YO DIGO SÍ A LA PAZ

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viernes, 3 de abril de 2009

APROXIMACIONES Y OBSTÁCULOS PARA LA CONSTRUCCIÓN DE UN NICHO BIOPOLÍTICO

Por
Germán Ayala Osorio


¿Cómo podríamos recuperar los límites de la técnica?; ¿Cómo ha sido habitado el mundo; ¿es posible volver a habitarlo de otra manera?; y ¿es posible el regreso al origen?, son preguntas que generan la concepción de este ensayo. La reflexión girará alrededor de dos dimensiones: la cultural y la ambiental[1], sin que ello limite el abordaje de otras dimensiones interdependientes que en su momento aparecerán para aportar a la discusión, como por ejemplo, la política.

Existe una circunstancia que justificaría el abordaje de dichos asuntos: En la dimensión ambiental se advierten crisis estructurales y coyunturales que colocan en riesgo la especie humana que sostiene la dimensión cultural – y con ella, lo humano – dado que puede desaparecer por culpa de un desarrollo poco amable con el medio ambiente.

Se pone de presente entonces una dualidad conflictiva: lo ambiental- cultural, que puede expresarse en una situación problemática: la especie humana no tiene nicho ecológico. Este asunto se abordará más adelante.

Lo ambiental no se reduce a las recetas y al discurso moralizante de ambientalistas que ven en el desarrollo[2] y en la transformación del entorno natural como el resultado de una negativa y equívoca concepción de la naturaleza[3]; por el contrario, lo ambiental se entenderá como la capacidad de comprender las relaciones de los propios ecosistemas naturales en donde el orden natural no puede separarse del orden humano. Por su parte, lo cultural se entenderá como las formas de organización socio- económica y una compleja e infinita red de símbolos que cohesionan dichas formas y de otras posibles.

Es decir, todas las manifestaciones o desarrollos que indiquen una necesidad adaptativa del hombre a condiciones que de forma natural le pueden resultar adversas. Augusto Ángel Maya plantea así el asunto: “El problema ambiental consiste en que los equilibrios culturales tampoco pueden traspasar ciertas barreras. La cultura tiene también límites de resiliencia, que aunque no coincidan exactamente con los límites ecosistémicos, no por ello dejan de existir. La transformación tecnológica de los ecosistemas tiene que crear nuevos equilibrios en los que sea posible la continuidad de la vida… Comprender las especificidades de la cultura es tan importante para descifrar el enigma ambiental, como entender las leyes que rigen el ecosistema.” [4]

He ahí entonces el asunto clave: hacer posible la continuidad de la vida. Sin duda, en las circunstancias actuales podemos decir que la vida humana y la del planeta son viables en tanto nuestra intervención sea (in) controlable.[5] Es posible, necesario y urgente entonces revisar los entramados socioculturales y a través de ellos construir una concepción de hombre- mujer que explique lo humano.

Quizás el hombre actual (desde la perspectiva occidental) no haya logrado explicar lo humano porque el desarrollo cultural[6] ha dispersado las preguntas fundamentales – y la búsqueda de respuestas – en múltiples relatos que teniendo relación con lo humano, se quedan en asuntos coyunturales o en externalidades que explican muy bien el carácter conflictivo y contingente de la vida humana, pero que no alcanzan a explicar asuntos trascendentales.

Si la biología no es – y no ha sido - capaz de explicar qué es la vida, lo que ha señalado o posibilitado la cultura son caminos explicativos, comprensivos y conflictivos de múltiples formas humanas de habitar el mundo, sin que ello asegure que el hombre[7] comprenda su naturaleza, su origen, su destino e incluso, una razón de estar en el mundo que le permita explicar y comprender qué es la vida, más allá de un asunto disciplinar.[8]

Así, la condición humana viene siendo el correlato que sostiene el alejamiento de la naturaleza; o en palabras de Hannah Arendt, “el artificio humano del mundo separa la existencia humana de toda circunstancia meramente animal, pero la propia vida queda al margen de este mundo artificial y, a través de ella, el hombre se emparenta con los restantes organismos vivos.”[9]
Escapar de la condición humana se entiende como una actividad o decisión cultural en la medida en que el hombre se hace históricamente invencible y supera, con la generación de símbolos, ante, y a quienes, le acompañan en la Tierra: los animales. Incluso, ese escapar de la condición humana a través o a partir de la cultura ha convertido al hombre en un extraño frente a sus semejantes. Se invisibiliza ante los demás (y a los demás), e invisibiliza asuntos problemáticos propios de su condición. Esa intención manifiesta resulta, por lo tanto, de un desarrollo técnico y científico que desborda lo humano y lo desconecta de su obligatoria comprensión y de su ubicación en lo más profundo del desarrollo del lenguaje. Se requiere que el ser humano alcance desarrollos en otros campos o dimensiones, por ejemplo, en el campo discursivo, en la comprensión del otro(s) e incluso, en la re localización de la política como el mejor camino para solucionar los conflictos y hallar un nicho biopolítico[10] que sostenga su trasegar por el mundo.

Hardt y Negri sostienen que el biopoder “es una forma de poder que regula vida social desde su interior, siguiéndola, interpretándola, absorbiéndola y rearticulándola. El poder sólo puede alcanzar un dominio efectivo sobre toda la vida de la población cuando llega a constituir una función vital, integral, que cada individuo apoya y reactiva voluntariamente. La vida ha llegado a ser un objeto de poder. La función más elevada de este poder es cercar la vida por los cuatro costados y su tarea primaria es administrar la vida. El biopoder se refiere pues a una situación en la que está directamente en juego la producción y la reproducción de la vida misma.” [11]

Pero dichos desarrollos, en lo discursivo, en lo identitario y en lo biopolítico deben ir acompañados de una profunda reflexión acerca de qué es la vida. Nada más inconveniente para los asuntos humanos que alcanzar desarrollos técnicos, científicos y tecnológicos alejados de dicha pregunta. Externalidades como el dinero, el trabajo, las relaciones de producción alejan la discusión cotidiana de lo humano, dejándolo como un asunto sólo posible de ser abordado por filósofos y agentes que de manera individual deciden buscar respuestas en torno a éste. El trabajo está, entonces, en ampliar la discusión acerca de lo humano (incluye, por supuesto, lo ambiental y lo cultural) a todas la esferas poblacionales para que desde allí, el Estado, la sociedad civil o ciertas organizaciones recojan elementos que nos ayuden a comprender de una mejor manera cómo lo humano es entendido por extensos grupos humanos.

Si la tecné amplía la naturaleza, y hace parte del hacer humano, su desbordamiento corre de forma paralela al desarrollo de la cultura que la justifica, la hace viable y posible, la entroniza y la hace imprescindible. Una técnica desbordada y sin límites aleja al hombre de lo humano y lo ubica en una desazón que casi de forma original lo acompaña desde su llegada al mundo. Aquí el asunto del discurso juega un papel trascendental en la medida en que con él se legitiman y entronizan las lógicas de una técnica que no sólo perdió su esencia, sino que parece incontrolable. Por ello, insisto, es clave que el discurso político retome su lugar en la sociedad humana y coadyuve a la generación de ese nicho que tanta falta le hizo y le hace a lo humano.

No se trata de esquilmar a quienes creen ciegamente en el desarrollo técnico y en las comodidades que nos ofrece la tecnología, de lo que se trata es de volver su discusión un asunto político –humano- en extenso, esto es, ampliar la discusión a esferas cotidianas que tienen mucho que decir. Eso sí, hay que reflexionar alrededor de quienes señalan que “la totalidad de la naturaleza y, por tanto, el proceso evolutivo depende cada vez más del insumo tecnológico. Desde el momento en que aparece o se consolida la cultura, la naturaleza ha venido siendo sometida a una constante transformación. No es, por tanto, un fenómeno atribuible solamente al desarrollo moderno. Puede decirse incluso que las transformaciones tecnológicas del neolítico, con la invención de la agricultura y la domesticación de los animales, significó, al menos en algunos aspectos, un cambio ambiental más profundo que los incluidos por el desarrollo moderno. La segunda gran revolución neolítica apenas empieza con la biotecnología, por medio de la cual el hombre penetra hasta la misma raíz genética de los sistemas vivos.” [12]

Señalo que la cultura, la técnica y el desarrollo tecnológico resultan artificiosos por cuanto lo humano, sus asuntos, se desvanecen cuando intervienen discursos que justifican actividades y decisiones que, alejadas de profundos asuntos humanos,[13] hacen que la vida del hombre, especialmente en sociedades contemporáneas escindidas, pierda sentido y se vaya vaciando de sentido progresivamente. Está claro que el desarrollo técnico y tecnológico asegurará un mundo diferente en el que debemos aprender a vivir o re aprender lo que hasta ahora hemos logrado, pero debemos depositar en la política, en el biopoder, las esperanzas de un mundo mejor.

Todo lo construido hasta ahora, simbólica y físicamente, puede resultar atractivo – y de hecho lo es-, pero se escenifica en una condición problemática que se había esbozado líneas atrás: la especie humana no tiene nicho ecológico. Augusto Ángel Maya explica esta condición así: “Ello significa que la adaptación humana no se realiza a través de transformaciones orgánicas, sino a través de una plataforma instrumental compleja y creciente que llamamos <>. Esta plataforma de adaptación no incluye solamente las herramientas físicas de trabajo, sino también las formas de organización socio- económica y esa compleja red de símbolos que cohesiona los sistemas sociales. Así, pues, también las formas de organización social y de articulación simbólica son estrategias adaptativas de la especie humana.” [14]

Sin ese nicho ecológico, producto de transformaciones orgánicas y de relaciones naturales entre presa- predador, el hombre no puede lograr ser moderado. Sus miedos y el no saber de dónde viene y del por qué cayó en el mundo (la poesía y la filosofía se han acercado, pero no alcanzan a concebir un nicho), le otorgan al ser humano la posibilidad de construir un entorno contingente, anómico, aunque perfectamente racional, especialmente cuando la política interviene y da luces para reversar lo que haya que reversar.

Quizás por ello, el orientar la ciencia y la tecnología para dominar la naturaleza sea la máxima expresión de una neurosis natural u original resultante de no saber qué se es, es decir, de no tener un nicho en donde encontrar de manera primigenia un actuar que no pueda interpretarse como un asunto externo a su condición.

La cuestión puede ser aún más sencilla: comprendernos en tanto nuestras debilidades y no a partir de la exposición de una condición (imagen) sobre humana que no sólo ubica al hombre en la cumbre de la cadena trófica, sino al tope de las decisiones sobre el futuro del planeta. El actuar a partir de ese vacío (el no tener nicho) le ha permitido al hombre disponer de un poder casi absoluto cuya máxima arma se encuentra en su propio desarrollo cultural y en la biopolítica.

Ángel Maya lo dice claro: “El problema ambiental es eminentemente político, entendiendo por esa ambigua expresión, la capacidad de orientar el rumbo de la cultura.” [15] El lenguaje amplía el mundo, sin duda, pero también tiene límites y por ende limita las explicaciones y las respuestas que el hombre viene buscando de tiempo atrás. Es allí en donde se debe concentrar el hombre contemporáneo, pero especialmente en el lenguaje de la política.


¿Es posible pensar un nicho en las actuales condiciones?

Pero digamos que esta discusión ambiental y cultural se ubica en un complejo entorno o quizás aún en un tránsito problemático del estadio de la modernidad al de la postmodernidad, que viene acompañado por el fantasma de no tener la especie humana un nicho ecológico.

La pregunta que da vida a este intertítulo puede tener una respuesta inmediata que de alguna manera ya se expresó líneas atrás. Lo cierto es que la construcción de un nicho biopolítico o eco político requerirá de una compleja acción discursiva que demandará el esfuerzo de la Escuela (recuperarla como institución), de la Familia, pero especialmente, se requiere recoger los aprendizajes y las cosmovisiones de ancestros y pueblos indígenas y afrocolombianos. Ello no implica abandonar lo logrado y regresar con la cola prensil a los árboles. No. Pero si se pide a gritos un alto para repensar, con urgencia, lo humano.

En adelante se expondrán las circunstancias y condiciones que junto a la inexistencia del nicho ecológico – y el que está por construirse – han ayudado a la formación de un entorno humano complejo.

Con la postmodernidad lo que se legitima es la acción definitiva y exacerbada del capital,[16] con toda la capacidad de desencantar la vida. La postmodernidad es la explosión de relatos y metarrelatos capaces de garantizar disímiles modos de actuar, de vivir la vida, de explicarse[17] el mundo, de problematizarlo y hasta de aprehenderlo, abandonando la idea de la emancipación de la que habla Lyotard.

Señalar que el mundo es hoy más complejo que el de hace unas décadas puede entenderse como una expresión más, que poco aporta a la comprensión de los fenómenos ambientales, sociales, económicos, culturales, ambientales y políticos que a diario afectan el devenir de la humanidad a lo largo y ancho del planeta. Es probable, entonces, que los intentos por explicar dichos fenómenos queden limitados a simples expresiones, etiquetas o verdades con pretensiones de universalidad, dada la complejidad misma de los fenómenos y de la vida humana.

Parte de la crisis, del desencantamiento del mundo y de la vida y de la incertidumbre que hoy vive el ser humano se debe a que la condición de sujeto político desapareció, se evaporó, aunque en muchos contextos se note y se espere una refundación de éste (biopolítica). Es decir, la actitud comprensiva del mundo, así como una actitud vigilante sobre asuntos públicos comunes a todos (lo ambiental debe asumirse como un asunto público vital) y la construcción de un carácter para moverse entre las esferas privada y pública (no exclusivamente estatal) son factores que sostuvieron a los sujetos políticos y que hoy poco aparecen.

Pero lo que no se puede desconocer, así la misma expresión suene a una verdad de Perogrullo, es que hoy, y gracias al avance de las telecomunicaciones, al fortalecimiento de los medios masivos de comunicación como actores sociales y políticos, y al arrollador afianzamiento de la globalización corporativa, los ciudadanos cuentan con una mayor información sobre asuntos globales, que repercute en las maneras como ellos mismos comprenden y se representan las cuestiones locales, regionales y globales. Quizás ahí aparezcan ‘verdades múltiples’ que relativizan y ponen en crisis la Verdad de la Modernidad.

Es decir, lo que se garantiza con el proceso de globalización económica, mediática, cultural, política, ambiental y social es una mirada simbiótica e hibridada con la que se mira la pequeñez del mundo, mientras se sobrevive, se intenta solucionar y comprender los problemas humanos y la continuidad de lo humano. Puede ser que los grandes relatos hayan muerto, pero de igual manera se ha dado una explosión de discursos, de maneras de relatar, de dar cuenta de asuntos humanos, que hacen complejo entender no sólo lo que pasa, sino lo que puede pasar. Así, la incertidumbre vendría a ser el gran relato de la postmodernidad y los medios masivos de comunicación (y la publicidad), serían, en doble vía, su correlato y sus voceadores.

Se sabe que pasan cosas, que suceden eventos y que se desencadenan crisis de diversa índole y que los conflictos de la vida societal tienen un carácter universal, en tanto propios de la condición humana y porque las condiciones de interdependencia así lo señalan; y también un carácter particular (local) en tanto precisas y puntuales características de los grupos humanos en los cuales dichas crisis se manifiestan.

Hoy, cuando el ciudadano–cliente (ciudadano-mundo) toma forma y se afianza como una subjetividad rectora[18] y ejemplarizante, el mundo y millones de ciudadanos asisten, sin mayores reparos, a la consolidación de una sociedad de control en la que el goce de la vida se administra como un bien de uso y de consumo. Por lo tanto, vivir y gozar de la vida y alcanzar la felicidad individual y la que señala el colectivo son deseos y metas finitas, pasajeras, consumibles y por lo tanto, desechables.

He ahí, entonces, un problema ontológico y deontológico para las actuales sociedades, especialmente cuando es posible indicar que por ese camino, la concepción tradicional de sociedad desaparecerá para darle paso a la diáspora societal,[19] esto es, la dispersión de grupos humanos económicamente señalados e integrados a circuitos de consumo, que definen, por tanto, una relación de exclusión–inclusión. El ciudadano-cliente remplazará al ciudadano socialmente reconocido, capaz de actuar colectivamente y capaz de generar espacios para encontrarse, para reconocerse; y capaz de proponer la discusión pública de asuntos públicos que conciernen a todos o a muchos.

Al desaparecer la sociedad imaginada, asistimos a la fundación de un ciudadano – cliente registrado, codificado, con su propia impronta, es decir, con su propio código de barras conectado a las redes informáticas transnacionales que señalan qué nivel de consumo tiene, qué fiabilidad le puede señalar el sistema financiero y por lo tanto, qué nivel y qué posibilidades tiene ese ciudadano- cliente de integrarse ya no socialmente, sino económicamente.

En tales circunstancias, el desplazamiento que hoy la economía ha hecho de la política, descentrándola y quitándole todo poder,[20] lo hará con lo social y lo viene haciendo con los asuntos ambientales, entendido dicho poder como el punto de enlace, de encuentros y de reconocimiento de lo humano.[21]

Lo anterior será posible porque en la sociedad del control no hay tiempo y cabida para los largos procesos, que propios de la sociedad disciplinaria, aseguraban una vida programada sistemáticamente para quienes estaban articulados a las lógicas fordistas. Hoy se impone la rapidez, lo instantáneo y una memoria colectiva e individual pasajera y relativamente sentimental. Justamente aquí, las miaras ancestrales aportarían lo suyo para recomponer las cargas, esto es, el camino.

El ciudadano- cliente o ciudadano- mundo no reconoce fronteras y límites propios de la concepción moderna del Estado-nación[22]. De ahí que su desterritorialización y descentramiento propicien en él un encantamiento mientras logra mantenerse en los circuitos y en las redes de consumo. Dicha circunstancia le genera un miedo constante que le dice que en cualquier momento puede salir o ser expulsado de dichas redes de reconocimiento económico (una especie de dimensión subsocial y subpolítica), dándole un carácter natural de obsolescencia a su existencia. Las centrales de riesgo definen a diario la muerte económica y social de cientos de ciudadanos reportados en sus bases de datos. Toda una central de inteligencia para salvaguardar los intereses de los capitalistas, exonerados de ser vigilados no sólo por sus propias centrales de información, sino por el Estado, los funcionarios públicos, ministros de Hacienda y Planeación.

Es clara la crisis que afrontan la sociedad y el individuo. Es evidente que asistimos a un empobrecimiento de la experiencia humana por cuenta de un sistema económico que se entronizó en lo más profundo de los imaginarios sociales, colectivos e individuales. El discurso económico logró invertir valores políticos, sociales, ambientales y culturales de profunda incidencia identitaria, que asociados a una idea de nación y de país, generaron cohesión en comunidades humanas y en instituciones nucleares como la familia. Hoy el asunto económico, y asociado a este, el consumo como máxima del ciudadano- cliente, le puso valor económico[23] a la vida en tanto bien de uso y de transacción, y por ese camino, el ser humano sobrevive en la lógica de las bolsas de valores, esto es, unos días sube de precio, meses después pierde valor.

Cornelius Castoriadis señala que “los individuos de la sociedad contemporánea son presa del imaginario que hace época. Se encuentran <>, <>. <> en busca de más dinero para tener más aparatos eléctricos, más televisores, más máquinas de tontería y banalidad. Todo parece indicar que fuera del consumismo massmediático no se sienten otros objetivos. Los viejos lugares de socialización han desaparecido y se ha caído en el vacío, en la obnubilación de la ofensiva neoliberal que ha llevado a una preocupante <> en la esfera política, y a una descomposición de los mecanismos de dirección de la sociedad, especie de lobby donde todo se compra y se vende, donde los intelectuales han sido relevados por los tecnócratas, los mercadotecnistas, los lectores de encuestas de opinión y los presentadores de televisión.”[24]

Necesitamos recomponer el camino que la técnica, la ciencia y la tecnología están caminando y por el que nos llevan. Regresar a la política, como el arte de solucionar los problemas humanos, es parte de la reconversión que reclama el mundo.



BIBLIOGRAFÍA CITADA


ARENDT, Hannah. La condición humana. Argentina: Paidós Estado y Sociedad, 2003.

BAUMAN, Zygmunt. En busca de la política. México: Fondo de Cultura Económica, 2002.

CONSTRUYENDO FUTURO, TRATADOS ALTERNATIVOS. Bogotá: Ecofondo, febrero de 1994.

CASTORIADIS, Cornelius. Ontología de la creación. Bogotá: Colección Pensamiento crítico contemporáneo. Ensayo y error, 1997.

HARDT, Michael y NEGRI, Antonio. Imperio. Argentina: Paidós, 2002.

RAMONET, Ignacio. Cómo nos venden la moto. Bogotá: FICA, 2002.
MAYA, Augusto Ángel. La diosa Némesis, desarrollo sostenible o cambio cultural. Cali: CUAO, 2003.
[1] Esta dualidad no deja por fuera otras dimensiones que de forma clara intervienen en dicha relación. Por ejemplo la dimensión política. Y con ella actores como la sociedad civil y los ciudadanos del mundo. La política es y será un factor clave para encontrar salidas a los problemas planteados en dicha dicotomía. Más adelante se abordará el asunto de la política para los efectos de este ensayo.

[2] Entendido como el progresivo avance científico en intención de dominar la Naturaleza. La Declaración de los Pueblos de la Tierra (Foro Mundial 1992) puede constituirse en un ejemplo del discurso ambientalista que pone de presente el conflicto entre los asuntos cultural – ambiental: “La urgencia de este compromiso se ha visto acentuada con la decisión de los líderes políticos mundiales en las deliberaciones oficiales de la Cumbre de la Tierra de desconocer muchas de las más importantes causas de la creciente devastación ecológica y social de nuestro planeta. Mientras ellos han circunscrito al perfeccionamiento de un sistema económico que atienda los intereses a corto plazo de unos pocos en detrimento de la mayoría, la iniciativa en pro de cambios más fundamentales ha recaído – ante la imposibilidad de otras opciones – en organizaciones y movimientos de la sociedad civil. Nosotros asumimos este reto (Foro Internacional de Organizaciones No Gubernamentales.- ONG).” (Tomado de Construyendo futuro, tratados alternativos. Bogotá: Ecofondo, febrero de 1994.).

[3] Espacio armónico, eficiente y propicio para la vida humana, según la mirada tradicional y si se quiere romántica de quienes han aportado al discurso ambientalista. Nota del autor

[4] MAYA, Ángel Augusto. La diosa Némesis, Desarrollo o Cambio cultural. Cali: CUAO, 2003. p.13.

[5] Ante la evidente posibilidad de una descarga nuclear con solo obturar un botón, el riesgo de desaparecer se ha tornado posible y por lo tanto angustiante. Nota del autor.

[6] La publicidad, y en general el poder de penetración de los medios masivos y la propia industria cultural, distraen al ser humano de los asuntos verdaderamente trascendentales. La distracción se apoya en que los asuntos humanos, es decir, su reflexión, es tarea de unos pocos capaces de proponer modelos explicativos, dejando por fuera aportes que desde la cotidianidad se pueden hacer. Nota del autor.

[7] Se habla de Hombre como categoría moderna, pero es claro que la mujer está contenida en los asuntos humanos, por cuanto no puede entenderse como una exclusión. Nota del autor.

[8] No se aboga aquí por una condición o una respuesta en sentido teleológico, pero el determinar límites de lo humano en escogidas disciplinas ya es un obstáculo. Nota del autor.

[9] ARENDT, Hannah. La condición humana. p. 14.

[10] El biopoder, es decir, las circunstancias políticas que aseguren la vida por encima de cualquier obstáculo o fenómenos naturales e incluso, por encima de los propios paradigmas científicos.

[11] HARDT, Michael y NEGRI, Antonio. Imperio. Argentina, Paidós, 2002. p. 36.
[12] Op cit. MAYA, Ángel Augusto. P. 13- 14.

[13] Los asuntos humanos van desde los que preocupan y ocupan a la filosofía, como los que van apareciendo en las sociedades contemporáneas: Calidad de vida, la dualidad exclusión – inclusión; la comprensión y el respeto por el Otro y por los otros.

[14] Op cit. Ángel Maya, p. 12.
[15] Ibid. Ángel Maya, p. 17.

[16] “El capital ha logrado escapar del marco ético-legal cada vez más restrictivo, prominente y enojoso que el Estado-nación le imponía, para refugiarse en una nueva <>, en la que pocas reglas limitan, restringen o dificultan la libertad de la iniciativa económica, si es que alguna efectivamente lo hace. El nuevo espacio en el que se mueven los nuevos negocios (globales) es, para los parámetros de los dos últimos siglos, completa y verdaderamente extraterritorial. A los fines prácticos, se ha convertido en una especie de <> desde el cual es posible planear ataques y golpes relámpago que ningún poder de base territorial puede resistir. Ese espacio global está más allá del alcance de todas las instituciones que velan por las normas de decencia y responsabilidad ética existentes.” (Bauman, Zygmunt. La sociedad sitiada. Argentina: Fondo de Cultura Económica, 2004. p. 103).

[17] No desde las complejas relaciones, sino desde la fragilidad de los discursos, evitando llegar a profundo asuntos humanos. Ello gracias a que distractores (publicidad o al propio desencantamiento del mundo) impiden que lo humano haga parte de la cotidianidad en tanto asunto problemático.
[18] Que conduce y da sentido a las otras subjetividades del individuo.

[19] Se espera también una diáspora ambiental y cultural por efectos de una técnica desbordada. Nota del autor.

[20] “Manuel Castells sugiere que, mientras el capital fluye libremente, la política sigue siendo irremediablemente local. La velocidad del movimiento hace del poder real algo extraterritorial. Se podría decir que, al ser las instituciones políticas existentes cada vez más incapaces de regular la velocidad del movimiento de capitales, el poder está cada vez más alejado de la política.” (BAUMAN, Zygmunt. En busca de la política. México: Fondo de Cultura Económica, 2002. p. 27- 28).

[21] Lo humano como posibilidad de encuentro y respeto de las diferencias que existen entre los seres llamados humanos. Lo humano como carácter del animal humano en tanto responsabilidad frente a la universalidad de derechos, el respeto a la vida. Lo humano como posibilidad de comprender la lógica de la Naturaleza. Lo humano como lo razonable que construye mundos en donde la vida es posible.

[22] Aunque las controles migratorios se hacen más fuertes entre los países, especialmente los que imponen las naciones del Centro frente a los ciudadanos de los países de la Periferia, el ciudadano- cliente – mundo se podrá insertar en los circuitos virtuales de consumo transnacionales y obtener, por ese camino, un reconocimiento por la vía del consumo de servicios y bienes señalados como indispensables para vivir.

[23] En lo ambiental, recursos como ríos, parques y zonas biodiversas pueden valorarse económicamente. Dicha tarea la realiza el Comité Interinstitucional de Cuentas Ambientales (CICA).

[24] CASTORIADIS, Cornelius. Ontología de la creación. Bogotá: Colección Pensamiento crítico contemporáneo. Ensayo y error, 1997. p. 53- 54.

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