YO DIGO SÍ A LA PAZ

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lunes, 13 de julio de 2015

CUATRO MESES: PARA AVANZAR HACIA EL FIN DEL CONFLICTO O PARA EXTENDER LA GUERRA

Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

La alocución presidencial en la noche del 12 de julio de 2015, bien puede entenderse como la antesala a la firma del fin del conflicto, o por el contrario, como el previo anuncio a lo que será un eventual rompimiento definitivo del proceso de paz de La Habana.

Lo anunciado en torno al desescalamiento del conflicto por parte de las Fuerzas Armadas, debe entenderse como un gesto que ojalá nos lleve al esperado anuncio del cese bilateral del fuego. La veeduría, el acompañamiento y la evaluación nacional e internacional tanto al cese unilateral de las Farc, como a las medidas adoptadas entre las partes, para desescalar y “humanizar la guerra”, deberán servir para desenmascarar a quienes desde el interior de las fuerzas armadas y de las propias Farc, están interesados en torpedear el proceso de paz y de esa forma, prolongar la guerra por más años. Por ello, dichas veedurías deberán estar atentas a señalar a aquellas unidades y comandantes tanto de las fuerzas armadas, como los de esa guerrilla, que de tiempo atrás hayan participado de actividades y acciones militares de sabotaje a los anuncios de cese unilateral y estén ahora, alistándose para afectar lo pactado en La Habana.

Y en este punto serán vitales las comunidades campesinas, los líderes sociales, defensores de derechos humanos y todos aquellos que por su trabajo comunitario y el interés de facilitar la vida y la convivencia en territorios en disputa, para señalar a los veedores nacionales e internacionales, qué comandantes farianos y qué unidades militares están más interesadas en desobedecer las órdenes y directrices dadas tanto por los miembros de la cúpula de las Farc, como las del Presidente Santos, en su calidad de comandante supremo de las fuerzas armadas. Tendrán que estar atentos, también, a aquellos grupos delincuenciales, exparamilitares, bandas criminales y a las propias tropas del ELN, que puedan prestarse para perpetrar atentados, que pongan en riesgo lo pactado en La Habana.

Se necesita que los veedores nacionales e internacionales que vigilarán las acciones de desescalamiento y de cese unilateral anunciado por  las Farc, actúen con total transparencia. Los líderes de las Farc y el propio Gobierno, deben estar dispuestos a “sacudir” las filas y sacar a quienes estén proclives a desobedecer las órdenes. El plazo de cuatro meses, sin duda, suena a un ultimátum para el proceso de paz. Ojalá que en cuatro meses, el país asista a la firma del fin del conflicto armado interno y no, a la espera de la alocución del Presidente, anunciando que da por terminadas las negociaciones de paz.


De otro lado, fue claro el Presidente con el país, al reconocer que el gran obstáculo que hoy no permite avanzar en los otros puntos de la Agenda, está dado en el tema de la justicia. Es claro que las Farc no aceptan pagar un día de cárcel por los delitos cometidos. Ojalá que lo dicho por Santos en torno a que “hay que obtener el máximo de justicia para alcanzar la paz”, no sea el cerrojo que evite buscar salidas a este escollo, que debe servir para que los colombianos entiendan que lo que se está dando en La Habana es una negociación y no una claudicación o el sometimiento de las Farc al Estado colombiano. Y en este punto, hay que volver a insistir en que si hay cárcel para las Farc, entonces, deberá haberla para militares, policías y miembros de la élite política y económica que han participado del conflicto armado y coadyuvado a su extensión en el tiempo.  

miércoles, 8 de julio de 2015

RESPIRA EL PROCESO DE PAZ

Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

Con el anuncio de las Farc, de cesar hostilidades por un mes, a partir del 20 de julio de 2015, el proceso de paz de La Habana respira un segundo aire. Lo anterior, muy a pesar de la petición y el anhelo de varios sectores de poder, militar y político, para que el Gobierno pusiera fin a las conversaciones con esa guerrilla.

Estamos, sin duda, ante un segundo aire para las negociaciones, dado el evidente estancamiento en el que estaban, por cuenta de los hechos de guerra perpetrados por las tropas farianas y oficiales (estatales) y por las amplias diferencias que hay entre los negociadores, alrededor del tema de la justicia transicional y el reconocimiento de responsabilidades por los hechos de guerra producidos en el marco del conflicto armado interno.

Bienvenido el cese unilateral del fuego por parte de las Farc y la continuidad misma de las discusiones y los diálogos de paz. Les corresponde al Presidente y a su Gobierno, estrechar los controles para que integrantes de la fuerza pública, no tomen la iniciativa de hostigar a las fuerzas subversivas y por ese camino, presionarlas para que rompan el cese unilateral declarado, tal y como las mismas Farc denunciaron en los hechos producidos en cercanías de Hidroituango.

Se requiere que Santos, en su calidad de comandante supremo de las fuerzas armadas, el ministro de la Defensa y la nueva cúpula militar, den las directrices necesarias para evitar hostigamientos a quienes hoy se comprometen ante la opinión nacional e internacional, a no atacar, por un mes, a policías y militares, así como a la infraestructura económica y por esa vía, afectar los ecosistemas naturales.

Bien podría el Presidente ordenar, como ya lo hizo una vez, cesar bombardeos por un mes, a campamentos de las Farc y por ese camino, llegar a un esperado cese al fuego por parte del Estado, que los lleve a un cese bilateral formal y declarado públicamente. Así lo deben estar esperando el grueso de los ciudadanos de Colombia y los voceros de los países garantes. Gracias al llamado que hicieran Cuba y Noruega, el proceso de paz respira y, revive la esperanza de ponerle fin a un conflicto armado que se ha degradado, hasta el punto, que los combatientes, legales e ilegales, operan, de tiempo atrás, desde y con el controvertido y anacrónico principio de “ojo por ojo, diente por diente[1]”.

Tanto la cúpula de las Farc, como el Presidente Santos, deben entender que cada hecho de guerra que se presenta, así como las acciones de sabotaje y atentados contra la infraestructura económica del país, acrecientan las dudas sobre el real y efectivo control que deben ejercer y que dicen tener, sobre las tropas que siguen sus órdenes.

En ese sentido, la cúpula fariana demostró, en el caso de la retención, captura o secuestro del General Alzate[2], que las órdenes emanadas desde Cuba se cumplen, a juzgar por el manejo que se le dio a ese hecho y la terminación del mismo, con la pronta liberación del alto oficial. Ello no quiere decir, que de manera autónoma, guerrilleros y comandantes de Frentes, no hayan tomado la decisión de violar el cese unilateral en su momento ordenado desde La Habana. Y por esa vía, desconocer las órdenes de una cúpula que cree poder controlar, desde la distancia, a la “guerrillerada”.

En lo que respecta al presidente Santos, como Comandante Supremo, ordenó el cese de bombardeos por un mes, y sus subordinados cumplieron con dicha orden, aunque quedan dudas sobre su efectivo control sobre la tropa, y la obediencia debida de los militares, si se miran las operaciones que terminaron en hostigamientos contra las guerrillas. Es decir, con el nuevo anuncio del cese unilateral por parte de las Farc, militar y políticamente, la cúpula de las Farc y el presidente Santos, exponen su autoridad y poder de control sobre sus combatientes, que bien pueden estar dispuestos a torpedear el proceso de paz, bien por convencimiento político, por el cumplimiento de "otras" órdenes, presiones indebidas, o porque los guía un afán vindicativo.

Es de esperar, que mientras llega el 20 de julio, en estos días se produzcan nuevos enfrentamientos y ataques al oleoducto. Eso sí, no se espera que las audiencias que siguen a los noticieros Noticias RCN, La FM y la W, comprendan que esos hechos de guerra se producen en el contexto de una negociación que se pactó hacerla, en medio de las confrontaciones. Ojalá, con este nuevo aire que toma el proceso de paz, las partes que negocian reconozcan que fue un garrafal error dialogar y conversar en medio de la guerra.