YO DIGO SÍ A LA PAZ

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jueves, 28 de abril de 2011

LO QUE PUEDE HABER DETRÁS DEL RETIRO DEL GENERAL MATAMOROS


Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo


El llamado a calificar servicios al general Matamoros puede tener un trasfondo político interesante, en el que se coligen diferencias sustanciales entre los estilos de gobierno y mandato de Uribe Vélez y Juan Manuel Santos.

Uribe, por su carácter camorrero y belicoso, mantuvo una relación estrecha con los militares, en especial con el ejército, lo que generó cierta desinstitucionalización. Es decir, Uribe personalizó de tal manera la comunicación con los militares, que puso a un importante sector de las fuerzas militares al servicio de sus orientaciones y necesidades personales.

Al no creer en los mecanismos y estrategias institucionales, Uribe de alguna manera desvirtuó el principio constitucional que define la relación de subordinación que debe darse entre las fuerzas militares y el poder civil, al cual deben estar sometidos todos los uniformados. Y lo hizo así, al personalizar la relación con los altos mandos, al defender a la tropa, aún por encima de evidentes y garrafales errores y crímenes y al declarar públicamente que se sentía un soldado más. La defensa de la tropa fue constante, permanente y fiel.

En sus ocho años de gobierno Uribe edificó una idea de ejército privado al servicio de ideas equivocadas que él tiene alrededor de lo que es el conflicto armado colombiano y del aporte de las diferencias ideológicas y del pensamiento crítico a la profundización de la democracia, así como la idea de unas fuerzas militares respetuosas de los derechos humanos y del Derecho Internacional Humanitario.

Propio de su carácter de hacendado y arriero, Uribe generó un imaginario negativo en la tropa, especialmente dentro del ejército, alrededor de lo que debe ser la obediencia debida, el respeto a los derechos humanos y en general, alrededor de las libertades y la condición civil. Uribe concibió a las fuerzas militares, en especial al ejército, como una fuerza privada al servicio de sus intereses.


Por ello la salida de Matamoros Camacho puede ser un síntoma claro de que dentro de las filas del ejército hay malestar con el actuar gobierno (el mismo general retirado reconoce bajones en la ofensiva contra las Farc). Y puede resultar así porque Santos, que cree en la institucionalidad, ha generado una comunicación distante con la tropa y ha hecho efectivo aquello de la subordinación al poder civil, lo que sin duda puede tener confundidos a los generales y coroneles y a la tropa en general, que ya no sienten el respaldo de un patrón, sino que ahora deben someterse al poder que se encarna en la figura presidencial. Y la diferencia es clara. Una distancia que parece marcarse también entre el actual Ministro de la Defensa y las fuerzas armadas.

Los oficiales troperos tuvieron con Uribe su cuarto de hora y es posible que con Santos, esos mismos oficiales terminen declinando sus aspiraciones, modificando sus perfiles, dimitiendo o quizás, traten de erosionar el poder y el mando de quienes sí siguen las nuevas orientaciones del actual gobierno, tal y como parece que lo estaba haciendo Matamoros.

Es claro que los ocho años de gobierno de Uribe le hicieron daño a las relaciones de subordinación que deben existir entre el poder civil y el militar, en las que el segundo debe aceptar, sin asomo de rebeldía o discusión, las decisiones que a bien tenga tomar la máxima autoridad y el responsable del orden público en todo el territorio: el Presidente de la República.

Santos tiene por delante varias tareas, entre ellas, deberá luchar por devolverle la institucionalidad al ejército y en general, a todas las fuerzas armadas, pues ellas están para defender a los colombianos, al país entero, y no para respaldar proyectos individuales y autocráticos como los que encarnó Uribe.

2 comentarios:

Germán Ayala Osorio dijo...

Claro que si German, es otro estilo de gobierno que es muy distante del estilo que impero en el pasado cercano y aun, no ha sido percibido por algunos mandos, generando choques y confrontaciones.

Saludos cordiales,

martha

Anónimo dijo...

Hola Uribito:



¡Buen día!



Es claro que históricamente los militares han tenido una fuerte vocación civilista. También es evidente que en el gobierno del ex, esta vocación retornó a sus más antiguos vestigios: el puro militarismo. Volver las aguas al cauce, es decir, que los militares, a pesar de su misión tengan una fuerte concepción civilista de la seguridad, es una tarea muy seria que debe desarrollar Santos. ¡En hora buena!



Luis F.