YO DIGO SÍ A LA PAZ

YO DIGO SÍ A LA PAZ

viernes, 15 de julio de 2016

EL GRAN ACTO DE PERDÓN

Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

El actual momento histórico por el que pasa Colombia resulta significativo por cuanto estamos muy cerca de la firma del fin del conflicto armado entre el Gobierno y las Farc.  Este hecho político podría establecer o significar un quiebre histórico sobre el que el país deberá promover cambios sustanciales en materia de cultura política y allanar caminos que en el mediano y largo plazo permitan construir y consolidar escenarios de paz y convivencia.

Durante estos cuatro años de negociación en La Habana, los colombianos han visto gestos de paz, así como actos de reconciliación como la petición de perdón de las Farc a las víctimas que viajaron a Cuba y a los sobrevivientes de la masacre de Bojayá. Para este caso en particular, están por darse las peticiones de perdón por parte del Estado y los paramilitares, grupo desestructurado en lo político y en franca recomposición en lo militar. Ante esas circunstancias y por la connivencia de sectores oficiales con las fuerzas contrainsurgentes, le corresponderá al Estado, como símbolo de unidad, faro moral y máxima instancia de poder, pedir perdón a la comunidad de Bojayá, en nombre de los paramilitares que combatían a las Farc, resguardados en la Iglesia del pueblo, a donde cayó la pipeta lanzada por la agrupación guerrillera con la se produjo la muerte de casi 80 civiles.

Si bien el acto público, mas no mediatizado, en el que alias Pastor Alape pidió ser perdonado resulta significativo, aún faltan peticiones de perdón que las Farc deberán hacer ante las comunidades y pueblos que resultaron afectados y victimizados por sus actividades y acciones de guerra. Pero no podemos exigir y esperar actos de petición de perdón solo a las Farc. Por el contrario, la sociedad colombiana deberá esperar y exigir acciones de perdón al Estado, a las élites de poder económico, social y político que de disímiles maneras coadyuvaron al escalamiento del conflicto armado.

Y en esos esperados actos de petición de perdón a las víctimas y a la sociedad colombiana en general, deberán hacer presencia industriales, banqueros, ganaderos, comerciantes, políticos, militares y policías, acompañados, por supuesto, por miembros de las  Farc; pero también deberán producirse actos de perdón, emanados de la propia sociedad colombiana, por los silencios guardados durante estos 52 años de guerra interna.

Deberán sumarse a esos actos de perdón, las distintas iglesias, pero en especial la Iglesia Católica, porque a pesar de su acompañamiento y buenos oficios en varios esfuerzos de paz de diversos Gobiernos, siento que pudo haber hecho más, en especial cuando el conflicto se escaló y se degradó. Deberá sumarse a estas acciones de perdón, el periodismo en sus expresiones nacional, regional y local, por haberse preocupado más por sacar provecho económico, político y noticioso al cubrir los horrores de la guerra, en lugar de mediar para disminuir el impacto de los hechos bélicos acaecidos y registrados.


De esta manera, y ante la enorme polarización política en la que deviene el país por cuenta del Proceso de Paz de La Habana y la refrendación de lo acordado entre Farc y Gobierno, Colombia necesita de un Gran Acto Público en el que todos nos pidamos perdón. Quizás con un acto colectivo de ese talante y naturaleza, la polarización disminuya y como sociedad empecemos a dar los primeros pasos hacia la enorme transformación cultural que nos lleve a valorar la vida de los campesinos, afros e indígenas que sufrieron los estragos del conflicto, así como a proscribir la lógica  de los combatientes, legales e ilegales, recubiertos de un anacrónico talante de Héroes. Y al final, cuando ese Gran Acto de Perdón se dé, quizás comprendamos que debemos modificar sustancialmente las relaciones entre el Estado, la sociedad y el mercado, atravesadas de tiempo atrás por un oprobioso, pero legitimado ethos mafioso. 

Imagen tomada de Colombiaopina.wordpress.com

No hay comentarios.: