YO DIGO SÍ A LA PAZ

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miércoles, 21 de enero de 2015

¿REFRENDAR O NO REFRENDAR?

Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

Si en algo exhibe protuberantes falencias el Gobierno de Santos es en informar y comunicar de manera efectiva lo  relacionado con su gestión pública, en especial con la evolución del proceso de negociación con las Farc. El mismo Presidente lo reconoció en varias oportunidades y es claro que poco ha hecho para mejorar tal situación.

Parte de los problemas que tiene el actual Gobierno para comunicar, radica o está en que la gran prensa no está del todo con él, en especial los noticieros privados de televisión. No son estas las épocas del unanimismo[1] mediático y político de las dos administraciones de Uribe Vélez. A pesar de esa circunstancia contextual, se puede asegurar con alguna certeza que periódicos como EL ESPECTADOR y EL TIEMPO vienen apoyando el proceso de paz a través de diversas piezas editoriales y de tratamientos periodísticos “convenientes” a la causa de la paz. El primero, por un apoyo decidido; el segundo, más por una postura gobiernista. Eso en cuanto a los dos periódicos de orden nacional. En el ámbito regional, el diario EL PAÍS ha mantenido una prudente distancia y ha exhibido reparos frente a las negociaciones con las Farc.

A los problemas para comunicar con eficiencia y efectividad del Gobierno, se suma el denodado esfuerzo del líder del Centro Democrático (CD) y de varios de sus miembros por construir versiones y poner a rodar información falsa o por lo menos amañada, en torno al futuro del proceso de paz y del país mismo. El miedo a que en el país se instale un régimen castro-chavista es, de muchas formas, responsabilidad de esa férrea oposición que se ha emprendido desde esa micro empresa electoral llamada Centro Democrático. El ex presidente Uribe cuenta aún con el apoyo de varios medios de comunicación y periodistas que son  afectos a sus ideas políticas.

En esas condiciones resultaría difícil conseguir el apoyo de los votantes[2], en el momento en el que sean convocados a las urnas para refrendar los acuerdos a los que lleguen las Farc y el Gobierno de Juan Manuel Santos.  Y ante la insistente negativa de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente por parte del Gobierno, el reciente anuncio del fiscal Montealegre puede terminar siendo una especie de “salvavidas” para un Presidente y un Gobierno que parecen no convencer a una inestable, manipulable y polarizada opinión pública, porque no saben comunicar lo que significaría para el país ponerle fin al conflicto armado interno.

Que el Fiscal General de la Nación, Eduardo Montealegre considere que no es necesario que el pueblo colombiano (los habilitados para votar y que realmente votan), vayan a las urnas a refrendar los acuerdos a los que lleguen las Farc y el Gobierno de Santos, constituye una salida que además de incoherente,  es poco democrática. Y es así, porque el Presidente desde el inicio de los diálogos de La Habana dijo que sería el pueblo colombiano el encargado de refrendar lo que se acordara en Cuba. Estoy seguro que la refrendación popular la usó más como una estrategia para calmar los nervios de sectores poblacionales y de opinión, que como una herramienta de la que él y su gobierno estuvieran convencidos. De todas formas, de aceptarse y hacerse viable la propuesta del Fiscal, los opositores y detractores del proceso de paz aprovecharían la oportunidad para señalar a Santos como un mentiroso y manipulador.

Hay que decir claramente que la propuesta del Fiscal bien podría ser calificada como poco democrática, a la luz de lo “prometido” por el Gobierno de que los colombianos tendrían la última palabra a la hora de refrendar lo acordado entre las partes que negocian en La Habana. La revista Semana recogió así lo expresado por Montealegre a otro medio de comunicación: “Considero que no se requiere, desde el punto de vista legal ni constitucional, la refrendación para celebrar los acuerdos. No hay necesidad de una refrendación popular"[3]

Sin duda, la refrendación popular es, en sí misma, un riesgo electoral y político que bien podría resultar catastrófico para el país, en el caso en que los colombianos no salgan masivamente a decir Si, a lo acordado en La Habana. Y el riesgo se acrecienta por los niveles de desinformación, confusión, ignorancia y desinterés de sectores poblacionales que sienten que el fin del conflicto poco o en nada los beneficia y por ello, refrendar o no los acuerdos de paz no tendría para ellos mayor significado político, social, económico y electoral.

Sería lamentable que Santos acogiera la tesis del fiscal Montealegre. Por el contrario, buscar la refrendación popular le daría una mayor legitimidad a los acuerdos de La Habana y bien podría convertirse en un aplastante e histórico triunfo político contra aquellos sectores que se oponen al proceso de paz y para otros que buscan a toda costa perpetuar la confrontación armada. 





[1] Véase el libro De la democracia radical al unanimismo ideológico, medios de comunicación y seguridad democrática. Cali, UAO, 2006.

[2] Si se tiene en cuenta por lo menos la mitad de los votos alcanzados por el entonces candidato presidencial, Óscar Iván Zuluaga en la pasada contienda por la Presidencia, es probable que el referendo refrendatorio no alcance a pasar, frente a la esperada negativa de quienes votaron por el candidato del CD.

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