOR POLÍTICO

Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

Resulta extremadamente peligroso e inconveniente, para la democracia y el periodismo, lo que la Organización Ardila Lulle (OAL) viene haciendo, de tiempo atrás, con el Noticiero RCN, al convertirlo en un actor político que usa los hechos y la información para torpedear el proceso de paz con las Farc, y en adelante, la consecuente implementación del Acuerdo Final (II) o Acuerdo de Colón.

Con la decisión política, editorial y periodística tomada por quien lidera la OAL y dadas las circunstancias en las que hoy funcionan los Partidos Políticos en Colombia, el noticiero Noticias RCN hace el tránsito del estadio de la sociedad civil, al estadio de Mediadores Naturales. Ese tránsito da vida o confirma la tesis que señala que ante la debilidad manifiesta de los partidos Políticos, los medios de comunicación los remplazan en tres funciones básicas: generar opinión pública, posicionar líderes carismáticos y darle manejo a las incertidumbres sociales en los eventos electorales[1]. 

Insisto en que resulta sumamente peligroso ese cambio de estadio, porque Noticias RCN no solo pierde su naturaleza como Medio informativo, sino que se convierte en un actor político que usa el discurso periodístico-noticioso para tergiversar los hechos y  generar ambientes politizados a favor de la interesada causa del conglomerado económico. Ya no se trata de un ejercicio autónomo de reconstrucción de unos hechos elevados al estatus de noticia, sino de acciones informativas más cercanas al discurso de la propaganda y a la manipulación de unas audiencias poco preparadas para entender las lógicas del poder, del periodismo y las “realidades” de Colombia.

De esta manera, el Noticiero RCN le da un valor de uso a la información y a los hechos públicos, de acuerdo con los objetivos económicos y políticos de la OAL. Si dado el caso, dicho conglomerado económico y actor de la sociedad civil decide participar de procesos de desestabilización institucional con miras a torpedear los procesos de implementación de lo acordado en La Habana y firmado en el Teatro Colón de Bogotá, el papel que jugaría RCN se reduciría al que naturalmente cumple una empresa de mensajería[2]. De esta manera, sus periodistas se convertirían en estafetas, en mensajeros.

Al actuar dentro del estadio de los Mediadores Naturales, remplazar a los partidos políticos y seguir las instrucciones de la OAL, RCN, como Noticiero, desestima principios y valores periodísticos y hace acomodaticia su práctica. Es tal la confusión, que la ética empresarial que subyace a las operaciones económicas de la OAL, se opone, contradice, desconoce y se yuxtapone a la ética periodística. Y en el marco de un entronizado ethos mafioso, la información noticiosa emitida sería producto de una negociación o de una transacción, y ya no de un proceso de reportería orientado por principios periodísticos.

Al acercarse el escenario electoral de 2018, el Noticiero Noticias  RCN se apresta a jugar políticamente, para incidir en esa parte de las audiencias que acepta y valida las nuevas funciones del Medio como actor político. Al quedar subsumido el lenguaje periodístico-noticioso a las lógicas del poder político, sobrevendrán no solo lecturas amañadas y descontextualizadas de los hechos noticiosos, sino implícitas y explícitas invitaciones a desconocer el orden establecido, el mandato presidencial y las decisiones de Estado de quien en 2018 llegue a la Presidencia y ose jugársela por la implementación eficaz y eficiente de lo firmado en el Acuerdo Final (II).






Imagen que circuló ampliamente por la red Twitter.


[1] Véase: De la democracia radical al unanimismo ideológico. Medios de comunicación y seguridad democrática. UAO, 2006.