YO DIGO SÍ A LA PAZ

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viernes, 17 de mayo de 2013

EL PERIODISMO QUE NECESITA LA COLOMBIA DEL POSCONFLICTO

Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo


Así no se logre poner fin al enfrentamiento militar entre las Farc y el Estado colombiano, en el contexto del actual Proceso de Paz que avanza en La Habana, Cuba, este nuevo intento de negociación debería de servir para revisar a fondo los temas, asuntos y circunstancias que dieron vida a los seis puntos de la agenda acordada entre los equipos negociadores. Tarea que deberían de asumir no solo el propio Estado, sino la academia y actores de la sociedad civil interesados en ambientar escenarios de posconflicto[1], así el conflicto mismo no haya sido superado desde la perspectiva de los enfrentamientos bélicos y la presencia armada de las guerrillas.

El complejo conflicto colombiano, que es político, agrario, social, económico, cultural y ambiental, demanda la revisión y discusión de otros asuntos que no necesariamente se recogen en la actual agenda de negociación. Además de revisar la estructura del Estado, el modelo de desarrollo rural, el sistema político, así como los temas de la devolución de tierras  y la revisión de la política antidrogas, entre otros, es urgente revisar las actuaciones de otros actores de poder que tradicionalmente se han mantenido al margen de anteriores procesos de paz, incluyendo, por supuesto, al actual que se desarrolla en territorio cubano, en tanto sus acciones y sus roles no han hecho parte de las discusiones de paz.

Un asunto que considero clave para ambientar escenarios de posconflicto, independientemente de si se pone fin al enfrentamiento armado,  tiene que ver con el papel que juegan los medios masivos de comunicación y en general con la apuesta cultural de una industria del entretenimiento que unidos, devienen como actores y factores políticos de especial sensibilidad y cuidado dado el reconocido poder de penetración tanto de la televisión, a través de la producción de novelas, seriados, programas de concurso y mensajes publicitarios), como el que se reconoce al conjunto de los medios masivos de comunicación (noticieros de televisión, radio y la circulación de medios impresos). Esto, en el contexto de una oferta televisiva concentrada en dos poderosos canales privados de televisión, Caracol y RCN, que desde 1998 tienen el privilegio de generar estados de opinión pública a través de sus noticieros y a entretener a las audiencias con sus particulares programaciones.

El periodismo y sus rutinas de producción

El periodismo, como oficio, no solo está inmerso en dinámicas de avance tecnológico que afectan sus rutinas de producción noticiosa, sino que en sí mismo se concibe como un ejercicio de poder político muy bien administrado por poderosos gremios económicos que sostienen a las empresas mediáticas a través de las cuales las audiencias en Colombia medianamente se informan alrededor de asuntos públicos de especial importancia.

El periodismo exhibe una lógica de producción que bien podría revisarse de cara a la  generación de escenarios de posconflicto, en donde juegan un papel clave las representaciones sociales y los imaginarios colectivos inoculados, alimentados y construidos por la diaria acción informativa de las empresas mediáticas.

El primer elemento que podría revisarse del ejercicio de la prensa tiene que ver con los criterios de noticiabilidad, es decir, los valores y criterios con los cuales los periodistas y editores elevan al estatus de noticia unos hechos que son considerados como importantes y definitivos para unas audiencias que toman decisiones y asumen posturas políticas a partir de la comprensión de esos hechos noticiosos.

La discusión no es fácil que se dé por cuanto el periodismo cada vez más responde a la lógica de producción fordista, en donde los hechos noticiables (aquellos que potencialmente se pueden convertir en noticias o están en ese tránsito) se deconstruyen a través de formatos pre establecidos y del uso de un lenguaje que permite que unos hechos particulares sean ‘empacados’ y etiquetados bajo la categoría de lo noticioso.

Nada más falaz y pretendidamente universal que los criterios de noticiabilidad que usan el periodismo y los periodistas, para abordar complejas realidades asociadas, directa o indirectamente con el devenir del conflicto armado interno colombiano. 

Lo curioso, lo espectacular, lo escabroso y principios de cercanía geográfica y cultural, entre otros, son los elementos valorativos con los cuales los periodistas califican un hecho, y con el que deconstruyen las realidades que acompañan al hecho noticiable mismo que llama su atención.

La lógica noticiosa, así expresada, en un complejo contexto político, sociocultural, ambiental y económico como el colombiano, resulta no sólo inconveniente, sino perversa y dañina, en tanto que no permite la comprensión amplia de los hechos y los contextos en donde éstos aparecen.

El ‘síndrome de la chiva’, la práctica de consultar exclusivamente a fuentes oficiales y la decisión periodística de construir realidades noticiosas a partir de la espectacularización de unos hechos, hacen que la información entregada por los medios masivos sólo sirva para entretener y distraer a las audiencias, en un proceso de ocultamiento de verdades y realidades que poco ayuda a la generación de una opinión pública capaz de discernir y comprender complejos contextos humanos, en especial, la historia y el devenir del conflicto armado interno.

¿Cómo hacerlo?, resulta ser la pregunta clave. Trataré de responder el interrogante a través de un ejemplo. Pero primero, haré referencia a una circunstancia sobre la cual podría generarse la discusión sobre la necesidad de cambiar las lógicas noticiosas con las que hoy actúan los medios y los periodistas. Se trata del hermetismo pactado entre las partes que negocian el fin del conflicto armado en La Habana. La decisión de no permitir la presencia de los medios masivos y de no filtrar informes preliminares a los periodistas se toma, en parte, de los nocivos tratamientos periodístico-noticiosos que la gran prensa bogotana dio a los hechos políticos generados durante el proceso de paz que se dio en la zona del Caguán. El otro factor o circunstancia que guarda relación con la necesidad de modificar las lógicas de producción noticiosa tiene que ver con el primer punto de la agenda  acordada entre la cúpula de las Farc y los voceros del Gobierno de Santos: el tema agrario.

Si los voceros de los equipos negociadores guardan silencio alrededor del talante de las discusiones y de lo acordado hasta ahora, y la sociedad en su conjunto no sabe mucho del primer punto de la agenda a negociar, el periodismo, el Nuevo Periodismo que debería gestarse para el posconflicto podría actuar de la siguiente manera, dejando atrás, para empezar, la práctica de consultar casi de manera exclusiva fuentes gubernamentales[2]:

  1. Revisar, comprender y explicar la importancia del tema agrario, para un conflicto armado cuyo origen está directa y estructuralmente ligado con el tema de la tierra, su concentración en pocas manos y actividades agroindustriales.

  1. Consultar la historia oficial y no oficial, alrededor de lo que ha pasado con el campo y en general, con los territorios rurales.

  1. Leer el Informe de Desarrollo Humano, 2011, Colombia Rural, razones para la esperanza.


Con estas tres actividades, no articuladas necesariamente a la lógica noticiosa, ni sostenida en declaraciones de funcionarios públicos, el periodismo bien podría producir varios informes[3], con el claro propósito de explicar porqué es importante el tema agrario en el marco de las negociaciones de paz en La Habana.

Es decir, el Nuevo Periodismo deberá de olvidarse de las fuentes oficiales como generadores de noticias. A través del análisis de realidades complejas, de la lectura crítica de documentos y de propios ejercicios investigativos, el Nuevo Periodismo consultaría a las fuentes oficiales  para confrontarlas, para exigir explicaciones, y no para que ellas sean la noticia por sus decisiones. Es hora de cambiar la lógica de producción noticiosa. Ya no más comunicados de prensa, ni ruedas de prensa que sólo sirven para legitimar acciones de Gobierno. Los medios deben pensar en concebir de verdad sus propias agendas, más allá de las declaraciones de funcionarios estatales. Quizás se necesario revisar las estructuras  de presentación de los noticieros de radio y televisión y el rediseño editorial de la prensa escrita, bajo la óptica de ofrecer informes especiales y verdaderos análisis[4], dejando atrás la producción de noticias.

Esta corta reflexión es un llamado a los periodistas para que se atrevan a modificar sus lógicas de producción de noticias, en aras de avanzar hacia un Nuevo Periodismo, que indague sobre lo sustancial de unos hechos y no sobre elementos y  aristas sobre las cuales resulta más fácil informar, por cuanto reducen la complejidad de los hechos, a enfrentamientos verbales entre funcionarios o voceros de entidades privadas.

El reciente caso del debate ideológico y jurídico político dado entre el Fiscal General de la Nación y el Procurador General de la Nación, alrededor del Marco Jurídico para la Paz (justicia transicional) se convierte en paradigmático, para ese periodismo que insiste en reducir lo complejo, a simples expresiones o calificativos usados por Montealegre y Ordóñez Maldonado, sobre los cuales los periodistas de medios masivos informaron. Esa manera particular con la que cubrieron dicho debate permite pensar que lo hicieron así para ocultar su incapacidad para descifrar los discursos de los dos funcionarios públicos, es decir, el trasfondo jurídico y político; o bien para desvirtuar una discusión profunda sobre un asunto trascendental para el proceso de paz, como lo es la justicia transicional, en especial en lo que tiene que ver con la alternatividad de las penas que se les  impondrían a los líderes guerrilleros que se desmovilicen.

Se requiere con urgencia, que tanto las facultades de comunicación social, asociaciones de periodistas, así como los directores, jefes de redacción y periodistas se sienten a discutir sobre la necesidad de modificar sustancialmente los criterios de noticia y las lógicas de producción de información. Hacerlo puede permitir que en el largo plazo exista una opinión pública inteligente, preparada política y discursivamente, para discutir asuntos públicos, dejando atrás la acrítica, confundida y adormecida opinión pública que hoy cree a pie juntillas lo que informan los dos poderosos canales privados.


[1] Escenario de transformación del Estado, del sistema político y en general, de revisión del orden social, político, económico y cultural vigente en Colombia. Si bien el fin de la guerra es un factor clave en la construcción del posconflicto, más importante aún es la voluntad de modificar las circunstancias y factores objetivos que legitimaron el levantamiento armado en los 60, y que hoy se mantienen intactas. El posconflicto se entiende como un proceso de reconstrucción y de transformación de unas circunstancias que hoy hacen posible asegurar que Colombia enfrenta problemas de viabilidad como Estado y como Nación.
[2] Véase Plan Colombia y medios de comunicación, un año de autocensura. CUAO, 2001; Hechos Noticiosos, tratamientos explosivos, UAO, 2004; El caso Granda y su relación con fuentes estólidas y poderes invisibles. UAO, 2005; y De la democracia radical al unanimismo ideológico, medios y seguridad democrática. UAO, 2006.

[3] Para el caso de los noticieros de televisión, es urgente revisar la ‘fórmula’ que hoy hace que todos se parezcan en la manera de informar. Fórmula que se expresa así: se abre emisión con temas de orden público (muertos en combate), se continúa con la información deportiva (fútbol) y se termina con la información de farándula (mujeres semidesnudas, música y chismes de estrellas del cine y de la televisión).

[4] Esto implica modificar la formación de los periodistas. Hay que insistir en formar al periodistas como un intelectual, capaz de comprender el devenir humano en sociedad. Igualmente, la propuesta de un Nuevo Periodismo para la Colombia del Posconflicto, pasa por la desconcentración de la propiedad de los medios masivos y la necesidad de conformar cooperativas de periodistas, que con el apoyo del Estado, puedan fundar medios de comunicación, con los que puedan enfrentar el centralismo informativo bogotano. Hay que pensar en fundar medios de comunicación locales y regionales fuertes, que incluso, puedan confrontar la información publicada y emitida por los medios bogotanos.

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