YO DIGO SÍ A LA PAZ

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viernes, 28 de septiembre de 2012

LA IMPRUDENCIA DE SANTOS

Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

En un proceso de diálogo y negociación como el que pronto emprenderán el Gobierno de Santos y la cúpula de las Farc, hay opiniones que pueden dar al traste con los diálogos de manera temprana, así como resquebrajar la necesaria confianza que debe surgir y mantenerse entre los actores que se sentarán a la mesa diálogo.

En ese contexto, los medios masivos de comunicación siguen jugando el rol de amplificadores incontrolables de versiones, comentarios y opiniones  de unos y otros, que en el mediano plazo pueden agudizar las dudas naturales y la desconfianza que subsisten entre los voceros y los negociadores de las dos partes.

El Presidente Santos reconoció ante la gran prensa nacional e internacional que los contactos de paz los había iniciado alias ‘Alfonso Cano’, líder máximo de las Farc, quien fue asesinado por tropas del ejército, en un operativo en el que efectivamente hubo un desmesurado uso de la fuerza para someter a un líder guerrillero que casi en solitario y con sesenta años de edad a cuestas, se enfrentó a una bien dispuesta artillería.
De esta manera recogió EL ESPECTADOR lo dicho por el Presidente de Colombia: “El presidente Juan Manuel Santos indicó que los primeros contactos para llegar a los actuales diálogos de paz con las Farc se dieron con el entonces jefe de esa guerrilla, ‘Alfonso Cano’. “La persona que indirectamente se comunicó conmigo fue el número 1 de la guerrilla, al mismo tiempo yo dije yo estaría interesado si dos condiciones se presentan. Primero, que sea completamente confidencial hasta que los dos decidamos que vamos a hacerlo público. Segundo, la guerra va a continuar hasta que nos decidamos a continuar el proceso de negociaciones”, aseguró. Según él, ese contacto se dio al inicio de su Gobierno en 2010, justo cuando él era reconocido como el heredero de la política de seguridad democrática de Álvaro Uribe Vélez. Por eso, Santos aseguró que una de las más duras decisiones fue ordenar la operación contra ‘Cano’ en medio de los acercamientos exploratorios para llegar a los diálogos de paz. “Me dijeron que lo tenían rodeado (a ‘Alfonso Cano’) y me dije: las reglas son las reglas, y tomé la decisión de eliminarlo y así se hizo”, relató desde Kansas (EE.UU.) donde estaba en un encuentro académico[1].

Cierto o no lo que dijo el mandatario colombiano, en el fondo quedan muchos interrogantes alrededor del operativo, las motivaciones del mismo y los efectos que podrá generar, a futuro, la declaración de Juan Manuel Santos Calderón. Preguntas como por ejemplo, si al líder guerrillero le interesaba dialogar, ¿por qué Santos no dio la orden perentoria de capturarlo vivo, en lugar de asesinarlo? ¿La decisión del operativo recayó completamente en el Presidente o por el contrario, y ante la necesidad de mostrar resultados, la orden la dio el entonces Comandante de las Fuerzas Militares?

Lo cierto es que la responsabilidad política del operativo en el que se logró matar a Cano la asume el Presidente, al igual que los efectos que esta declaración pueda generar en los voceros y en las propias Farc, en la medida en que puede hacer pensar a los líderes farianos que Santos no es de fiar.

Insistir en eliminar a las cabezas visibles, a los ideólogos y a los estrategas militares de las Farc tiene todas las justificaciones desde el punto de vista de la guerra, en la medida en que dichos golpes generan el resquebrajamiento del liderazgo, del mando y provocan luchas intestinas en las Farc para sustituir al líder muerto.

Pero en la perspectiva de la paz, dicha decisión genera más efectos negativos que positivos. Y es así, porque sin el liderazgo de los históricos de las Farc, los mandos medios y bajos suelen atomizarse y abandonar el carácter monolítico con el que pretendidamente dichos líderes desean que actúe la organización armada ilegal. Además, porque el país y las mismas Farc perdieron la oportunidad de escuchar a un líder militar y político que podría aportar ideas y salidas concretas al conflicto.

Resta esperar que las declaraciones de Santos, ya cuestionadas por unos de los voceros de las Farc, en torno a su veracidad, no susciten enfrentamientos entre las partes, no sólo por la forma en la que se dio el operativo, sino por la desconfianza que pueda generar un Presidente que en un momento dio prioridad a la salida militar, a la búsqueda de un triunfo en ese ámbito, por el valor estratégico y político que encarnaba Cano, y dejó a un lado la posibilidad de capturar vivo al líder fariano para darle la posibilidad que desde prisión liderara un proceso de paz como el que recién se dará inicio. 

Bien vale la pena recordar el reclamo que en su momento hiciera monseñor Darío de Jesús Monsalve Mejía, arzobispo de Cali, en el momento en que el país celebraba la caída del entonces máximo comandante de las Farc, justo ahora en que se insiste en dialogar en medio de las hostilidades.

He aquí apartes del comunicado de Monsalve Mejía, recogido por la prensa nacional:  "¿Por qué no trajeron vivo, por ejemplo, a 'Alfonso Cano', cuando se dieron todas las condiciones de desproporción absoluta y de sometimiento y reducción a cero de un hombre de más de sesenta años, herido, ciego y sólo? y ¿por qué encapsular la lucha anti-guerrillera en ese marco de traer muertos a los cabecillas, sin agotar el marco ético de la no pena de muerte, de la captura como objetivo legal[2].

Por todo lo anterior, la prudencia y el tacto serán herramientas claves para que los procesos de diálogo y de negociación avancen sin mayores contratiempos. Santos fue imprudente al recordar el episodio con Cano. Esperemos que sus declaraciones no sean usadas por las Farc como excusas o dudas razonables para no avanzar en la búsqueda de la paz. 


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