YO DIGO SÍ A LA PAZ

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jueves, 9 de junio de 2016

PERIODISMO Y PROCESOS DE HEROIZACIÓN

Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo


En la guerra y en el deporte hay la búsqueda de un 'superhombre', al tiempo que se oculta la perversidad de la condición humana.
La violencia sexual, en el contexto del conflicto armado interno, es el correlato de una sociedad machista.



La negociación política del conflicto armado interno que se adelanta en La Habana entre el Gobierno y las Farc, genera desde ya un ambiente distinto en el país, a pesar de que se mantiene y por momentos se exacerba la polarización política en torno a la búsqueda de ese anhelo de paz y reconciliación. Eso sí, que el país respire un ambiente distinto en torno a lo que logren acordar las Delegaciones de Paz de Farc y del Gobierno de Santos, no significa que las transformaciones de un deseado e imaginado escenario de posconflicto llegarán de la noche a la mañana. O para los más optimistas, que ya estamos viviendo y disfrutando de dichos cambios contextuales. No. Por el contrario, son muchas las prácticas  y discursos que se deben modificar para avanzar hacia la consolidación de una paz estable y duradera.

No me voy a referir a las urgentes transformaciones que el Estado debe agenciar hacia adentro y hacia afuera, en sus complejas relaciones con la sociedad y el mercado. O a las positivas mutaciones que se deben dar al interior de las Fuerzas Armadas y en actores de la sociedad civil involucrados de manera directa e indirecta en el devenir del conflicto armado, en particular, en el financiamiento de las estructuras paramilitares. No. Una vez más haré referencia al papel que los medios masivos de comunicación deberían de jugar, si de verdad quieren coadyuvar a transformar la sociedad, el Estado y el mercado.

Insisto en que los periodistas y los medios en tanto agentes de socialización, deben modificar sustancialmente sus criterios de noticiabilidad. Vislumbro dos caminos para que ello suceda: el primero, que cambien sus lógicas de producción de noticias y sus políticas editoriales, fruto de una discusión que los haga caer en la cuenta de que esos criterios de noticia solo han servido para estigmatizar a ciertos sectores poblacionales y para ocultar realidades sociales, políticas y económicas de un orden político con rasgos históricos de ilegitimidad. Y el segundo, que al darse un fuerte y sostenido cambio cultural en la sociedad del posacuerdo, esos mismos medios y periodistas se verán obligados a modificar el discurso periodístico-noticioso, por la presión que puedan ejercer esas renovadas audiencias que ojalá demandaran tratamientos periodísticos responsables social y políticamente y fundados en una ética a prueba de intereses corporativos.  

Existe un asunto clave para lograr alterar las formas en las que históricamente viene operando el periodismo en Colombia y las maneras en las que la sociedad consume la información y el entretenimiento que proveen los canales privados RCN y Caracol. Ese asunto tiene que ver con la insistencia de los periodistas en convertir en Héroes a deportistas y militares (hombres).

Cuando el periodismo colombiano echa a andar procesos de heroización[1] de deportistas (en particular, ciclistas y futbolistas hombres) y de combatientes (legales e ilegales, en particular paramilitares), termina consolidando y legitimando prácticas machistas y representaciones sociales en torno a una idea de Macho que tiene dinámicas conexiones con las acciones violentas de combatientes, legales e ilegales, cometidas y perpetradas en el contexto de un degradado conflicto armado interno. Baste con recordar los episodios de violencia sexual contra mujeres, cometidos por todos los actores armados, para darnos cuenta de la enorme inconveniencia de convertir en Héroes[2] a quienes claramente no serían dignos de llamarse así.

Una sociedad conservadora como la colombiana, que de tiempo atrás consume un discurso periodístico-noticioso en clave de heroización, ha sobrevalorado el sentido de lo masculino, al tiempo que insiste en posicionar un mundo que al devenir masculinizado, consolida procesos de subvaloración de lo femenino y de todo lo que no sea digno de informar y de representar bajo la idea de Héroes Masculinos que nos llenan de gloria, amor de Patria y orgullo.

Así entonces, los medios de comunicación y los periodistas deberían de pensar muy bien cada que insisten en llamar Héroes a futbolistas y ciclistas hombres y a los miembros de las Fuerzas Armadas, por cuanto dichos procesos de heroización continúan fundados en viejos y anacrónicos esquemas mentales que señalan que lo femenino es sinónimo de debilidad y que la condición de civil, para el caso de los militares, equivale a ser flojo, indigno o incapaz.

Un país que ha sufrido un largo y degradado conflicto armado y soportado además la divulgación y entronización de los discursos auto contemplativos de Militares, Paramilitares y Guerrilleros, debería de darse la oportunidad de proscribir, así sea por un tiempo, el vocablo Héroes. Debería de bastar con saber y reconocer que los actores armados se auto proclaman como Héroes y dejar que sean ellos los que se auto proclamen como tal, y estar prestos, los periodistas y la sociedad, a develar sus errores y crímenes para “desmitificar” a esa figura. Recordemos algunas consignas para exaltar las acciones militares de unos y otros: Héroes de la Patria[3], Héroes de Granada[4], para el caso de los paramilitares y los Héroes del Bloque Martín Caballero de las Farc[5].

En esa línea, todo ciudadano que haga parte de las audiencias que consumen la oferta cultural (informativa y de entretenimiento) de los canales privados RCN y Caracol, debería de examinar muy bien los procesos de heroización que activan los periodistas deportivos y judiciales, cuando suelen cubrir hechos deportivos y/o acciones militares.

Y no se trata de pasarnos al otro lado, para convertir en Héroes a campesinos que sufren la política económica del Gobierno, o miembros de Cuerpos de Bomberos que salvan la vida de un canino o de ciudadanos del común que con arrojo defienden la vida de otros. No. Bastaría con que todos compartiéramos los mismos principios de solidaridad, consideración y respeto por el Otro, para construir una mejor sociedad sin que medie la participación de Héroes que con el tiempo, poco a poco se van desvaneciendo porque pueden estar hechos de arena o de fango[6]. O porque simplemente, son seres humanos que de manera caprichosa un periodista lo elevó al estatus de Héroe.

Nota: artículo publicado en el Semanario Caja de Herramientas, edición 498 de junio de 2016: http://viva.org.co/cajavirtual/svc0498/articulo06.html




Imagen tomada de Ejército.mil.co


[1] La heroización de mujeres deportistas no se equipara con la de hombres que compiten en iguales disciplinas como ciclismo, atletismo y fútbol, entre otros.

[2] La categoría Héroes deviene universal en tanto que ella arropa a todos aquellos miembros señalados y calificados como tales. De allí que su uso cotidiano y desprevenido termina por ocultar los errores y los crímenes cometidos por miembros de esos grupos de combatientes o de deportistas calificados como Héroes.

[3] Recuérdese la frase de una efectiva campaña, en Colombia los Héroes si existen.

2 comentarios:

Vultriaisk dijo...

Excelente

Nidia dijo...

Excelente exposición y a propósito de ello, mi comentario a continuación, aunque de sobre sé que muchos e incluso muchas me rotularán de loca o en el mejor de los casos antifutbolera: en el marco del campeonato Copa América Centenario lo unico que los medios de comunicación transmiten con gran intensidad es lo que ocurre en las canchas fútbol donde los "héroes piernudos" juegan; pero lejos están de intentar siquiera de sensibilizar a los colombianos, de manera real y objetiva, sobre las causas e implicaciones de los bloqueos de las carreteras del Cauca y las marchas de los payaneses pidiendo a gritos que cesen esos bloqueos..."El pueblo contra el pueblo" pero ¿SOLIDARIDAD? ninguna y con nadie.