YO DIGO SÍ A LA PAZ

YO DIGO SÍ A LA PAZ
Mostrando las entradas con la etiqueta Corrupción. Farc. Santos. Uribe. Ordóñez. Estado. Odebrecht. Conpes 3817. Elecciones 2018. Medios. Periodismo. Presidencia.. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Corrupción. Farc. Santos. Uribe. Ordóñez. Estado. Odebrecht. Conpes 3817. Elecciones 2018. Medios. Periodismo. Presidencia.. Mostrar todas las entradas

lunes, 13 de febrero de 2017

¿COMBATIR LA CORRUPCIÓN?


Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

Poco a poco el fin del conflicto armado, el cumplimiento del cese bilateral del fuego y en general de lo pactado en La Habana, van permitiendo a millones de colombianos ver y constatar que el real y gran problema del país no era la existencia de las guerrillas, sino la asqueante corrupción público-privada que hoy amenaza la viabilidad del Estado como orden político[1].
Ahora, esos millones de colombianos que durante años se expusieron a tratamientos periodísticos de una Prensa que cubrió de manera ideologizada los enfrentamientos entre los actores armados, con algo o mucho de sorpresa constatan que el cáncer de la corrupción debilita la confianza de los ciudadanos en el Estado, en la democracia[2] y en sus instituciones, al tiempo que naturaliza el ethos mafioso sobre el que se soportan las actividades de funcionarios, políticos y agentes empresariales, y entre estos últimos, y especialmente, las de los contratistas.
Ante semejante reto y mientras Uribe y Santos intercambian señalamientos y responsabilidades por las escandalosas coimas  pagadas en el caso de Odebrecht, al tiempo que  silencian lo sucedido con Reficar, solo algunos políticos llaman la atención sobre la necesidad imperiosa de atacar la corrupción, sin advertir en sus discursos que la lucha, así planteada, tiene enormes vacíos y problemas que impiden someter a los corruptos  y enfrentar esa catastrófica enfermedad, con la certeza de apresar a los corruptos, controlarla o de “reducirla a sus justas proporciones” como diría Turbay Ayala.
Al plantearse una lucha frontal contra la corrupción, los orígenes del problema se ocultan o se dejan de advertir, porque hábilmente los políticos anti corrupción, saben de ante mano que en todo esto hay corruptos intocables, así como reglas de juego establecidas previamente que no se pueden cambiar de buenas a primeras. El enemigo a vencer no es la corrupción, ni siquiera el corrupto o los corruptos. El gran enemigo a vencer es el actual Régimen de poder. El mismo Régimen que no sufrió derrota alguna y que resistió más de 50 años de un conflicto armado de carácter periférico, del que siempre supieron sacar provecho las élites.  Por años la historia oficial, con la ayuda de los Medios masivos, señaló que la presencia de las guerrillas era el único  problema que no dejaba crecer económicamente al país.
Pero nadie persigue a los corruptos, porque en los procedimientos reglados, establecidos por políticos, familias poderosas, contratistas, clase dirigente y política, está claro que, ante el descubrimiento de hechos de corrupción, no todos pueden caer, porque ello implicaría el derrumbe de la institucionalidad e incluso, del Régimen.
De allí que en perspectiva de lo que se conoce como “economía política”, unos cuantos saldrán condenados mediática y socialmente y sancionados penalmente, pero quienes desde el Estado y poderosos agentes de la sociedad civil han legalizado y naturalizado lo que otros llaman corrupción, deberán, por principio, salir airosos. En esa lógica, entonces, la cruzada que al parecer liderará la senadora Claudia López, está mal planteada desde el inicio, o por lo menos, sujeta a unas realidades históricas y a una institucionalidad que ella no podrá enfrentar y muchos menos vencer.  Por eso me pregunto: ¿será posible combatir y acabar con la corrupción?
Y es así porque la corrupción público-privada en este país está anclada a un ethos mafioso validado por la sociedad en su conjunto. De no ser así, cada cuatro años no llegarían al Congreso y a la Presidencia políticos señalados de ser corruptos y de sostener relaciones con actores armados ilegales, narcotraficantes, testaferros, criminales y sicarios. De esta manera se garantiza la reproducción de los corruptos y por supuesto, de las prácticas corruptas que solo se reconocen o se califican así cuando se destapa un escándalo en los medios masivos. De resto, se trata simplemente de transacciones que hacen los aspirantes a cargos públicos, con sus clientelas. Unos venden sus votos por platos de lentejas, ladrillos, cemento y tejas; otros, los intercambian por becas o puestos en empresas del Estado; y otros tantos, invierten sus votos para que una vez electo el Presidente, concejal, gobernador, alcalde o diputado, se les retorne la "inversión electoral" en millonarios contratos de obras de infraestructura que muy seguramente sufrirán incrementos en sus costos, demoras y problemas. Es claro, entonces, que la corrupción deviene y hace parte de una lucha de clases en la que todos y cada uno de los involucrados, a su manera, quiere “salir adelante”, enriquecerse o asegurar bienestar por un periodo de cuatro años.
Ante un modelo económico pensado para garantizar privilegios de clase y un Estado privatizado por la vigorosa acción de empresarios, banqueros, élites y oligarquía, con la protección de los militares, la Política se convierte en una forma de vivir, de delinquir y de alcanzar lo que no se puede a través del trabajo honrado y de la vivencia de procesos que dentro de la actual lógica, nadie quiere afrontar, porque todos andamos buscando el rápido enriquecimiento.  
En esa línea, la lucha contra la corrupción debe promover un profundo cambio en el sentido que de la Política tienen cientos de miles de colombianos que, al recurrir a políticos que ofrecen tejas, millonarios contratos y becas, hacen imposible derrotar la corrupción porque esta deviene institucionalizada y aceptada socialmente. Sentido precario, criminal o mafioso que brota de unas circunstancias contextuales en las que empresarios y ricos pre capitalistas, son responsables de la reproducción del desempleo estructural, de las condiciones de bajo consumo por bajos ingresos y de la precarización del trabajo asalariado. Sobre esas condiciones es que la Política funciona como bolsa de empleo para muchos y para otros tantos, el camino expedito para salir adelante, así sea debilitando el Estado y por esa vía, afectar a los demás, en un reducido sentido de lo público y de lo colectivo.
Se acercan las elecciones en 2018 y la lucha contra la corrupción solo servirá de caballito de batalla para aspirantes a la Presidencia y a los cuerpos colegiados. Pero ellos saben que nada va a cambiar en un país en el que históricamente ha sido difícil diferenciar entre un Político, un mafioso, un corrupto y un criminal. Además, si se desmonta el actual Régimen de poder, quienes lideraron su caída, simplemente montarán sus propias mafias y lógicas. Por lo anterior, somos un país que se merece tener como himno nacional, la canción Cambalache, de Santos Discépolo.
Adenda: el silencio de la Academia, de la Iglesia Católica (enlodada por los curas pederastas) y del empresariado hace pensar en que convalidan la corrupción. No hay líder capaz de llamar la atención sobre el enorme daño cultural que hace la corrupción público-privada. Estos silencios son claras muestra de la crisis de civilidad y de ciudadanía que afronta el país.

Tomado de ElColombiano.com


[1] Es probable que sectores de poder (el llamado uribismo, por ejemplo) interesados en torpedear el proceso de implementación del Acuerdo Final (II), estén pensando en generar una crisis institucional de gran magnitud, con el firme propósito de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente.
[2] El cansancio de la corrupción política puede terminar en un aumento de la abstención en los eventos electorales, de cientos de colombianos agobiados por las prácticas corruptas de políticos y empresarios. 

miércoles, 8 de febrero de 2017

2018: DEFINITIVO

Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo


Mientras las audiencias comprenden las dimensiones y los alcances de la histórica y endémica corrupción público-privada que azota al país, y empiezan esas mismas audiencias a reconocer en la élite tradicional, castas políticas, en banqueros y grandes empresarios, a sus responsables y aupadores, el ambiente pre electoral se sacude con el escándalo político y mediático asociado a la operación en Colombia de la multinacional Odebrecht.

Eso sí, es claro que el tema de la corrupción no será el único que jugará electoralmente. Sin duda aparecerán otros temas que guiarán la discusión política entre los pre candidatos y candidatos a la Presidencia.

Temas que por la acción informativa de los Medios masivos terminarán haciendo parte de sus agendas, de acuerdo con los intereses políticos que cada noticiero[1] de televisión, radial o diario decida apoyar de cara a las elecciones de 2018.

Identifico los siguientes  temas: 1. La corrupción. 2. La implementación del Acuerdo Final (II) firmado entre el Gobierno de Santos y las Farc. 3. La participación del partido político que recogerá las banderas de las Farc. 4. El miedo al castrochavismo. 5. El diálogo de paz con el ELN y 6. El medio ambiente.

Estos asuntos o temas no gravitan solos en el escenario público. Por el contario, subsiste entre ellos una natural correlación, de acuerdo con los discursos políticos que circularán en el venidero escenario electoral.

Con la conversión de las Farc en partido político, la corrupción muy seguramente se convertirá en el tema central de los debates que se susciten en el contexto electoral de 2018. Que así sea, depende de la acción de unos medios de comunicación cuya agenda suele estar asociada y casi supeditada a los intereses del Gobierno de turno. Se espera entonces que Santos y actores interesados de la sociedad civil  mantengan el interés de posicionar la corrupción como un factor y asunto definitivo para que el próximo Presidente pueda cumplir a cabalidad con la implementación de lo acordado en La Habana.

Con la insinuación que hiciera el Fiscal General de la Nación, al recoger la versión del testaferro de paramilitares y ex senador Otto Bula, pieza clave para entender los sucios tentáculos de la empresa brasilera en Colombia, no solo se mancha el nombre del Presidente, sino que en el mediano plazo se deslegitimará la búsqueda de una paz estable y duradera y por esa vía, el mismo Proceso de Paz adelantado con las Farc.

Sin duda, Martínez Neira actúo guiado más por el criterio periodístico de escandalizar al país, que regido por criterios jurídicos asociados al debido proceso y a la presunción de inocencia. Al respecto, el profesor Rodolfo Arango señaló: “El país recibe una clase magistral de formalismo jurídico por Fiscal Martínez: el no es competente y si investiga, prevarica”[2] y el mismo profesor se pregunta: “Fiscal Martínez: altavoz de un criminal. ¿Desviación de la atención?[3] Lo dicho por el Fiscal General golpeará de manera temprana al candidato o candidata presidencial que decida recoger la bandera de la paz que agitó y defendió el Gobierno de Santos durante ochos años.

Será clave también para el próximo evento electoral, la palabra empeñada que rodea el proceso de implementación del Acuerdo Final (II). Es decir, los candidatos y candidatas afectos al discurso de la paz, deberán hacer ingentes esfuerzos para posicionar la idea de que lo acordado entre el Gobierno de Santos y las Farc compromete al Estado en el cumplimiento de lo que se negoció y se acordó en la isla de los Castro y no de manera exclusiva a un Gobierno, hoy señalado de reelegirse  con dineros de Odebrecht, para alcanzar la paz.

El compromiso de cumplir con los compromisos firmados en el Acuerdo Final que asuma el candidato afecto a la construcción de escenario de posacuerdo y ojalá de posconflicto, se enfrentará no solo al ligero señalamiento del Fiscal, sino a la resistencia de Noticias RCN, noticiero que de tiempo atrás, como actor político[4], viene informando con el claro objetivo de deslegitimar el Acuerdo firmado en el teatro Colón y generar estados de opinión adversos a lo que se viene para el país en materia de implementación de lo acordado entre las partes.

Además, el o los candidatos proclives a defender y cumplir con la implementación de lo acordado entre el Gobierno y las Farc, encontrarán acciones discursivas y políticas de sectores de poder que, a pesar de estar comprometidos, de manera directa o indirecta con hechos de corrupción y de no compartir el sentido de lo acordado en territorio cubano, harán todo lo posible para confundir al electorado proponiendo la  firma de acuerdos políticos para frenar la corrupción. Lo anterior como parte de estratagemas[5] para llegar a la Casa de Nariño, quizás elegidos con la bandera de lucha contra la corrupción, pero con el objetivo claro de torpedear los procesos administrativos, jurídicos, políticos y económicos que darán vida en el tiempo a la implementación de lo firmado en el teatro Colón. Y todos sabemos que Martínez Neira fue llevado a la Fiscalía[6] por un sector oligárquico que no quiere que la implementación del Acuerdo Final prospere.

Otro asunto o tema con gran potencial electoral es la participación política del partido político que recoja las banderas de las Farc. Ello llevará a la dirigencia fariana a tomar la decisión de participar o no en las elecciones de 2018, bien con candidato propio o en alianza con otras fuerzas políticas. ¿Será posible que de Voces de Paz salga un candidato que defienda las ideas políticas de los líderes del Secretariado? Muy seguramente este hecho político será usado por sectores de opinión y algunos Medios de comunicación para deslegitimar dicha opción política, al recordarles a los colombianos los crímenes cometidos por las Farc en el contexto de un prolongado y degradado conflicto armado interno. Es posible que insistan en hablar de impunidad.

Si en una eventual coyuntura político- electoral el partido de las Farc o aquella fuerza que represente su ideario, logra hacerse con la simpatía y los votos de millones de colombianos, el Establecimiento estará presto a volver a la estrategia de generar miedo, al señalar que el castrochavismo llegará al país si se permite que el partido de las Farc obtenga un importante triunfo electoral en regiones claves y en cargos importantes dentro del Estado.

Ahora bien, frente al proceso de negociación con el ELN, dependerá de los avances que se logren y de la responsabilidad de las partes en el manejo de las discusiones y de los pre acuerdos a los que vayan llegando, para que este asunto haga parte o no de la agenda de los Medios y por ese camino, de la agenda político-electoral de 2018. En cualquier caso, la prensa afecta al Régimen sabrá usar dicha negociación para insistir en inocular miedos en la opinión pública en torno a la llegada al país del castrochavismo.

Y por último, el tema ambiental podría convertirse, remotamente, en un asunto clave. Ello dependerá de las fuerzas sociales, sectores políticos y organizaciones ambientales que de manera coordinada posicionen la protección del medio ambiente como un factor político clave, de cara a minimizar los impactos del cambio climático y ojalá, para frenar las prácticas insostenibles e insustentables que ya han provocado en Colombia varios desastres ambientales. Es claro que sobre la biodiversidad  varias multinacionales posaron sus ojos, de allí el apoyo de sus Gobiernos de apoyar el fin del conflicto armado. 

Así entonces, asistiremos muy seguramente a un complejo, enrarecido, pero definitivo escenario electoral en 2018. Será la oportunidad para avanzar hacia la consolidación de una paz estable y duradera y por esa vía, edificar escenarios de posconflicto; o por el contrario, será el punto de partida para que lo firmado en La Habana se incumpla progresivamente, dando al traste con las ilusiones que el Proceso de Paz echó a andar en quienes estamos convencidos de la  necesidad de ampliar la estrechez de nuestra democracia y de propender por tener un Estado[7] moderno que le sirva a todos.