YO DIGO SÍ A LA PAZ

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viernes, 6 de febrero de 2009

LIBERACIONES Y GESTOS HUMANITARIOS: UN DESFILE DE VANIDADES

Germán Ayala Osorio, profesor Asociado y politólogo de la Universidad Autónoma de Occidente, Cali- Colombia.
Terminadas las gestiones y los operativos humanitarios que trajeron a la libertad a un puñado de colombianos, bien vale la pena dar una mirada a varios hechos que ponen de presente cuán polarizado está el país y cuánta madurez faltó a las partes involucradas para entender lo delicado que son estos asuntos en el contexto de un conflicto armado degradado.
Empecemos por lo acontecido con los sobre vuelos militares, hecho que generó preocupación y molestia entre quienes hacían parte del operativo de liberación de tres policías y un soldado. Qué bueno sería que el CICR ratificara las denuncias que en su momento hizo el periodista y miembro de la comisión humanitaria Jorge Enrique Botero, alrededor de la presencia de las aeronaves militares. Por su parte el periodista señaló que tenía imágenes que probarían sus denuncias. Habrá que esperar si decide mostrarlas o no.
No es lógico pensar que dichos sobre vuelos hicieran parte de los acuerdos procedimentales acordados entre el Gobierno, el CICR y la misma comisión de Colombianos por la Paz. Cómo entender, entonces el reversazo de Uribe en el comunicado 233, del 02 de febrero de 2009, de la Presidencia de la República en el que señaló lo siguiente: “El Gobierno Nacional ha ordenado suspender vuelos de la Fuerza Aérea, aun con altura superior a los 20 mil pies, en el espacio aéreo de la zona de liberación de secuestrados. Solamente se harían por solicitud del Comité Internacional de la Cruz Roja, ante una situación de emergencia.”[1]
En cuanto a lo sucedido con la presencia y actuación de Jorge Enrique Botero, hay que señalar que fue imprudente pues puso sus intereses periodísticos por encima de la tarea humanitaria. De igual forma aconteció con la presencia del periodista Holmann Morris en el lugar de los hechos en lo que parece una ‘lamentable coincidencia’.
En el fondo está el siempre discutido valor de la primicia. Lograr la entrevista, la imagen y las declaraciones en caliente de los protagonistas lleva a los periodistas a cometer imprudencias y a caer en excesos. Y en estos operativos las imprudencias estuvieron a la orden del día.
Periodistas, familiares de secuestrados, audiencias y liberados no comprenden o no reconocen que hay momentos y espacios que están cubiertos por un barniz muy débil que intenta separar dos ámbitos claramente en conflicto: lo público y lo privado.
No se puede desconocer que las liberaciones constituyen un acto público y que por ello la presencia de la prensa es vital para que las audiencias puedan saber las condiciones y el por qué se producen este tipo de eventos humanitarios. Pero hay momentos en los cuales el ámbito de lo privado reclama su presencia y el respeto por parte de la prensa, de los propios gestores e incluso, por parte del propio Gobierno.
En un primer momento aparece un conflicto de intereses pues los liberados, aturdidos por las cámaras y por lo que significa el regreso a la libertad, quedan a merced de unos y otros, en un eterno desfile de vanidades en el que participaron tanto el Presidente, quien organizó su rueda de prensa a la media noche para hablar con los miembros de la fuerza pública recién liberados; Piedad Córdoba, quien a pesar de un notable cambio en su afán de protagonismo, siempre se las arregla para quedar en la foto; los periodistas, que a gritos y empujones pretenden arrancar una frase, un agradecimiento por su labor informativa, un dato; y por último, el familiar, también aturdido, que no alcanza a dimensionar que su importancia mediática se desvanece poco a poco -como su privacidad-, en la medida en que se acerca quien es digno de interés público: el liberado.
En estos momentos de exaltación es recomendable establecer protocolos muy claros que eviten el protagonismo y en ciertos casos el oportunismo de aquellos que participan del evento humanitario. En primer lugar, toda información debe ser canalizada por el CICR, pues su pretendida neutralidad puede garantizar que no haya excesos de unos y otros.
En segundo lugar, debe trasladarse al liberado directamente a un chequeo médico, en compañía de sus familiares más cercanos. El mismo CICR debe emitir comunicados para informar acerca del estado de salud del liberado. En tercer lugar, debe consultarse al propio liberado qué desea hacer, si viajar directamente a su casa, o preparar una declaración pública e incluso, si realmente quiere la presencia de la prensa en cercanías a su residencia e incluso, el acompañamiento de la misma durante sus traslados.
En cuarto lugar, el liberado, junto a su familia, tienen derecho a la privacidad, a reunirse para empezar a recuperar el tiempo perdido, la vida que les arrancó la estupidez de las FARC. Para el caso de los militares, inclusive, puede ponerse en cuestión la obligación de asistir a una rueda de prensa, a media noche, organizada por el máximo Comandante, el Presidente de la República.
De otro lado, lamentable los señalamientos de Uribe contra Morris y Botero. Pues si él puede señalar posibles simpatías o cercanías de éstos con las FARC, igual podría hacer cualquier colombiano frente a las actuaciones de los periodistas que no solo han demostrado simpatías con la ‘causa’ de las AUC, sino que se hincaron a los pies del Gobierno, lo que se significa que dejaron de lado la obligación de informar con veracidad.
Queda claro que nos falta madurez para entender que no se trató de un gesto humanitario de las FARC, sino de una decisión política revestida forzosamente de humanitaria, para buscar que su imagen mejore en algo ante la opinión pública nacional e internacional. En Piedad Córdoba hay, eso sí, un interés humanitario, que muy seguramente dará al traste con sus futuras aspiraciones políticas, justamente, por la polarización política que viene desde 2002.
Por parte del Gobierno, quedó claro el profundo desdén con el que mira la suerte de los ciudadanos que han sufrido el horror del secuestro. Cuándo aprenderemos que este desfile de vanidades aumenta el nivel de polarización entre los colombianos y que al final, por la magia mediática, sólo habrá un ganador: AUC (Álvaro Uribe Candidato).

[1] Tomado de la página www.presidencia.gov.co, hoy 06 de febrero de 2009.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Apreciado Germán,

Muy bueno su artículo y muchas gracias por compartirlo con nosotros. Quisiera agregar que precisamente por tratar de poner orden en la llegada del secuestrado y su relación con la prensa, el Dr. Luis Carlos Restrepo, el alto Comisionado para la Paz fue desautorizado en público por su jefe, quien envió otro subalterno suyo a reemplazarlo sin previo aviso: Fue tal la ira de este señor al ser desautorizado por enésima vez, pero según cuentan, esta vez con regaño e insulto incluido (de parte de un Ministro), que Luis Carlos lleva cuatro días sin dar la cara y sin responderle las muchas llamadas de Uribito.

Att:

Dario

Anónimo dijo...

Gracias por la información esta superrrrrrrr



BERTA A

Anónimo dijo...

Siempre tan piloso, profe. Sigue escribiendo, saludo



Blanca

Anónimo dijo...

Buenos días profe!!!

A lo mejor usted no me recuerde a mí, pero quiero que sepa que leo todos y cada uno de los mails que nos envía.

Me encanta su manera de escribir y su forma de percibir la vida y los acontecimientos de nuestro país y entorno.

Usted ha sido de los mejores profesores que he tenido en mi carrera y por eso quiero agradecerle, porque puso un granito enorme de arena en mi formación como comunicadora.

Los mejores deseos,


Jennifer

Anónimo dijo...

Profesor Ayala.



Por primera vez leo una reflexión de su autoría producto de un proceso de análisis más objetivo que emocional (léase visceral).

Mario G.

pensador dijo...

Bueno la verdad es que elpapel que jugaron los medios en este procesod e liberación rayó en lo grotezco, y además el estado demostró su falta de organizaciónn con las ruedas de prensa. Vale la pena rasaltar el hecho de que los liberadoas sean expuestos ante los medios en ese afán protagónico, antes de ser sometidos a una cuidadosa revisión médica, y psicológica. y sobre todo es absolutamente necesario que sus primeros momentos de libertad esten enmarcados en la privasidad ya que es de suponer que lo que más quieren es estar con sus familias.