viernes, 22 de octubre de 2010

Un ensayo sobre el Ensayo

Por Germán Ayala Osorio।

Esta reflexión alrededor del ensayo no es un recetario, ni constituye un ejercicio acabado en el cual se entrega una definición exacta del Ensayo। Intentaré dejar dudas, más que certezas.

Escribir es desnudarse. Escribir será, siempre, una tarea gratificante, tentadora, retadora, pero riesgosa. Escribir tiene tal dimensión, que es como caminar desnudo[1], desprevenidamente, por una alameda pintada con un rabioso verde esmeralda.

Al hacerlo así, se corre el riesgo de que las miradas escrutadoras de mis congéneres se sumen a la cómplice, pero silenciosa mirada de árboles, aves y cuanta vida esté asociada a dicho paraje. Y es que desnudarnos no es fácil, debido, seguramente, a que acumulamos pudores, miedos y penas, muchas y muchos en camino de pensarse como terribles ‘pecados’ difíciles de sobrellevar.

A veces no alcanzan la pureza y la belleza de oscuras y frías alamedas e incluso, ni el eterno reflejo que nos ofrece un inocente cuerpo de agua para salvarnos del ‘pecado’, esto es, de la ‘vergüenza’ que podamos sentir cuando escribimos y sabemos que nuestras ideas, nuestros textos, son leídos y a veces, para mayor infortunio, releídos.

Pero también creo que es necesario superar lo que al parecer es una vergoña natural cuando nos decidimos a escribir, a ensayar, esto es, a caminar desnudos por los difíciles campos del saber.

Así entonces, escribir, como vivir, es una hermosa experiencia que exige una especial actitud y sobre todo, una constante búsqueda que va desde intentar hallar el sentido de la existencia (incluso el sinsentido o el absurdo del que habla Albert Camus), hasta la siempre esperada respuesta de quienes hemos elegido como nuestros lectores.

Pues bien, esta reflexión o ponencia (¿debe ser un ensayo?) significa que caminaré, sin ningún velo, sobre mis ‘partes pudendas’. De allí que convoque a que su lectura sea fresca, crítica, intensa, sin olvidar que hay en el fondo una búsqueda y a la vez un disfrute de la vida y por supuesto, del goce de andar desnudo.

De esa manera, los estudiantes de periodismo harán posible esa alameda por donde circularé, hecho texto, como un elemento más del decorado que nos ofrece la Academia como espacio de encuentro.

Del mismo modo como pido que este texto sea entendido como una extensión de mi ser, con todo y desnudez, también solicito que se mire como un ensayo, es decir, un eterno probar y volver sobre un asunto, esto es, un insistir siempre en aras de buscar la lejana perfección. Entremos, pues, en materia.

¿Será posible definir qué es un Ensayo?

Precisamente el asunto que me convoca tiene que ver con el Ensayo[2], ese género que muchos creen que existe y del que se reconocen unas características específicas y hasta unas condiciones que, no de cumplirse, pueden dejar a cualquier texto que tenga la pretensión de ser llamado Ensayo, en el más extraño ‘limbo’, pues se podría entrar en el dilema de si es o no un Ensayo. Entonces, se desprende de allí una compleja dimensión alrededor de lo que entendemos por Ensayo.

En esa medida, es clave aludir a algunos autores y hechos que se presentan como antecedentes de lo que hoy consideramos como Ensayo, especialmente en lo que tiene que ver con las formas discursivas y la narrativa ‘natural’ de este género.

Dicen que cuando Montaigne[3] escribía, derivaba, al parecer, en estado de alerta. Esto es, “descubrir los mundos paralelos, trabajar como ser completo con el lenguaje y el silencio, vivir verdaderamente una vida que sea aventura.” [4]

También aseguran que sus Ensayos constituyen verdaderos ‘ensayos’ en el sentido en que cuando Montaigne escribía, efectivamente estaba ensayando, es decir, probaba, intentaba, procuraba y buscaba caminos y modos de hacer, pensar y decir.

Pero quizás el hacerse preguntas hubiese sido lo más importante para Montaigne. Recordemos algunas de sus ideas, que pueden resultar contradictorias con lo que se plantea más adelante sobre las características del Ensayo, pero que no deberían entenderse así, dadas las características que para esta reflexión señalo.

Nos dice Montaigne que “No hay fin para nuestras preguntas; nuestro objetivo está en el otro mundo. Es señal de disminución o cansancio de nuestra mente el que se contente. Ninguna mente generosa se detiene en sí misma: pretende siempre más y va más allá de sus fuerzas; tiene impulsos más allá de sus actos, si no avanza, ni se empuja, ni se arrincona, ni se contradice, es que sólo está viva a medias; sus persecuciones no tienen ni término ni forma; su alimento es el asombro, la caza, la ambigüedad... Hay más quehacer en interpretar las interpretaciones que en interpretar las cosas, y más libros sobre los libros que sobre otro tema: no hacemos sino glosarnos unos a otros. Es un hormiguero de comentarios; de autores, hay gran escasez.” [5]

Revisemos en detalle las ideas que he subrayado. Preguntar y hacerse preguntas debe asumirse como una actitud de vida. No es posible vivir sin cuestionarse, sin cuestionar. La vida, entonces, es una eterna búsqueda de respuestas, siempre y cuando haya preguntas por resolver.

También nos dice Montaigne que jamás podremos sentirnos satisfechos con lo realizado, con lo pensado o con lo que hemos escrito. La ignorancia es eterna y siempre habrá algo por aprender, por descubrir, de allí la importancia de derivar en estado de alerta y de vivir, de tener experiencias.

Y en la última idea subrayada el autor francés eleva una crítica a la construcción literaria en el sentido en que su creación pareciera ser un eterno reciclaje de ideas ya formuladas y que han sido reinterpretadas. De allí su ‘molestia’ con la glosa.

Pero digamos que glosar a otros autores resulta casi una condición natural del Ensayo, esto es, citar o hacer referencia a otros es ‘necesario’ y hasta obligatorio para algunos en aras de validar nuestras posturas, ideas e hipótesis. De igual manera nos debemos basar en hechos, en pruebas factuales, empíricas. Sobre este asunto volveré más adelante.

Al final, Michel de Montaigne nos dice que todo está en la experiencia, en la curiosidad. En sus palabras, “con mi propia experiencia tendría bastante para hacerme sabio, si fuera buen estudiante.”

Y agrega que “... la advertencia de que cada cual se conozca, ha de ser de gran trascendencia, puesto que aquel dios de ciencia y de clarividencia lo hizo poner en el frontal de su templo... las dificultades y la oscuridad de cada ciencia no se perciben si no se adentra uno en ellas. Pues también es menester cierto grado de inteligencia para poder percatarse de que se ignora, y es menester empujar una puerta para saber que nos está cerrada. De donde nace esta sutileza platónica de que ni aquéllos que saben han de preguntarse, puesto que saben, ni aquéllos que no saben, puesto que para preguntarse es menester saber sobre lo que uno pregunta. Y así, en éstas de conocerse a sí mismo, el que cada cual esté tan resuelto y satisfecho, el que cada cual esté resuelto y satisfecho, el que cada cual crea estar lo bastante enterado, significa que nadie entiende nada de nada... Yo, que no pretendo otra cosa, hallo una profundidad y variación infinita, que mi aprendizaje no tiene más fruto que el demostrarme cuánto me resta por aprender.”[6]

Si aceptamos lo anterior, y sin que haya el más mínimo intento de imitar o parecerme a Montaigne, este texto constituye un ensayo, esto es, un ejercicio y una práctica escritural en intención de aportar a la comprensión de lo que implica escribir un Ensayo, como género o tipo textual. De allí que el título de este documento sea Un ensayo sobre el Ensayo y no otro.

Así entonces, este ensayo es una experiencia con la cual corroboro que ignoro muchas cosas y que por ello debo derivar en estado de alerta. Sugiero que esta misma actitud sea asumida por ustedes y por lectores de este texto y en general por todos los comunicadores sociales.

En esa dirección, comparto con aquellos que aseguran que todo intento por definir el Ensayo está, inexorablemente, obligado a convertirse en un Ensayo. De acuerdo con la definición que da el diccionario de la Real Academia, la palabra hace referencia a “probar a hacer una cosa para ejecutarla después más perfectamente o para no extrañarla.” [7]

Es más, todo ejercicio intelectual que tenga la intención de analizar una problemática, un objeto de estudio o un fenómeno, es, en sí mismo, un ensayo, como práctica y como ejercicio, que muy seguramente terminará expresándose a través de un texto que al cumplir con unas características más o menos consensuadas, puede ser reconocido bajo la etiqueta de Ensayo.

De la misma manera, cuando escuchamos y vemos el vocablo Ensayo casi de inmediato pensamos en un escrito que existe gracias a la ‘complicidad’ del papel que lo sostiene y lo hace posible o a las propias condiciones en las que circula dicho texto, esto es, a través de la red internet, del lenguaje radiofónico e incluso el televisivo, cuando se transmiten, por ejemplo, apartes de la lectura de un texto que puede llevar el nombre de Ensayo.

Es decir, el uso del lenguaje escrito nos llevaría, previo cumplimiento de unas condiciones sobre las cuales dije que había más o menos consenso, a la construcción de Ensayos que pueden ser literarios, académicos, científicos y periodísticos. Es posible también que haya textos que no se puedan – que no se dejen – clasificar.

Lo anterior exige, al Ensayo y al ensayista, que haya una narración y una secuencialidad, un sentido y un ritmo, así como unas formas discursivas claramente definidas.

Quizás entonces sólo sea posible hablar de Ensayos en relación con la producción escrita, con el dominio de la palabra escrita; de allí que sea difícil - y para muchos imposible - pensar en que existan Ensayos concebidos a través del lenguaje audiovisual. Pero es probable que no sea así.

Los documentales pueden constituirse en Ensayos dado que proponen una narración, una secuencialidad, unos argumentos, unas tesis y unas fuentes, y si se quiere, la extensión de lo que llamamos, para la producción escrita, notas de pie de página.

Y puede ser así porque en el lenguaje audiovisual dichas notas de pie de página pueden aparecer como comentarios, ampliaciones, explicaciones y hasta la contextualización a través de la voz en off, el guión literario y las propias intervenciones de las fuentes que aparecen en el documental.

Pero la alusión a la ‘posibilidad’ de concebir Ensayos desde las condiciones que ofrece el lenguaje audiovisual,[8] no descarta de ninguna manera que existan modalidades de producción audiovisual que, desde lo experimental, constituyan ensayos en el sentido que aquí le hemos dado.

Ejemplos claros de actividades que le permiten a los realizadores ensayar, es decir, probar y apelar al elemento experiencial son la animación, los perfomances, el video creación y por supuesto, el video experimental.

Hechas estas precisiones, pasemos ahora a revisar los elementos que permiten pensar en el tipo textual o género Ensayo y sobre los cuales, al parecer, hay consenso, en especial en el ámbito académico. Y lo haremos en el marco de la producción escrita.

Ante todo, el Ensayo constituye una apuesta creativa, pero también la definición y exposición de una postura, de una forma particular de ver, analizar, abordar, criticar, comparar y comprender, entre otros, un fenómeno, un hecho, que puede ser noticioso o no, o partir de una idea alrededor del devenir del hombre y de la sociedad en general.

Así entonces, el ensayista, que deriva en estado de alerta, sabe que su propuesta discursiva es una extensión de su pensamiento, esto es, la expresión de su particular forma de ver la vida. De allí que siempre será criticable el punto - o los puntos de vista- que el escritor ofrece, como un bien, a sus lectores, a sus públicos.

Y si de lo que se trata es de buscar la verdad, al escribir o al leer, debo decir que la verdad [9] no está en el Ensayo propiamente dicho, sino en el constante ensayar de escritores y lectores, esto es, en las actividades y ejercicios que nos permiten pensar, investigar, pesquisar, confrontar, dudar[10], comparar y en general, vivir en un permanente preguntar por todo lo que acontece en nuestro alrededor.

Por ello, entonces, considero posible que el ser humano, en su proceso constante de humanización, sea, en sí mismo, un ensayador, un ensayista, pues propone, monta y desmonta, evalúa, critica y revisa disímiles órdenes sociales que constituyen, para quienes deciden vivir en ellos, formas de vida susceptibles de ser igualadas o mejoradas.

La vida en sociedad, entonces, es un inacabable texto en borrador que todos y cada uno de nosotros nos atrevemos a revisar y a ‘redactar’ de distintas maneras. En esa dirección, vivir en sociedad siempre será un ejercicio de escritura en el que intentamos, procuramos y probamos las mejoras formas y caminos, es decir, elaboramos discursos y apelamos a lenguajes, en aras de humanizarnos. Es, pues, y de ello no cabe duda, un largo e infinito proceso de humanización en el que nos pasamos la vida ensayando, es decir, escribiendo.

En suma, el ensayista es como el ciego de Tiresias[11] que presiente los horrores del mundo en el momento en que activa su inmensa sabiduría. En esa medida, quien escoja el camino de escribir Ensayos, en intención de comprender el mundo humano y el suyo propio, debe saber que dicha elección le exige, y le exigirá, un permanente ejercicio intelectual en el que hacerse preguntas es una de las actividades obligadas tal y como lo planteó Montaigne.

Pero así como deberá preguntarse por las cosas y los hechos del mundo, también deberá dudar de todo, en especial de aquellas cosas que se le presentan como ciertas, esto es, como verdades absolutas.

Se trata, en últimas, de revisar y volver a la ‘duda metódica’, pero también al escepticismo que al parecer asumió Montaigne durante su vida y que lo llevó, de alguna manera, a escribir, es decir, a ensayar apelando al libre fluir de su conciencia. Con tal libertad escribió Montaigne sus ensayos, que poca importancia le dio a la organización textual interna de sus ideas, de allí la libre exploración y la forma discursiva de sus ensayos.

Aunque se reconoce que la apuesta discursiva de Montaigne constituye un precedente del Ensayo, las consideraciones que aquí se proponen alrededor de este género están más cerca de la praxis académica e incluso del ejercicio periodístico en las condiciones que hoy tenemos en el mundo contemporáneo, que de la reflexión acerca de la macroestructura lógico – argumentativa, como un dispositivo para describir su naturaleza.

Así, propongo unas condiciones más o menos aceptadas, que sin llegar a ser camisas de fuerza, pretenden orientar al estudiante en su tarea de elaborar textos que merezcan o alcancen el marbete de Ensayo.

Es posible que la pregunta que dio vida a este acápite haya quedado sin respuesta. Quizás, nuevamente, esté intentando definir lo que es indefinible. Pero más allá, lo importante es que veamos todos en el Ensayo una posibilidad para construirnos en el pensamiento crítico.

¿Qué es entonces un Ensayo?

Al quedar sin respuesta la pregunta ¿Será posible definir qué es un Ensayo?, no me queda otro camino que seguir preguntando. Por ello este acápite cobra vida con otra pregunta que, a pesar de que tiene el mismo trasfondo, el mismo problema y el mismo objeto sobre el cual se interroga, es en sí misma un acercamiento, una posibilidad de lograr el propósito de saber qué es un Ensayo.

En esa línea, se proponen varias opiniones en intención de responder a dicho interrogante. Al respecto Fabio Martínez nos dice que “... el ensayo es quizás el género literario donde mejor podemos expresar nuestro pensamiento y exponer nuestras reflexiones.”[12]

Al estar íntimamente ligado al pulso, ritmo y conciencia de quien escribe, el Ensayo vive en tensión con otras posibilidades escriturales como la poesía y la narrativa que hacen pensar en que este archigénero puede independizarse y hacerse autónomo, desligándose así de sus orígenes.

De allí que haya Ensayos que sobreviven a las profundas y complejas contradicciones del ser humano, en tanto ellos mismos resultan de la experiencia, del humor y de la posibilidad de crear mundos posibles de ese ser que juega a ensayar.

En los cursos de Prensa que antes dictaba y en otras ocasiones y contextos, he dicho que los rasgos característicos de un Ensayo constituyen un corto listado en el que sobresalen: 1. La gran libertad que tiene quien escribe para desplegar sus ideas, buscando siempre que estas no sólo se plasmen con claridad, sino que sean novedosas tanto las ideas mismas, como las formas de comunicarlas. 2. Especial elasticidad temática. 3. Un alto grado de subjetividad, sin que ello signifique especular. 4. Un apropiado nivel de cientificidad, sin que ello implique convertir al ensayista y al Ensayo, en discursos y realidades inabordables e insoportables.

Digámoslo con claridad: el ensayista puede resultar un ser caprichoso que al divagar sobre las ideas que de manera más o menos libre llegan a su mente, termina escribiendo un texto ‘libre’ de exigencias como las referencias bibliográficas, las maneras de abordar los hechos y hasta la propia cohesión del texto. Pero cuidémonos de que así sea, aunque haya antecedentes de autores que poca importancia le dieron a la estructura interna de sus ensayos.

Como dije líneas atrás, propongo una mirada ‘conservadora’ y si se quiere, ‘esquemática’ sobre la forma de concebir y estructurar un Ensayo. En esa línea, un Ensayo se define como un escrito generalmente breve, en el que se expone, analiza y comenta un tema, con profundidad. Es, pues, un género literario que expone, sin agotarla, la opinión de su autor sobre determinado tema.

He aquí otras características reconocidas para el Ensayo y que reproduzco de manera textual:

Un ensayo es una mezcla entre el arte y la ciencia ( es decir, tiene un elemento creativo – literario – y otro lógico – de manejo de ideas ) En esa doble esencia del ensayo (algunos hablarán por eso de un género híbrido) es donde radica su potencia y su dificultad. Por ser un centauro – mitad de una cosa y mitad de otra – el ensayo puede cobijar todas las áreas del conocimiento, todos los temas. Sin embargo sea el motivo que fuere, el ensayo necesita de una “fineza” de escritura que lo haga altamente literario.” [13]

En esa misma dirección se manifiesta Fabio Martínez, quien señala que el ensayo está “dotado de una naturaleza bifronte como los monstruos maravillosos que engendra la imaginación, la cualidad máxima del ensayo reside en su carácter ambiguo que oscila entre la ciencia y el arte.”[14]

Continuemos, ahora, con Vásquez Rodríguez. Sobre el mismo particular nos dice que “un ensayo no es un comentario (la escritura propia de la opinión) sino una reflexión, casi siempre a partir de la reflexión de otros ( esos otros no necesariamente tienen que estar explícitos, aunque, por lo general, se los menciona a pie de página o en las notas o referencias) Por eso el ensayo se mueve más en los juicios y en el poder de los argumentos (no son opiniones gratuitas); en el ensayo se deben sustentar las ideas. Mejor aún, la calidad de un ensayo se mide por la calidad de las ideas, por la manera como las expone, las confronta, las pone en consideración. Si no hay argumentos de peso, si no se han trabajado de antemano, el ensayo cae en el mero parecer, en la mera suposición.”[15]

Hagamos un alto aquí para comentar la cita anterior. Si bien se trata de un ejercicio subjetivo en tanto el Ensayo se construye desde y sobre la opinión de quien escribe, es decir, de quien ensaya, no es aceptable que el texto resultante de ese ejercicio sea un cúmulo de percepciones y de ligeras formas de pensar y decir.

Por el contrario, el ensayista-periodista debe cuidarse de concebir textos en donde sus opiniones, respetables por cierto, no se sostengan en hechos concretos, en pruebas e incluso se apoyen en las ‘opiniones autorizadas’ de ‘expertos[16]’ o estudiosos del tema o fenómeno sobre el cual se escribe. Incluso, se exige al ensayista que argumente, que sustente, bien a través de pruebas concretas, cifras o situaciones ‘reales’. En especial es así cuando hablamos de Ensayos periodísticos.

De lo que se trata, en últimas, es de validar las opiniones del ensayista y la mejor forma de hacerlo es revisar el campo al que pertenece el hecho, fenómeno o los hechos que son materia de discusión. Es decir, buscar otras opiniones, ampliar y nutrir la mirada que el ensayista propone.

De allí que el Ensayo y el ensayista (periodista), por extensión, tengan como propósito fundamental persuadir y convencer a los lectores de que la posición de éste y su manera particular de ver, decir y pensar es válida y por lo tanto aceptable.

Ahora bien, el ensayista sabe que su mirada y el tema que aborda jamás podrán considerarse como agotados. Significa lo anterior que el Ensayo, es decir, su propuesta discursiva, sus tesis y el pensamiento del ensayista que lo hacen posible siempre podrán y serán cuestionados y revisados hasta que se logre una ‘nueva’ mirada y otra forma de pensar sobre los hechos tratados.

Un Ensayo, entonces, desencadena otras formas de pensar y de abordar hechos o fenómenos. Es decir, debe invitar, provocar, incitar y hasta molestar[17] a quien lee atentamente, siempre en aras de que el tema sea retomado más adelante, en otros tiempos.

Y en cuanto a las maneras más o menos consensuadas de presentar un Ensayo, Vásquez Rodríguez nos dice que “un ensayo discurre. Es discurso pleno. Los buenos ensayos se encadenan, se engarzan de manera coherente. No es poniendo una idea tras otra, no es sumando ideas como se compone un buen ensayo. Es tejiéndolas de manera organizada. Jerarquizando las ideas, sopesándolas (recordemos que ensayo viene de “exagium”, que significa, precisamente, pesar, medir, poner en la balanza. Si en un ensayo no hay una lógica de composición, así como en la música, difícilmente los resultados serán aceptables. De allí también la importancia de un plan, de un esbozo, de un mapa guía para la elaboración del ensayo.” [18]

Pistas para elaborar un Ensayo

El ejercicio de escribir exige, además de unas mínimas competencias, una disciplina, unas maneras de hacer, o si se quiere, un ‘método’ y estrategias para producir textos desde la especificad del lenguaje escrito.

En esa medida, hay que reconocer que enfrentarse al papel en blanco no es fácil. Siempre generará miedo, terror o ansiedad y podrá convertirse en una experiencia traumática para quien no logra, después de un tiempo prudencial, plasmar algunas ideas en aquella hoja en blanco que parece esperar impaciente.

Pues bien, aquí se darán algunas recomendaciones, que a manera de pistas, pueden contribuir a bajar la ansiedad, el terror o el miedo a la hora de enfrentar el papel en blanco.

En primera instancia es bueno que la idea, el asunto o el hecho sobre el cual se quiere escribir, desde las condiciones dadas para un Ensayo, esté clara en quien desea producir un texto.

Una vez se tenga claridad sobre el asunto a tratar, es recomendable diseñar un mapa conceptual e incluso un Mapa de Relaciones[19] en los que se plasme la idea central e incluso el concepto a revisar y sobre él, sugerir ‘caminos’ o variables que permitan incluso delimitar el tema, hecho o fenómeno a abordar.

También es importante elaborar una idea central o tesis que guiará el desarrollo del Ensayo. Esta deberá estar acompañada de otras ideas que no sólo la sustenten, sino que la amplíen.

Al tiempo en que se elabora la idea tesis, el ensayista deberá empezar la búsqueda de fuentes documentales e incluso vivas (personajes expertos y no expertos) que den respuesta a las preguntas que se han elaborado alrededor del tema a abordar.

De lo que se trata es de preguntarse cuánto sé del tema, qué dudas tengo, qué me falta para ampliar la mirada, qué se ha escrito y cuáles son los Ensayos y los ensayistas que se han dedicado al tema o a los hechos que ahora me convocan.

Como puede colegirse, escribir no es un asunto menor y menos cuando nos enfrentamos a la tarea, difícil, pero gratificante, de concebir Ensayos. Se trata de un ejercicio en el que si bien debe haber apertura mental y hasta sentimental en relación con el asunto sobre los cuales voy a investigar y a escribir, y es más, cierta libertad para hacerlo, igualmente dicho ejercicio necesita de una previa disciplina y de un background que garantice la mirada histórica y la criticidad que otorga tener esos antecedentes que tanta falta hacen a la hora de pensar y de escribir.

Una vez planteado el Mapa de Relaciones, es decir, una vez he trazado ‘caminos’ que voy a recorrer con mis dudas, preguntas, datos, hechos concretos y claro está, desde mi propio punto de vista, es bueno cuestionarse de forma permanente.

Al respecto Vásquez Rodríguez nos recomienda lo siguiente:

Qué se va a decir en el primer párrafo, qué en el segundo, qué en el último (recordemos que la forma del Ensayo es fundamental; recordemos también que antes del Ensayo hay que elaborar un esbozo, un mapa de composición. Qué tipo de ilación (sin hache) es la que nos proponemos: de consecuencia, de contraste, de relación múltiple. Es muy importante “el gancho” del primer párrafo: cómo vamos a seducir al lector, qué nos interesa tocar en él; igual fuerza debe tener el último párrafo: cómo queremos cerrar, cuál es la última idea o la última frase que nos importa dejar en la memoria de nuestro posible receptor.

Cuál es la idea o ideas base que articulan el texto. En otros términos, cuáles son los argumentos fuertes que se desean exponer o la idea que quiere debatirse o ponerse en cuestionamiento. Esta idea (o estas ideas) tiene que ser suficientemente sustentada en el desarrollo del mismo ensayo.

Con qué fuentes o en qué autores se sustenta nuestro argumento; a partir de qué o quiénes, con qué material de contexto se cuenta; en síntesis, cuáles son nuestros puntos de referencia. Este es lugar apropiado para la bibliografía, - para la citación y las diversas notas -.


Aunque no siempre el último párrafo es una conclusión, sí debe el Ensayo tener un momento de cierre (de síntesis), desde el cual puedan abrirse nuevas ventanas, otras escrituras. El último párrafo es una invitación a un nuevo Ensayo (los Ensayos se alimentan de otros Ensayos: un nuevo Ensayo abre camino a otros aún no escritos.
El Ensayo no debe ser tan corto que parezca una meditación, ni tan largo que se asemeje a un tratado. Hay una zona medianera: entre tres y diez páginas (por decir alguna magnitud. Pero sea cual sea la extensión, en cada Ensayo debe haber una tesis (con sus pros y sus contras), y la síntesis necesaria. No olvidemos que el Ensayo es una pieza de escritura completa. Cuando el Ensayo oscila entre las dos y las tres páginas, sobran los subtítulos. Cuando tiene un número de páginas mayor, puede recurrirse a varios sistemas: uno, subtitulando; otro, separando las partes significativas del Ensayo con numerales (yo llamo a este tipo de ensayo de “cajas chinas”. No debe olvidarse que cada una de las partes del Ensayo precisa estar interrelacionada. Aunque “partamos “el Ensayo (con subtítulos, frases o números), la totalidad del mismo (el conjunto) debe permanecer compacta. Si dividimos un Ensayo, las piezas que salgan de él exigen estar en relación de interdependencia
.” [20]


Voces sobre el Ensayo

En aras de ampliar las miradas que sobre el Ensayo existen, en adelante se reseñan apartes de textos de algunos autores que han intentado caracterizar y hasta clasificar el Ensayo।

En ese camino, Adorno, en el texto El ensayo como forma, señala que el “ensayo es un género literario y de reflexión, por eso híbrido, esquivo a las definiciones। Se reconoce como tal a partir de Essais (1580), textos del pensador francés Michel de Montaigne (1533-1592), cuyo título dio nombre al género. El humanismo renacentista de Montaigne se caracterizó por un acendrado subjetivismo y un moderado escepticismo que, según una perspectiva relativista y existencial, mostraba reservas respecto a las posibilidades humanas de conocimiento lo mismo que hacia la universalidad de los valores. El ensayo es un género eminentemente moderno que surge bajo la demanda de libertad de pensamiento, consecuentemente con el trastorno de los límites geográficos y naturales a raíz de la impactante confrontación europea con la novedad de América.

El mismo Montaigne, por la necesidad de adaptarse “a la hora”, declara su incertidumbre para fijar los límites de su pensamiento y de su experiencia –con la que autoriza su reflexión y se compromete individualmente como autor–, para abordar su objeto u objetos de estudio, tanto como la vacilante modalidad discursiva que inaugura -conscientemente - para tratarlo. Así, apuntan algunas características del género ensayístico: su obligatoria contemporaneidad y fundamental subjetivismo; la diseminación del pensamiento en distintas direcciones, en contraste con el intento de sistematización del pensamiento lógico conceptual riguroso; el carácter de búsqueda y experimentación intelectual y expresiva sin pretensión exhaustiva, más a manera de comentarios, para tratar un tema o temas de particular interés a partir de la personal necesidad de encontrar respuestas, nunca conclusivas, que precisamente por eso apela a la recepción intercomunicativa y al diálogo, en el interior y hacia el exterior del texto, para completarse.
Otra vertiente de lo que es el inicio de la tradición europea del género, menos expresiva y más formal, es la inglesa, que corresponde a los Essays (1597) de Francis Bacon (1561-1626) Desde entonces, con amplios márgenes de conceptualización, comenzó a usarse el término Ensayo para designar genéricamente un tipo de discurso y un discurrir libres, relativamente, de normatividad temática y formal.”[21]
De otra parte, Carlos Alberto Jiménez, escritor e investigador colombiano, señala que “un buen ensayo es como una buena pintura, las frases al igual que los colores, se deben combinar de una forma agradable. La armonía resultante de esta mezcla es el gran secreto de los ensayistas; no basta que las ideas de un ensayo sean armoniosas, deben ser además, como los elementos de un cuadro, vivos y pintorescos, para que puedan mostrar las tesis confrontadas por los argumentos de una forma cautivante.

Un ensayo se escribe para ser leído, pues el lector que se acerca a él, lo hace por la necesidad sicológica de la ilusión, de la esperanza y del descubrimiento que pueda tener. De una forma sencilla lo penetra a profundidad, como un cuchillo cuando parte un trozo de mantequilla, lo hace para poderlo penetrar y apoderarse de él. De esta forma el autor desaparece, dejando sólo su huella. Esto fuera de ser una provocación, permite que el lector transforme y modifique con su mapa cognitivo el texto. A decir de Octavio Paz <[22]

De otro lado, José Luis Gómez – Martínez sostiene que la condición peculiar del “ensayo, que lo hace depender de una armoniosa simbiosis de la idea con la "voluntad de estilo", queda, con harta frecuencia, erróneamente caracterizada con aquellas interpretaciones que sólo lo consideran en uno de sus elementos, o en las que todo parece subordinado a los conceptos que en el ensayo puedan exponerse.

Observemos la siguiente afirmación de Eduardo Nicol[23]: <>. En una primera impresión parece que tal aserto está de acuerdo con lo hasta ahora expuesto en mi estudio. Un examen más detenido nos hará notar, sin embargo, la completa independencia que Nicol establece entre el ensayista o filósofo y el ensayo.

Y esto nos lleva al meollo del asunto: Mientras que en la novela y en el teatro (la poesía en esto se asemeja más al ensayo) quizás es legítimo el establecer tales independencias, que a fin de cuentas quedarán neutralizadas, por ejemplo, por los juicios de buenas o malas novelas, en el ensayo no es posible mantener tal separación. Estamos de acuerdo con Nicol de que para el ensayista el ensayo es una forma de pensar.

Y sin duda lleva razón cuando señala que el filósofo escribe lo ya meditado con anterioridad; lo que no se puede hacer es llamar "ensayo" a lo escrito por éste, ya que se opone a la esencia misma de la ensayística. Veamos: puesto que el material a exponer está ya pensado, la forma de hacerlo estará supeditada al público a quien se destina. Si éste es el de los profesionales de la filosofía, nuestro filósofo se verá forzado a seguir una exposición sistemática y a hacer uso del vocabulario técnico pertinente. El resultado será un tratado filosófico.

Si el público a quien se destina la obra es ajeno al gremio de los filósofos, como lo que se pretende exponer había sido meditado previamente con todo rigor, nuestro filósofo se verá obligado a resumir y a dar rodeos para sustituir aquellos términos incomprensibles para la generalidad de los cultos. Tendrá que, en definitiva, escribir una obra de vulgarización y no un ensayo.
Cuando digo que el ensayo es una forma de pensar, quiero indicar que está escrito al correr de la pluma, como diálogo íntimo del ensayista consigo mismo: "Para responder a las preguntas que insistentemente quebrantan mi reposo he escrito este ensayo personal", nos dice Antonio Pedreira en Insularismo.
Por ello sólo al ensayista le permitimos negarse o contradecirse en aquello que unas líneas antes o en aquel mismo momento acababa de decir. Así, no sólo no ofende sino que crece en nuestro aprecio Santa Teresa cuando de forma espontánea escribe refiriéndose al alma: "De manera, que aún no sé yo si le queda vida para resolgar. Ahora lo estaba pensando y paréceme que no" De este modo, por medio del estilo ensayístico, además de conseguirse el dinamismo y cercanía del diálogo, se gana igualmente en credibilidad. El lector de ensayos, al compenetrarse en la lectura, se siente ser testigo de la labor creadora del autor y, como tal, más capaz de percibir el verdadero contenido de lo escrito, con la vaga sensación de ser también de algún modo obra suya.” [24]
Pistas sobre la estructura del Ensayo
En este punto resulta sencillo decir que el texto que tenga la pretensión de ser un Ensayo debe tener: una Introducción, un Nudo y un Desenlace. Es decir, la estructura IDC[25] dará el ritmo a la narración y sentido a las ideas expuestas.
Pero más allá de ampliar sobre este particular, a continuación relaciono varios ejemplos de textos introductorios que cumplen, en su desarrollo, con las condiciones aquí planteadas para el Ensayo.
Los ejemplos aquí reseñados no pueden ni deben asumirse como recetas obligatorias. Son propuestas discursivas y nada más. Son simples ejemplos.
Interesa que revisen el tono y la forma como presentan se presentan los temas o los hechos a tratar, es decir, las maneras como introducen al lector, como lo ‘llevan de la mano’.
A continuación se presentan los ejemplos con sus títulos, introducciones e intertítulos, tal como aparecen en los ‘originales’.

1. Ensayo crítico sobre paradigmas de la comunicación
“La comunicación es un hecho social que surge a partir de un proceso complejo, actividad a través de la cual los individuos intercambian mensajes, inquietudes, experiencias y sentimientos significativos. Sin duda este fenómeno representa ser una de las actividades fundamentales en el desarrollo y evolución de los seres humanos, de ahí la importancia e interés por comprender cuales son los mecanismos y las circunstancias que posibilitan tal transporte e intercambio de mensajes.
Para la realización de este ensayo me basaré en los principales criterios o paradigmas a través de los cuales se ha intentado abordar este tema, así mismo realizaré a partir de estos planteamientos teóricos un análisis crítico acerca de los principios fundamentales de cada uno de esos paradigmas, este trabajo lo pienso realizar en forma crítica, lo realizo de esta manera por dos razones, en principio por que es el formato que más me gusta y en segundo lugar por que a través del análisis crítico es como intentaré demostrar que en cada uno de estos modelos existe un grado de certeza así como una interrelación inseparable, es decir que cada uno de ellos integraron una forma particular de acercarse a un tema complejo y por naturaleza interdisciplinario, por lo tanto más que continuar confrontando modelos pienso que es necesario conjuntar criterios, (coalición de paradigmas), así es necesario considerar nuevas formas de aproximación al tema que por una parte nos permitan comprender a la comunicación humana justamente al interior de su caos y confluencia de elementos, (en vez de separar y ver al mundo desde un privativo criterio de análisis y conocimiento) así mismo elaborar una óptica que contemple fenómenos y transformaciones que se suscitan en la comunicación contemporánea de carácter internacional.” [26]

2. Globalización y cultura: un nuevo espacio para las identidades sociales


“Abordar el tema de la existencia de un nuevo tipo de cultura en los umbrales de una nueva etapa de la historia, en este año 2000 es un tema urgente e importante. Urgente por las consecuencias que la tecnología ha traído a la vida del hombre, especialmente en los últimos diez años, que han transformado las escalas y las formas de relación entre los individuos y los grupos.

Y es igualmente importante dado que estas nuevas formas de <>, para ponerlo en términos de Simmel, generan cambios en lo social que necesitan ser comprendidos y explicados.

Por esto, en las siguientes páginas pretendo reflexionar sobre la posibilidad de existencia de la cultura global a partir de los cambios y discontinuidades que la tecnología, especialmente la de las comunicaciones electrónicas, ha traído ya a la vida de individuos y grupos alterando realmente formas en las que se pueden establecer relaciones sociales. Para ello revisaré las nuevas dimensiones de espacio y tiempo en las que hay que pensar ahora como analistas sociales, para luego incluir algunos temas que se necesitan repensar en nuevas categorías, por el impacto que estas dimensiones tienen en las identidades sociales.

En el momento actual uno de los términos más utilizados en muchos discursos de diferentes áreas es el de la globalización, con la connotación de que tal proceso económico de interdependencia entre corporaciones que han sobrepasado los límites geográficos de las divisiones político – administrativas de los estados nación para sus interacciones de negocios y comercio, traería consigo la instauración de un nuevo orden cultural, basado en las estructuras de redes de información y comunicación planetarias que esas organizaciones multinacionales necesitan para llevar a cabo sus transacciones.

Efectivamente, las grandes corporaciones transnacionales de comunicación, y en especial las de orden masivo o social, han llegado a cubrir grandes áreas de la tierra con redes de distribución de mensajes que son generados en unos pocos puntos del mundo, las llamadas ‘capitales globales’, entre las que figuran primordialmente las ciudades de Londres, Nueva York y Tokio, y en un segundo nivel Los Angeles, Frankfurt y París.”[27]


3. El sujeto y el poder, por qué estudiar el poder: la cuestión del sujeto

“Las ideas que desearía tratar aquí no son de orden teórico ni metodológico. Quisiera decir primero cuál ha sido el objetivo de mi trabajo durante estos últimos 20 años. No ha sido el de analizar los fenómenos del poder ni tampoco el de sentar las bases para un análisis de esta naturaleza. He buscado más bien producir una historia de los diferentes modos de subjetivización del ser humano en nuestra cultura; me ocupé, siguiendo esta óptica, de los tres modos de objetivización que transforman a los seres humanos en sujetos.

Existen, en primera instancia, los diferentes modos de investigación que buscan adquirir el status de ciencia; pienso por ejemplo en la objetivización del sujeto en lo que respecta a la gramática general, la filología y la lingüística. También, dentro de este primer modo, pienso en la objetivización del sujeto productivo, del sujeto que trabaja, en economía y en el análisis de las riquezas. También, para tomar un tercer ejemplo, pienso en la objetivización del solo hecho de ‘estar vivo’ en disciplinas como la historia natural o la biología.

En la segunda parte de mi trabajo, he estudiado la objetivización del sujeto dentro de lo que llamaré las ‘prácticas divisorias’. El sujeto se encuentra dividido, bien sea en su interior mismo, bien sea dividido por los otros. La repartición entre el loco y el hombre sano de espíritu, el enfermo y el individuo en buena salud, el criminal y el ‘muchacho correcto’ ilustran esta tendencia.

Finalmente, he intentado estudiar - y es este el trabajo que ahora me ocupa – la manera como un ser humano se transforma en sujeto; he orientado mis investigaciones hacia el campo de la sexualidad, verbigracia, la manera como el hombre aprendió a reconocerse como sujeto de una ‘sexualidad’.

No es pues el poder, sino el sujeto lo que constituye el tema general de mis investigaciones. Cierto es que he tenido que interesarme de cerca en la cuestión del poder. Pronto comprendí que, cuando se toma al sujeto humano dentro del marco de relaciones de producción y de relaciones de sentido, se lo toma también dentro del marco de relaciones de poder de una extrema complejidad. Disponemos, gracias a la teoría y a la historia económicas, de instrumentos adecuados para estudiar las relaciones de producción; así mismo, la lingüística y la semiótica suministran instrumentos adecuados para el estudio de las relaciones de sentido. Sin embargo, en lo que concierne a las relaciones de poder, ningún instrumento había sido definido; teníamos acceso a maneras de pensar el poder que se apoyaban, ya sea en modelos jurídicos (¿qué es lo que legitima el poder?), ya sea en modelos institucionales (¿Qué es el Estado?).

Era entonces necesario ampliar las dimensiones de una definición del poder con miras a emplear dicha definición dentro de un estudio sobre la objetivización del sujeto.” [28]



4. Neutralidad y política mundial: una mirada desde las relaciones internacionales

“Introducción


Este texto consta de dos secciones complementarias. La primera analiza el concepto de neutralidad, su alcance y modalidades, señala los factores internos y externos que influyen en su puesta en práctica y concluye con una mención de las diferencias existentes entre neutralidad y otras nociones emparentadas, como neutralismo, neutralización y aislamiento. La segunda sección presenta un análisis bastante exhaustivo de la idea y práctica de la neutralidad en la teoría de las relaciones internacionales.

Este trabajo intenta presentar un ‘estado del arte’ conceptual en torno a la neutralidad; lo cual permite evaluar, por ejemplo, el comportamiento de los neutrales durante la Segunda Guerra y la conducta neutral de algunos países durante la Guerra Fría. Con base en las precisiones teóricas que aquí se hacen es factible indagar casos empíricos concretos. Se trata, en últimas, de facilitar un estudio riguroso sobre la neutralidad en los asuntos contemporáneos.” [29]



5. Política exterior e integración: el ejemplo europeo


“Desde hace varios años los estudios sobre política exterior vienen atravesando momentos difíciles. En la época más álgida de la Guerra Fría parecían existir grandes certezas sobre la naturaleza de la política exterior. Hoy por hoy, muchas de ellas han comenzado a desvanecerse debido a los avances que ha registrado la disciplina que ha introducido elementos más sutiles de análisis, el papel que han desempeñado los medios de comunicación que han trastocado los factores que tradicionalmente se identificaban con la política exterior, la proliferación de variados actores internacionales que le han restado centralidad al Estado en la determinación de las orientaciones de actuación externa y, por último, el compromiso de numerosos países de Europa, Asia y América con las estrategias de integración, que al volverlos más interdependientes han reducido la anterior autonomía y soberanía del Estado en este campo.

En este trabajo exploraremos, a partir del ejemplo europeo, la manera como se interrelaciona la política exterior con la dinámica de la integración y realizaremos un balance de las ganancias y pérdidas que este tipo de experiencia puede traer consigo. Este proceder también deberá aportar luz sobre la manera como se realiza la política exterior de la Unión Europea.” [30]



6. Usos sociales de la televisión en audiencias familiares


“Presentación

El presente texto corresponde, en parte, al horizonte conceptual de una investigación en curso en la que se indaga por los usos sociales que las audiencias familiares hacen de la televisión desde los contextos culturales de hogares ubicados en la localidad de Barrios Unidos de la ciudad de Bogotá.

Específicamente, el trabajo indaga por la articulación de la televisión con los ritmos de la vida cotidiana de las familias expresados en sus actividades hogareñas y, en esta misma perspectiva, se investiga cómo las audiencias familiares re-organizan sus tiempos y sus espacios cotidianos y las relaciones intersubjetivas que aquí se producen. Preguntarse hoy por las audiencias televisivas en las organizaciones familiares significa, de algún modo, interrogar por lo que ocurre en el lugar <> de la televisión, es decir, el hogar. Pero, ¿qué es lo que allí ocurre?

Si algo ha cambiado de modo profundo y acelerado desde la segunda mitad del siglo XX, ha sido la manera de vivir cotidiana de la gente. Las transformaciones ocurridas en este terreno, muchas de ellas lentas e imperceptibles, tienen que ver con la presencia cada vez más hegemónica de los medios de comunicación y de las tecnologías en general. Ellos han provocado una revolución silenciosa, unas transformaciones sociales, entre las que se pueden señalar unas nuevas percepciones espacio – temporales que se expresan en los modos de vivir y de relacionarse los sujetos familiares.

La sala, el comedor, la sala- comedor, la cocina, la alcoba, el estudio, no son sólo eso. Ahora también son espacios conectados e interconectados, desde los cuales se puede acceder<<>> a la información y a la cultura en todos los ámbitos.” [31]

Como podemos observar en los anteriores ejemplos, existen tonos y formas distintas de iniciar un Ensayo. De allí que se requiera del estudiante un especial gusto por la lectura en intención de construir su propio estilo.


Un corto, pero sentido homenaje al maestro Mariátegui

No podría cerrar esta presentación sin hacer referencia a uno de los grandes ensayistas latinoamericanos: José Carlos Mariátegui. Y a propósito del pensamiento de Mariátegui se dice que “... se objetivaba naturalmente, con soltura y elegancia y a la vez lleno de fuerza polémica, en el ensayismo. La prosa de ideas, con su factura breve y concisa y su dinamismo expresivo, constituyeron medio inmejorable de comunicar convicciones y de incitar a la acción racionalmente fundada para un espíritu crítico comprometido como el de Mariátegui. Se comprende que una selección de los más importantes ensayos de Mariátegui puede ser, al mismo tiempo que una muestra de su valor prosista, un recuento de los diversos campos temáticos y disciplinarios que cubrió su interés intelectual.” [32]

La reproducción de uno de los Ensayos (así, con mayúscula) del gran ensayista peruano se sostiene en dos razones fundamentales: la primera, recordarlo, a él y a parte de su producción, y ‘presentarlo’ a los Comunicadores como una obligada lectura; y segundo, porque lo que representó Mariátegui política e ideológicamente para esta América india, negra y mestiza.

Así entonces, reproduzco, con el mayor gusto, apartes claves del Ensayo de José Carlos Mariátegui, intitulado La enseñanza y la economía.

“El problema de la enseñanza no puede ser bien comprendido al no ser considerado como un problema económico y como un problema social. El error de muchos reformadores ha residido en su método abstractamente idealista, en su doctrina exclusivamente pedagógica. Sus proyectos han ignorado el íntimo engranaje que hay entre la economía y la enseñanza y han pretendido modificar ésta sin conocer las leyes de aquélla. Por ende, no han acertado a reformar nada sino en la medida que las leyes económicas y sociales les han consentido.

El debate entre clásicos y modernos en la enseñanza, no ha estado menos regido por el desarrollo capitalista que el debate entre conservadores y liberales en la política. Los programas y los sistemas de educación pública han dependido de los intereses de la economía burguesa. La orientación realista o moderna, por ejemplo, ha sido impuesta, ante todo, por las necesidades del industrialismo. No en balde el industrialismo es el fenómeno peculiar y sustantivo de esta civilización que, dominada por sus consecuencias, reclama de la escuela más técnicos que ideólogos y más ingenieros que retores. Cuando Rabindranath Tagore, mirando con sus ojos orientales la civilización capitalista, descubre que ésta ha hecho del hombre un esclavo de la máquina, no arriba a una conclusión exagerada.


II

Pero estas consecuencias del capitalismo no han provocado generalmente de parte de los intelectuales, un esfuerzo inspirado en un efectivo propósito de restablecer el equilibrio entre lo moral y lo material. Los intelectuales en su mayoría, han hecho el juego de la reacción. No han sabido oponerse al presente sino en el nombre del pasado. Perneados de espíritu conservador y de mentalidad aristocrática han sustentado, directa o indirectamente, las mismas ideas de los herederos o sucesores del régimen feudal. Han suscrito su vieja y simple receta de idealismo: los estudios clásicos.

Y la decadente burguesía europea, sin darse cuenta de que adoptaba una tesis contraria a su función histórica, ha buscado en esta receta un remedio para sus males. Ha maridado la enseñanza clásica con la enseñanza realista. Ha diferenciado la educación de sus políticos y literatos de la educación de sus ingenieros y comerciantes. La política y la literatura, impotentes para gobernar la economía, han resultado así infectadas de retores y humanistas cuya obra ha sido uno de los agentes más activos de la crisis contemporánea, que se caracteriza precisamente por una serie de contradicciones entre la política y la economía.

Jorge Sorel en uno de los capítulos de su libro La ruina del mundo antiguo denunciaba el parasitismo del talento literario como una de las causas más serias de la corrupción de las clases ilustradas. <>

La experiencia moderna de los estudios clásicos no acredita absolutamente la tesis o, mejor dicho, el dogma que les atribuye el privilegio de formar espíritus idealistas y espíritus superiores. El idealismo que engendran es un idealismo reaccionario. Un idealismo contrario o extraño a la dirección de la historia y que, por consiguiente, carece de todo valor como fuerza de renovación y elevación humanas. Los abogados y literatos procedentes de las facultades de Humanidades, han sido casi siempre mucho más inmorales que los técnicos provenientes de las facultades e institutos de Ciencia. Y la actividad práctica y teorética de estos últimos ha seguido el rumbo de la economía y de la civilización, mientras que la actividad práctica, teorética o estética de los primeros lo ha contrastado frecuentemente, al influjo de los más vulgares intereses y sentimientos conservadores. El valor de la ciencia como estimulante de la especulación filosófica no puede, por otra parte, ser desconocido ni desdeñado...”

Si bien las ideas con las que termina Mariátegui el señalado Ensayo pueden resultar hoy discutibles, especialmente porque las condiciones económicas han cambiado en relación con las que existían en el momento en que escribió el citado texto, ello no significa que no aportan, de manera significativa, a la discusión sobre la relación entre enseñanza, modelo económico y por supuesto, con todo lo subyace a los modelos pedagógicos que olvidan esta estrecha relación.

Así termina el texto de Mariátegui: “¿Cómo se plantea esta cuestión en Nuestra América? La gente que en este continente piensa y discurre con menos originalidad sobre los problemas americanos, manifiesta ya cierta frívola inclinación a recomendarnos los principios de la reforma Bérard y de la reforma de Gentile. Forma parte de la incoherente y desorientada deliberación de la sección respectiva del último Congreso Científico Pan- Americano un voto que reclama la extensión o la restauración del latín en la instrucción media. Es de temer, en suma, que los gerentes de la educación pública en Nuestra América, no satisfechos de la experiencia de los métodos heredados de España, que tan eficazmente han entrabado el desarrollo de la economía hispano –americana, consideren necesario injertar un poco de clasicismo marca Bérard o marca Gentile en los caóticos e inorgánicos programas de enseñanza de estos pueblos. El desarrollo de la economía hispanoamericana exige una orientación práctica y realista en la enseñanza. El clasicismo no crearía mejores aptitudes mentales y morales. (Esta idea, en último análisis, resulta una nueva superstición reaccionaria. En cambio, sabotearía la formación de una mayor capacidad industrial y técnica.” [33]




Últimas recomendaciones


Es importante hacer claridad en torno al tema y a los asuntos conexos que éste conlleva. Luego, tener sobre la mesa todos los textos, ideas y comentarios que ayuden a ampliar la mirada que voy a proponer en el discurso que estoy construyendo.

Otro paso importante es sentarse a escribir el primer borrador. Volver a mirarlo, uno y otra vez. Rayarlo dos o tres veces será importante en aras de ‘pulirlo’ y dejarlo listo para entregar, como tarea, o para publicarlo.

En cuanto a la estructura, se sugiere el uso de intertítulos que permitan giros temáticos e incluso, relaciones de conexidad necesarias entre las ideas planteadas.

También es importante preguntarse sobre el carácter del Ensayo, esto es, si es informativo, reflexivo, de análisis e incluso, como el resultado de una ‘confrontación’ teórica o de respuesta a otro autor.

Así mismo, recuérdese que el Ensayo puede ser periodístico, literario o científico. Y esto resulta especialmente clave dado que la especificidad del tema y el ámbito en el que se construye el texto, hacen posible la comunicación con los públicos.

Es decir, un Ensayo periodístico responderá a un tono, a una intencionalidad, a un ritmo y a unos hechos, noticiosos o no, que involucran de manera especial a quien escribe.

Así, la alusión a una diversidad de fuentes aportará a la construcción de ese ámbito periodístico desde el que deberá ‘leerse’ dicho Ensayo. Lo contrario sucede, en cuanto a tono, ritmo y léxico, los Ensayos que tienen la pretensión de ser literarios o científicos.


BIBLIOGRAFÍA


CAMUS, Albert. Obras completas. Tomo II, Ensayos. México: Aguilar, 3ra edición, 1968.

CRUZ KRONFLY, Fernando. Las Ciudades Literarias. Revista Universidad del Valle. Número 14. Agosto de 1996. p. 12.

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REYES HERNÁNDEZ, Oscar. Ensayo critico sobre paradigmas de la comunicación. (Tomado de http://members.fortunecity.es)

TOKATLIÁN, Juan Gabriel y RUSSELL, Roberto. Neutralidad y política mundial: Una mirada desde las relaciones internacionales. En: Revista análisis político, Universidad Nacional de Colombia, número 40, agosto de 2000. p. 25.

VÁSQUEZ ARRIETA, Tomás y MARTÍNEZ, Alejandro. Usos sociales de la televisión en audiencias familiares. En: Revista Escribanía, Universidad de Manizales, número 11, julio – diciembre de 2003. p. 103.

VÁSQUEZ RODRÍGUEZ. El Ensayo, diez pistas para su comprensión. Texto sin referencia bibliográfica.



[1] Quizás de esa manera logre expresar que comparto con Albert Camus cuando dice que “el hombre no se descubre totalmente más que en contacto con el mundo físico, que también le descubre lo absurdo de su existencia.” (CAMUS, Albert. Obras completas. Tomo II, Ensayos. México: Aguilar, 3ra edición, 1968. p. 13. Tomado de A manera de prólogo a cargo de Julio Lago Alanso. Es posible que con la desnudez señale que acepto lo que para muchos es una insoportable e inaceptable realidad: somos finitos y débiles ante la Naturaleza, pero por el otro lado, pienso en la desnudez como una posibilidad en tanto que el hombre logre ‘cubrirse’ con otros ‘ropajes’, con otro espíritu y con otra racionalidad que le permitan salir del absurdo en el que aún pretende sobrevivir.
[2] En adelante hago la distinción entre Ensayo y ensayo. Cuando aparezca el vocablo Ensayo, con mayúscula la letra E, hago referencia al género y a las características más o menos consensuadas que sobre él existen. Y cuando señalo el término ensayo, con la letra e en minúscula, hago referencia al ejercicio o actividad de ensayar, esto es, de probar, de repetir, de insistir, de intentar y de procurar hasta lograr el aprendizaje de esta actividad. Por ejemplo, cuando se ensaya una coreografía, el canto de una canción o se ensayan ‘jugadas de laboratorio’ en el fútbol. La escritura y el ejercicio de escribir constituyen ensayos, pues al escribir, se ponen en práctica las reglas de puntuación y en general aquellas que se señalan para la producción escrita. El escritor ensaya y ensaya hasta que logra un texto que lo deje satisfecho, siempre en la búsqueda de la esquiva perfección.

[3] Michelle de Montaigne fue el prototipo del humanista erudito francés. Describió en sus Ensayos (1581-1588) su filosofía personal de todos los temas que le interesaban. Recomendaba un escepticismo suave pero universal de lo que ofrecía la filosofía para escapar de la frustración y del desencanto y lograr contentarse en la vida. Su sistema pedagógico hace hincapié en un espíritu abierto a la investigación más que a la acumulación de hechos. En política y religión, Montaigne era conservador, en búsqueda de la serenidad social e individual. Los Ensayos ofrecieron el primer modelo del hombre honesto, es decir, el caballero culto del siglo XVII (Tomado de http://es.encarta.msn.com/encyclopedia) “Hay dos grandes tipos de ensayos: Uno, línea Montaigne (pueden leerse, por ejemplo, “De cómo el filosofar es aprender a morir”, “De la amistad”, “De los libros”); y otro, línea Bacon (léanse al menos dos: “De los estudios, “De las vicisitudes de las cosas”. En el primer caso, el ensayo es más subjetivo, abunda la citación –de manera muy propia-; en el segundo, el ensayo es más objetivo, y no hay ninguna referencia explícita, o son muy escasas. Tanto Montaigne como Bacon son maestros para desarrollar las ideas. Tanto uno como otro hacen lo evidente, profundo; lo cotidiano, sorprendente. Ambos apelan a otras voces, ambos recurren al pasado –a otros libros- para exponer sus puntos de vista. Ambos emiten un juicio: se aventuran a exponer su pensamiento. Es importante releer a estos dos autores; fuera de ser un goce y un reencuentro con la buena prosa, son ensayos-modelo, aprovechables por cualquiera que desee aprender o perfeccionar su escritura ensayística. En el mismo sentido, deberíamos apropiarnos de la creación ensayística de Emerson y Chesterton, recomendada una y otra vez por Jorge Luis Borges. Otros ensayos exquisitos son los escritos por Alfonso Reyes y Pedro Enríquez Ureña. Un mexicano y un dominicano. Ensayos de peso con profundidad y, sobre todo, realizados con todos los recursos Literarios y el poder de la imaginación. Quien, que haya leído, “ Notas sobre la inteligencia americana” de Reyes o “Seis ensayos en busca de nuestra expresión” de Ureña, no ha sentido como una revelación de la escritura potente, de la escritura gestora de mundos. Hay una “marca de estilo” en estos dos ensayistas, una “impronta” personalísima, que pone al ensayo en el mismo nivel del cuento o del poema. Cuando uno lee los ensayos de Reyes o de Ureña, lo que lee –además de pensamiento vigoroso – es una excelente literatura. Reyes y Ureña son los iniciadores, por decirlo así, de una larga tradición que va hasta Sábato y Borges. Consúltese la recopilación El Ensayo hispanoamericano del siglo XX, hecha por John Skirius, en ese texto se condensan voces de ensayistas latinoamericanos valiosos: Manuel Gonzáles Prada, Fernando Ortiz, José Carlos Mariátegui, Ezequiel Martínez Estrada, Luis Alberto Sánchez, Germán Arciniegas, Arturo Uslar Pietri, Eduardo Caballero Calderón, Enrique Anderson Imbert... y, por supuesto, Octavio Paz, Julio Cortázar y Gabriel García Márquez. Puede mirarse, de igual manera, la selección hecha por José Luis Martínez, El ensayo mexicano moderno; en este libro reasaltan los ensayos de José Vasconcelos, Ramón López Velarde, Julio Torri, Xavier Villaurrutia, Jorge Cuesta, Edmundo O´Gorman y Leopoldo Zea, entre otros. Y para una perspectiva más nuestra, sería interesante y necesario conocer la selección elaborada por Jorge Eliécer Ruiz y Juan Gustavo Cobo –Borda, Ensayistas colombianos del siglo XX; en esta selección descubriremos voces poco conocidas, la Baldomero Sanín Cano ( “De lo exótico”, “La civilización manual”), y la de Hernando Téllez (“La originalidad literaria”, “Traducción”. Basten estos textos y estos autores para mostrar cómo hay una enorme tradición en la producción ensayística. Tómese, entonces, como embrocadas o “textos de iniciación. Vásquez Rodríguez señala que por medio del ensayo es que “nos vamos ordenando la cabeza”, escribiendo ensayos es como comprobamos nuestra “lucidez” o nuestra “torpeza mental”. Cuando Theodor Adorno, en un escrito llamado –precisamente- “El ensayo como forma”, señala el papel crítico de este tipo de escritura, lo que en verdad sugiere es la fuerza del ensayo como motor de la reflexión, como generador de la duda y la sospecha. El ensayo siempre “pone en cuestión”, diluye las verdades dadas, se esfuerza por mirar los grises de la vida y de la acción humana. El ensayo saca a la ciencia de su “excesivo formalismo” y pone la lógica al alcance del arte. Es simbiosis. Otro tanto había escrito George Lukács en su carta a Leo Popper. La esencia del ensayo radica en su capacidad de juzgar. Los ensayistas de oficio saben que las verdades son provisionales, que toda doctrina contiene también su contrario, que todo sistema alberga una fisura. Y el ensayo, que es siempre una búsqueda no hace otra cosa que “hurgar” o remover en esas grietas de las estructuras. Digamos que el ensayo –puro ejercicio del pensar- es el espejo del propio pensamiento (Tomado de VÁSQUEZ RODRÍGUEZ. El Ensayo, diez pistas para su comprensión.

[4] MAX NEEF, Manfred. El acto creativo. Primer Congreso Internacional de Creatividad. Texto sin referencia.

[5] MONTAIGNE, Michel de. De la experiencia. Capítulo XIII. Ensayos III. P. 341. Texto sin referencia.

[6] Ibid., MONTAIGNE. p. 350.

[7] Diccionario de la Lengua Española, edición en cd – rom. Real Academia Española. España: Espasa Calpe, 1992.
[8] El dominio del texto escrito y de las prácticas culturales asociadas a la lectura- escritura de libros responde, para muchos, a rezagos y pretensiones propias del ámbito de la Ilustración, es decir, la supremacía de aquellos ‘ilustrados’ a través de la lectura y de la escritura. No se trata aquí de establecer disquisiciones alrededor de la supremacía de lo escrito sobre lo audiovisual o viceversa. De allí que resulte clave la aclaración alrededor de la posibilidad de concebir Ensayos por fuera del texto o el lenguaje escrito y la tradición de la palabra escrita, dado que las fronteras entre los géneros son cada día más borrosas y que a pesar de la especificidad de los lenguajes, lo que se termina exigiendo, tanto a los tipos de textualidad como a escritores, ensayistas y realizadores, son criterios, estructuras, modos de hacer, argumentos y hechos. Todo lo anterior con un componente fuerte de investigación que haga de los ensayos ejercicios rigurosos a través o producto de un pensamiento creativo, crítico e irreverente.

[9] En el sentido periodístico que indica que para llegar a ella, hay que saber quién fue, establecer qué fue lo que pasó, cuándo, quiénes son los involucrados, quién o quiénes se benefician, qué intereses gravitan alrededor de lo sucedido.

[10] Como diría Tomás Eloy Martínez, escritor y periodista, “de todas las vocaciones del hombre, el periodismo es aquella en la que hay menos lugar para las verdades absolutas. La llama sagrada del periodismo es la duda, la verificación de los datos, la interrogación constante. Allí donde los documentos parecen instalar una certeza, el periodismo instala siempre una pregunta...”

[11] Se habla de su condición de sabio, de allí que no necesitaba de sus ojos para ‘ver’ el mundo. Fue uno de los más famosos videntes de toda Grecia, a pesar de que era físicamente ciego. Dicha ceguera le fue provocada por Atenea a quien Tiresias encontró bañándose desnuda. Sin embargo, Atenea también le recompensó con el don de la profecía y le entregó un bastón o varita mágica con el que Tiresias podía desenvolverse incluso mejor que cualquier otra persona.


[12] MARTÍNEZ, Fabio. Sobre el ensayo. En: El Tiempo 29 de octubre de 2000. p. 1 - 15.
[13] VÁSQUEZ RODRÍGUEZ, Fernando. El Ensayo, diez pistas para su comprensión. Texto sin referencia bibliográfica. Se trata de un material que se utiliza dentro de los cursos de periodismo del Programa de Comunicación Social – periodismo de la UAO.

[14] Op cit., MARTÍNEZ, Fabio. Sobre el ensayo. En: El Tiempo, domingo 29 de octubre de 2000. p. 1 - 15.

[15] Op cit., VÁSQUEZ RODRÍGUEZ, Fernando.

[16] El hecho de citar a ‘expertos’ no significa que lo dicho por éstos se considere como Verdad absoluta e irrefutable. Por el contrario, de lo que se trata es de ‘superar’ o ‘relativizar’ las ideas y planteamientos de aquellos que el mundo académico ha reconocido como expertos y dignos de ser citados.

[17] En un sentido ‘positivo’, es decir, en cuanto que el lector se toma la molestia de revisarlo una y otra vez con el fin de preguntarle al texto que hace posible el Ensayo. Claro que la molestia también puede entenderse como la posibilidad de que el escrito le genere algo de urticaria a ese mismo lector, pues lo expresado allí tiene un especial significado para él e incluso para otros.

[18] Op cit., VÁSQUEZ RODRÍGUEZ, Fernando.

[19] Véase el Módulo Hacia una caracterización del género Informe Especial o el libro Señales dentro de los Hechos. Cali: Faid, 2000. El Mapa de Relaciones es una herramienta de investigación periodística y sirve para dar un parte meteorológico de una escena, de un escenario natural y humano.
[20] Op cit., VÁSQUEZ RODRÍGUEZ.




[21] ADORNO, Theodor W. “El ensayo como forma”. En: Notas de Literatura, Barcelona, Ariel, 1962.

[22]JIMÉNEZ, Carlos Alberto. El arte de escribir ensayos. En: http://www.ilustrados.com/publicaciones/

[23] Eduardo Nicol sostiene que “de todos los ensayos, si son buenos, puede decirse que comienzan y acaban en cada página. Los temas son varios y permiten, casi obligan, a una lectura guiada sólo por el azar de la ocasión. El ensayo es filosofía <>. Un libro que agrupe varios ensayos dispersos, o que trate de un solo tema en estilo ensayístico, es como esas obras musicales que se llaman <> en las que verdaderamente no hay continuidad y a las que presta unidad solamente el estilo del autor.”

[24]GÓMEZ–MARTÍNEZ, José Luis. Teoría del Ensayo. (Tomado de http://www.ensayistas.org/critica/ensayo/gomez/)

[25] Introducción: Es fundamental para poder cautivar o hechizar al lector. Esta se hace a partir de una opinión, una pregunta, una hipótesis o de un pensamiento metafórico. Desarrollo: Es el proceso argumentativo de las ideas principales, secundarias y periféricas, las cuales acompañadas de citas, ejemplos, pruebas y registros lograrán sustentar la tesis principal del ensayo. Conclusión: Si en el comienzo del ensayo, se presenta una tesis o una hipótesis, es preciso desarrollarla para comprobarla o disprobarla a través de un proceso argumentativo (Tomado de JIMÉNEZ, Carlos Alberto. El arte de escribir ensayos. En: http://www.ilustrados.com/publicaciones/)

[26] REYES HERNÁNDEZ, Oscar. Ensayo critico sobre paradigmas de la comunicación. (Tomado de http://members.fortunecity.es)



[27] PEDROZA, Gabriela. Globalización y cultura: un nuevo espacio para las identidades sociales. En: Revista Diálogos de la Comunicación, número 61, marzo de 2001. p. 57.
[28] FOUCAULT, Michel. El sujeto y el poder, por qué estudiar el poder: la cuestión del sujeto. Traducción de Camilo Restrepo, estudiante de Derecho de Universidad de los Andes. Texto sin referencia.

[29] TOKATLIÁN, Juan Gabriel y RUSSELL, Roberto. Neutralidad y política mundial: Una mirada desde las relaciones internacionales. En: Revista análisis político, Universidad Nacional de Colombia, número 40, agosto de 2000. p. 25.

[30] FAZIO VENGOA, Hugo. Política exterior e integración: el ejemplo europeo. En: Revista análisis político, Universidad Nacional de Colombia, número 40, mayo de 2000. p. 42.

[31] VÁSQUEZ ARRIETA, Tomás y MARTÍNEZ, Alejandro. Usos sociales de la televisión en audiencias familiares. En: Revista Escribanía, Universidad de Manizales, número 11, julio – diciembre de 2003. p. 103.

[32]SALAZAR BONDY, Augusto. En: Prólogo de Ensayos escogidos. Colección Autores Peruanos, editorial Universo, 1971.
[33] MARIÁTEGUI, José Carlos. La enseñanza y la economía. En: Ensayos escogidos. Colección Autores Peruanos, Editorial Universo, 1971. p. 40, 41 y 42.

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