YO DIGO SÍ A LA PAZ

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martes, 7 de junio de 2016

PLEBISCITO Y RELACIÓN AMIGO-ENEMIGO

Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

Sin que hasta el momento la Corte Constitucional se haya pronunciado sobre la constitucionalidad de la Ley Estatutaria del Pebliscito para la Paz,  resulta importante insistir en la importancia política que tiene para los colombianos que podamos refrendar lo acordado en La Habana.

Igual de importante resulta señalar que el mecanismo para refrendar el Acuerdo Final al que lleguen las Delegaciones de Paz del Gobierno y de las Farc, tiene dos propósitos fundamentales: de un lado, aprobar o improbar lo acordado entre las partes que negocian el fin del conflicto armado; y del otro, definir la vigencia política[1] de Álvaro Uribe Vélez[2], el futuro del Centro Democrático (CD) como colectividad y plataforma electoral de la Derecha y la ultraderecha y la posible candidatura del hoy Procurador General de la Nación, Alejandro Ordóñez Maldonado[3], otro pesado opositor del proceso de paz de La Habana.

De esta forma, el doble propósito del plebiscito[4] podría servir para disminuir los altos niveles de crispación que aún producen los diálogos de paz con las guerrillas  o por el contrario, para polarizar aún más a la sociedad colombiana en torno a esa anacrónica dicotomía Paz-Guerra. Para que suceda lo primero, la votación por el SI deberá ser aplastante en relación con el NO. Y para que se dé lo segundo, deberá darse un inesperado triunfo de la negativa o, en su defecto, un triunfo estrecho del SI.

Los millones de colombianos que estamos convencidos de la urgente necesidad de ponerle fin al conflicto armado interno, por lo menos con las Farc, debemos salir masivamente a votar por el SI, una vez la Corte Constitucional haya revisado la exequibilidad de la norma que da vida al plebliscito refrendatorio. Y en ese doble propósito, debemos salir a votar para acertarle una dura lección democrática y electoral a quienes de manera mezquina quieren que se prolongue la guerra interna.

Creo que podría estar cerca el final político de Uribe, el de su micro empresa electoral y el del propio Ordóñez, si masivamente salimos a votar a favor del Acuerdo Final que se logre en La Habana.





Detractores, “enemigos” o contradictores

La consolidación de escenarios de posconflicto depende, en buena medida, de que se morigere el lenguaje con el que  tradicionalmente se han explicado las dinámicas del conflicto armado interno. Durante años y como consecuencia de la doctrina de la Seguridad Nacional, el país pareció acostumbrarse a mirar a sindicalistas, críticos del sistema capitalista, a simpatizantes y militantes de la izquierda democrática y de la extrema izquierda, entre otros, desde la lógica relacional Amigo-Enemigo.

Esa lectura maniquea y profundamente inconveniente en los campos de la política y la economía, en el contexto de una incipiente cultura democrática, coadyuvó a la restricción de libertades ciudadanas y por supuesto a la violación de los derechos humanos por la vía de crímenes, desapariciones forzadas y torturas de -y a-  quienes desde otras orillas ideológicas interpretaban las dinámicas y el devenir del conflicto armado interno. Y de esas prácticas ilegales participaron agentes del Estado y de la sociedad civil, guiados moral y éticamente por el discurso Amigo-Enemigo.

De allí que resulte urgente para muchos modificar sustancialmente el lenguaje, en aras de proscribir esa moralizante relación que deviene acompañada de una natural y forzada legitimidad del orden establecido.

Eso sí, moderar el lenguaje llevará tiempo pues vendrá un largo proceso político y cultural de desmonte de la doctrina de la Seguridad Nacional de la institucionalidad castrense, pero también de la institucionalidad derivada de las acciones, decisiones y dinámicas de una sociedad que a pesar de reconocer la debilidad del Estado, prefirió ocultar su ilegitimidad, antes de aceptar la viabilidad de establecer ajustes a un régimen político y económico injusto, generador de desigualdades y con evidentes restricciones en términos democráticos.   

Aquellos que insisten en que es un error llamar a Uribe, sus áulicos, a Ordóñez Maldonado y a los miembros del Centro Democrático como “enemigos de la paz”, hay que decirles que en principio tienen razón. Sin duda, resulta inconveniente usar esa nomenclatura para llamar a quienes hoy se oponen al sentido y al contenido de lo acordado hasta el momento en La Habana.

Pero a ese llamado de atención le cabe el siguiente matiz: que cientos de miles de ciudadanos no apoyen el proceso de paz de La Habana, resulta “normal” dentro de un sistema democrático que, con todo y restricciones, debe permitir que ese tipo de manifestaciones se den en la medida en que cultivan el debate y la discusión de un tema sensible y complejo como el de ponerle fin al conflicto armado interno con las Farc. Insistir en “graduar” a esos ciudadanos como “enemigos de la paz”, sin duda, polariza y poco aporta a la reconciliación y a la generación de una sana convivencia, en medio de las diferencias políticas.

Pero resulta distinto cuando dentro de ese reducido número de colombianos está un expresidente como Álvaro Uribe Vélez, quien conserva no solo simpatías en sectores sociales, económicos (ganaderos, latifundistas y empresarios), político y militares, sino un acumulado técnico en el manejo del Estado, que muy seguramente pondrá al servicio de candidatos a gobernaciones, alcaldías e incluso, a la Presidencia de 2018, para torpedear, desde la institucionalidad, la implementación de los acuerdos de La Habana.

Es aquí entonces, en donde tomo distancia de ese llamado a no calificar como “enemigos de la paz” a quienes simplemente, por disímiles razones, no apoyan el fin del conflicto armado con las Farc, en las condiciones en las que se está negociando la terminación de la guerra interna. Uribe no es un simple ciudadano. Tiene poder económico, político y simpatías en sectores legales e ilegales que bien lo hacen ver como un detractor del que hay que cuidarse, porque es tal su animadversión hacia el Gobierno de Santos y hacia la idea misma de que se logre poner fin al conflicto armado, que fácilmente hace el tránsito de detractor y crítico, a enemigo declarado del proceso de paz que se adelanta en Cuba.

Además, Uribe mismo se viene auto presentando como enemigo del Proceso de Paz. Su proclamada Resistencia Civil[5] no solo invita a posteriores desconocimientos de lo acordado en la Mesa de Negociaciones instalada en la isla caribeña, sino que deviene profundamente incoherente en la medida en que durante sus ocho años de gobierno persiguió, “chuzó” y amedrentó a quienes sin declararse en Resistencia Civil, criticaron sus decisiones y acciones de Gobierno y develaron prácticas ignominiosas como los “falsos positivos” y a las interceptaciones ilegales desplegadas desde el DAS, convertida por Uribe en su policía política.

Así entonces, Uribe Vélez no puede verse como un simple detractor o crítico del proceso de paz. Su talante, su carácter y el poder que aún conserva, claramente lo llevan a que sea representado como un claro enemigo de la paz y de la reconciliación entre los colombianos.





3 comentarios:

natural mente dijo...

Todos por SI, no se diga mas, Vamos Masiva mente a Demostrarlo SI !
Los millones de colombianos que estamos convencidos de la urgente necesidad de ponerle fin al conflicto armado interno, por lo menos con las Farc, debemos salir masivamente a votar por el SI, una vez la Corte Constitucional haya revisado la exequibilidad de la norma que da vida al plebliscito refrendatorio. Y en ese doble propósito, debemos salir a votar para acertarle una dura lección democrática y electoral a quienes de manera mezquina quieren que se prolongue la guerra interna.

Creo que podría estar cerca el final político de Uribe, el de su micro empresa electoral y el del propio Ordóñez, si masivamente salimos a votar a favor del Acuerdo Final que se logre en La Habana.

Pablo Zuluaga dijo...

Muy bueno tu artículo, Germán. Como lo anticipas, tenemos que darle sepultura al uribismo en las urnas!!!

Pablo Zuluaga dijo...

Natural Mente, qué bueno y optimista tu comentario