YO DIGO SÍ A LA PAZ

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jueves, 25 de septiembre de 2014

DIVULGAR, COMUNICAR Y CONVENCER

Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

Una vez reelecto, Juan Manuel Santos Calderón reconoció que en su primer gobierno no se comunicó a la opinión pública, de la mejor manera, los logros alcanzados por su administración. En especial, no se informó y se comunicó con claridad y suficiencia sobre los avances y alcances de un proceso de paz considerado como la última oportunidad para alcanzar la tan anhelada paz. Dijo el Presidente que en su segundo periodo se iba a mejorar en este aspecto.

Desde esa circunstancia se puede comprender la decisión tomada por negociadores de Farc y Gobierno de ‘desclasificar’ los acuerdos parciales que hasta el momento han suscrito las partes que negocian en La Habana, alrededor de tres puntos a saber: Política Agraria, Participación Política y Narcotráfico.

Los medios televisivos, apegados a la lógica noticiosa y sin mayor análisis[1], abrieron sus noticieros con ese hecho convertido en la gran noticia del día: Gobierno y Farc divulgan acuerdos. Las explicaciones del Gobierno y de los sectores afectos daban cuenta del objetivo trazado con la divulgación de los acuerdos parciales: contrarrestar versiones que señalan de tiempo atrás que Colombia transitaría hacia el castro-chavismo, que el modelo económico, el Estado mismo y las fuerzas armadas se estaban negociando en La Habana, entre otras elucubraciones que han evitado que el proceso de paz gane credibilidad en una opinión pública que deviene manipulada y manipulable por una prensa que aún no comprende y menos ha asumido la responsabilidad histórica que tiene frente a la actual coyuntura política, representada en las negociaciones que se adelantan en Cuba y en iniciativas jurídico-políticas propias de escenarios de posconflicto como la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras y el propio Marco Jurídico para la Paz.

¿Quién hace- hará- pedagogía de la paz y el posconflicto?

He dicho en varias ocasiones que los medios de comunicación fungen cada vez más como actores políticos, con un poder de penetración que los convierte en armas letales para, si es el caso, dar al traste con las negociaciones de paz que se adelantan en La Habana. Si así lo hubieran entendido los negociadores de las Farc y del Gobierno, muy seguramente habría hoy en la Agenda de negociación un punto dedicado al papel del periodismo, de la industria cultural y a la propiedad concentrada de los medios de comunicación.

Aclimatar la paz es una tarea que requiere del concurso del periodismo, de los periodistas y de las empresas mediáticas. Y ello rebasa los alcances de la campaña Soy Capaz, que deviene cosmética, aunque sin duda hay que reconocer que aporta. Ambientar la paz, entendida inicialmente como la firma del fin del conflicto, y el posconflicto, requieren de un discurso periodístico-noticioso distinto al que la gran prensa colombiana históricamente ha usado para cubrir los hechos de la guerra y de las negociaciones de paz.

Se requiere, entonces, de un discurso periodístico-noticioso ya no sostenido en unos valores noticia sujetos a la falsa e inconveniente dicotomía Buenos-Malos, en donde los buenos están en las ciudades y los malos en el monte levantados en armas. Esa mirada moralizante, aupada y exacerbada por fuentes oficiales, como la castrense y las fuentes autorizadas de la llamada Oposición, no ha permitido concebir una opinión pública capaz de discernir sobre el conflicto armado interno con mediana claridad sobre las circunstancias objetivas que permitieron el levantamiento armado en los años 60 y menos aún, sobre las circunstancias locales y mundiales que hoy rodean y hacen viable el proceso de negociación de La Habana.

Mientras los medios no cambien o modifiquen sus rutinas de producción noticiosa, ambientar la paz en una sociedad escindida y en una opinión pública polarizada será muy difícil, especialmente en lo que tiene que ver con la refrendación de los acuerdos a los que se lleguen en Cuba.

Allí hay un riesgo enorme de que el referendo que se diseñe para refrendar lo acordado en La Habana fracase. Y podrá ocurrir, mientras los medios y el periodismo no morigeren un discurso periodístico-noticioso empobrecido, provocador y polarizante, pensado más para continuar con el cubrimiento escabroso y morboso de la guerra, que para cubrir experiencias de paz, reconciliación y posconflicto que sirvan de ejemplo para una sociedad que parece acostumbrada a ver, escuchar y leer los horrores de una guerra degradada.

La pregunta es: ¿quién asumirá la tarea de hacer una pedagogía de y por la paz y el posconflicto? Si no son los medios de manera directa, qué actores sociales están dispuestos a asumir el reto de posicionar otras Representaciones Sociales, otros imaginarios y por ese camino, generar una opinión pública distinta, que sea capaz de entender que es urgente que se firme el fin del conflicto y el Estado y la sociedad se dispongan a transformar -reconstruir- culturalmente una nación que exhibe procesos civilizatorios que bien pueden calificarse como semi fallidos.  

La campaña Soy Capaz es un esfuerzo importante, pero no suficiente. Hay que llegar a las grandes mayorías. Hay que traducir, por ejemplo, el discurso de los acuerdos parciales divulgados por la prensa, a un lenguaje fácilmente digerible para estudiantes, amas de casa, obreros y en general gente del común, con el claro objetivo de que entiendan qué se está negociando en La Habana, para luego generar en ellos una opinión positiva frente a la urgente necesidad de refrendar a futuro lo que se acuerde en la mesa instalada en Cuba. Universidades, iglesias, canales comunitarios y otros medios alternativos, y otros actores de la sociedad civil deben asumir la tarea de hacer pedagogía por la paz, la reconciliación, el perdón y el respeto a la diferencia en sectores populares en donde el conflicto armado y las negociaciones de paz aún no atraviesan las vidas cotidianas de millones de colombianos.

Si los documentos “desclasificados” y otros que mañana se divulguen no llegan traducidos a las grandes mayorías, se verá comprometido el proceso electoral de refrendación de los acuerdos y la legitimidad de unos escenarios de posconflicto que no sólo dependerán de decisiones jurídico-políticas y económicas, sino de un profundo cambio cultural de un pueblo que deviene acostumbrado a ver, presenciar y sufrir expresiones de múltiples violencias, entre ellas las generadas por las propias dinámicas del conflicto armado interno. Por lo anterior, no basta con divulgar documentos. Hay que comunicar y convencer que es mejor vivir en paz y no en medio de la guerra.







[1] Los medios y los periodistas no dijeron que de tiempo atrás se conocen varias versiones de documentos que recogen los acuerdos parciales alcanzados en La Habana. Por ejemplo, no dijeron que de tiempo atrás circula, junto a otros documentos,  El Informe Conjunto de la Mesa de Conversaciones entre el Gobierno de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia- Ejército del Pueblo, Farc-EP, de enero de 2014. En este texto están consignados los puntos 1 y 2, de la cuestión agraria y participación política. Ver foto. 

viernes, 19 de septiembre de 2014

LA PRENSA POR FUERA DE LA AGENDA DE LA HABANA

Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo


De culminar bien el proceso de negociación en La Habana, el país deberá alistarse para diseñar y consolidar escenarios de posguerra, posconflicto e incluso, escenarios de posacuerdos[1]. En cualquier sentido, lo que se vendrá para el país demanda no sólo el apoyo de la ciudadanía y de las grandes mayorías al momento de refrendar lo acordado, bien por vía referendo o por el camino de una Asamblea Nacional Constituyente[2]  restringida, sino del concurso de actores políticos históricamente relegados de la discusión de los asuntos públicos que la paz exige para poderse consolidar.

Son ellos las fuerzas armadas, en especial los militares y en particular el Ejército, fuerza que ha llevado sobre sus hombros el desgaste de una guerra irregular que deviene degradada y sucia. De igual manera hay que exigir que los banqueros y los grandes “Cacaos” de este país participen y den la cara a la sociedad en la idea de explicar cómo se materializará su apoyo y financiación del posconflicto. Pero sobre estos no haré mayor referencia en este texto. Hablaré de los medios masivos de comunicación.

Estos actores políticos no fueron reconocidos como tal, tanto por la cúpula de las Farc como por los negociadores del Gobierno de Santos. Los desestimaron a la hora de proponer y concertar la Agenda que trazó la ruta del proceso de paz de La Habana.

Y en esa línea, los medios de comunicación, como empresas y actores políticos, son responsables de negativos y dañinos tratamientos periodístico-noticiosos que han hecho de los hechos y de las dinámicas de la guerra interna, a lo largo de estos 50 años. Por ello, la prensa debe hacer un mea culpa con el fin de develar los errores, pero especialmente los intereses que se movieron en los nefastos cubrimientos periodísticos que hicieron, por ejemplo, durante los procesos de paz adelantados por Belisario Betancur Cuartas, pero especialmente en los tratamientos que dieron a hechos noticiosos que afectaron el devenir del proceso de negociación del Caguán[3], durante el gobierno de Pastrana Arango.

Sigue siendo un error garrafal mantener por fuera de la discusión de la paz y de la guerra a los medios masivos y a la industria cultural. Es mucho lo que se debe cambiar de cara a posibles escenarios de posconflicto, posacuerdos y posguerra. Por ejemplo, el discurso publicitario debe cambiar profundamente. No puede ser que se continúe negando la existencia de los mundos afro, campesino e indígena. De igual manera, la publicidad sexista debe quedar atrás, si tenemos en cuenta que la mujer es hoy usada y cosificada por un discurso sexista que las irrespeta y subvalora y la exhibe como objeto de consumo.

Pero ese discurso discriminante no solo lo exhibe  la publicidad, sino que está en los propios operadores judiciales que desestiman los delitos sexuales cometidos por paramilitares, militares y guerrilleros, en el marco de un degradado conflicto armado. ¿No habrá una conexión socio cultural en esa forma en que unos y otros asumen, ven y se representan lo femenino, el cuerpo de la mujer y la mujer misma?

Los medios masivos, el periodismo, el cine, la publicidad y los anunciantes, entre otros, pueden coadyuvar a consolidar esos escenarios de reconciliación y paz que se necesitarán para aterrizar los acuerdos a los que se lleguen en La Habana, siempre y cuando acepten que se equivocaron, que siguen equivocados, pero que tienen la convicción de que es posible sacar adelante una paz integral, modificando discursos que claramente generan inconvenientes representaciones sociales (RS) para un país étnicamente diverso y culturalmente diferenciado.

En varias columnas he insistido en la necesidad de que el periodismo modifique sus valores/noticia y los criterios pretendidamente universales[4] con los cuales califican y elevan unos hechos al estatus de noticia. Como oficio, el periodismo no puede estar atado a unos principios, lógicas y rutinas aparentemente asépticas de cualquier orientación ideológica y política. Todos sabemos que la objetividad no es posible, que quizás mejor sea hablar de rigurosidad. Esa misma que le ha faltado a la prensa colombiana para cubrir los hechos  del conflicto armado interno.

Es claro que el conflicto armado interno no sólo tiene raíces agrarias[5], sino que en su devenir ha generado nuevas razones y explicaciones que cada vez más conectan con procesos de animosidad étnica y cultural hacia afrocolombianos, campesinos e indígenas. Pocos se atreven a exponer y reconocer que existan esas circunstancias de animosidad étnica. Creo, por el contrario, que las hay. En esa línea, los medios y el discurso noticioso han coadyuvado a que esa animadversión se profundice a través de la exposición y consolidación de imaginarios y RS poco propicias para incluir, aceptar, reconocer y respetar a quienes tienen cosmovisiones distintas, alejadas de la apuesta cultural hegemónica que se respira y se impone en urbes como Cali, Bogotá y Medellín, entre otras. Esa misma cultura hegemónica que los medios a diario imponen, y con la que se desconocen otras formas de asumir la vida, han atravesado los tratamientos noticiosos de hechos de la guerra que suceden en mayor medida en zonas rurales donde viven y sobreviven indígenas, afrocolombianos y campesinos.

Si bien es tarde para anexar un nuevo punto a la Agenda pactada en La Habana, ello no es óbice para que la sociedad civil[6] y la sociedad en general presionen a los medios masivos y a otros actores para que se modifiquen no sólo los discursos noticiosos y publicitario, sino que se garantice la pluralidad informativa. Y ello implica tocar la propiedad concentrada de los medios masivos. Es urgente hacerlo. La democracia tiene en la pluralidad informativa un valor y un motor importante de ambientación.

Si el proceso de La Habana se rompe, como aspiran en el Centro Democrático y otros sectores de derecha y ultraderecha, y más adelante los mismos actores que hoy dialogan en Cuba deciden volver a sentarse en una mesa de diálogo, ojalá entiendan que resulta definitivo incluir en esa eventual nueva agenda de paz, a los medios masivos y a todos aquellos actores y circunstancias  que configuran la industria cultural.

Hay suficientes análisis académicos que demuestran los errores cometidos y las posturas asumidas por los medios masivos de comunicación. Bastaría con revisarlos para darse cuenta que cada vez los medios masivos fungen como definitivos actores políticos y culturales, cuyas acciones no siempre apuntan hacia la reconciliación, sino hacia la polarización. 


Adenda: Uribe señala al Canal Capital y a otros medios de ser voceros del terrorismo. En esa misma lógica, ¿cómo llamar a aquellos medios y periodistas que se hincaron ante su poder durante los ocho años en los que mandó en Colombia?

viernes, 15 de agosto de 2014

Observatorio CIER

Observatorio CIER
Categorías
Modelo Socio económico,
Políticas y Relaciones Internacionales
y Litigios Jurídico Ambientales


Por Germán Ayala Osorio, CIER


Presentación


El texto que a continuación se presenta es el resultado de un seguimiento a varios medios escritos colombianos. El propósito de dicho seguimiento NO es analizar los tratamientos periodístico-noticiosos dados por tres medios masivos escritos a disímiles hechos. Por el contrario, el seguimiento sirve para describir el contexto nacional e internacional, a partir de las categorías contenidas en el título de este documento.

Este ejercicio hace parte de las actividades del Observatorio de Medios del Centro Interdisciplinario de Estudios de la Región Pacífico Colombiana, CIER, de la Universidad Autónoma de Occidente. El periodo de seguimiento está comprendido entre enero y mayo de 2014.

Mirada al contexto

En el contexto de un mundo en el que la seguridad alimentaria sufre por cuenta de plantaciones que buscan garantizar la producción de agro combustibles y el crecimiento de la minería a mediana y gran escala, la ONU, como organismo multilateral, insiste en el mantenimiento de proyectos agrícolas que aseguren la alimentación de los pueblos del mundo, a través de unidades familiares de producción agrícola con las que  puedan ser autosostenibles.

En ese complejo contexto internacional y dadas las circunstancias que impone el proceso de globalización económica, hay que destacar la debilidad del Estado colombiano y la de sus instituciones para enfrentar no sólo la apuesta mundial por los agrocombustibles, sino por la mega minería, y la explotación de hidrocarburos, éstas últimas generadoras de conflictos socio ambientales y por supuesto, de litigios jurídicos entre  empresas mineras del orden nacional e internacional y el propio Estado, propietarios privados, o comunidades cobijadas bajo la figura de la propiedad colectiva.

Esas circunstancias contextuales exógenas tienen soporte en un modelo de desarrollo extractivo que no respeta límites de resiliencia y mucho menos hace concesiones o consideraciones culturales, a juzgar por los efectos socio ambientales que viene generando en Colombia el boom minero-energético, en especial los efectos negativos que dejaron y dejan aún las políticas ambientales de los gobiernos de Uribe Vélez y de Santos Calderón.

En esa línea se registra el siguiente titular en el diario EL TIEMPO: 2014, año de la ONU para la agricultura familiar (sic). En el texto noticioso se lee lo siguiente: “Con esta declaratoria, la entidad busca promover políticas activas a favor del desarrollo sostenible. Una estrategia contra la pobreza, que contempla el respeto al medio ambiente y la biodiversidad[1].

A propósito del avance de la minería, legal o ilegal, el viernes 31 de enero de 2014 se registra un hecho jurídico-político de especial significado, a cargo de la Corte Constitucional, corporación y corte de casación que en muchos casos ha llamado la atención de disímiles gobiernos en torno a la necesidad no sólo de proteger la biodiversidad, sino de garantizar los derechos de las víctimas del desplazamiento forzado, entre otros asuntos.

El hecho jurídico-político[2] cobra vida periodística a través del siguiente titular: Magistrados, rumbo a la selva (sic). El antetítulo es claro: Corte Constitucional estudia tutela que busca acabar con Parque Yaigojé Apaporis (sic). Se trata de un litigio jurídico-ambiental de especial connotación.

En la nota periodística, a cargo de Angélica Cuevas, se lee que “los magistrados Eduardo Mendoza, Nilson Pinilla y Jorge Iván Palacios viajarán este viernes al Parque Nacional Yaigojé Apaporis para avanzar en la solución de uno de los conflictos mineros más polémicos del país: la presencia de la minera canadiense Cosigo Resources dentro de esa reserva natural en la Amazonia. Un conflicto que ha dividido a las poblaciones indígenas de la región pues unos quieren que se extraiga oro de su territorio y otros se oponen a ello… A diferencia de otras compañías que recibieron títulos dentro de parques nacionales, Cosigo se ha negado a enunciar  de manera voluntaria  a ellos y argumenta que es un derecho adquirido[3].

Los hechos políticos y los conflictos socio ambientales con los que claramente queda en evidencia la debilidad[4] del Estado para controlar a las multinacionales que explotan materias primas, continuarían apareciendo en las páginas de los diarios colombianos de mayor circulación. En el mismo diario EL ESPECTADOR, en su edición del miércoles 29 de enero de 2014.

Frenan plan de Anglogold para tumbar consulta popular (sic) es el titular de una nota publicada el 29 de enero de 2014 en el periódico EL ESPECTADOR. Este hecho socio ambiental, jurídico, político y periodístico tiene como antecedente el fallo del Tribunal del Tolima con el que se garantizaron los efectos jurídicos de la consulta popular en la que la comunidad de Piedras dijo no en las urnas a la explotación minera a gran escala.

En el texto noticioso se lee que: “Las pretensiones de la multinacional Anglogold Ashanti, de declarar sin piso jurídico la decisión que tomaron los habitantes de Piedras (Tolima) de cerrarle las puertas de su municipio a la minería a gran escala, acaban de frustrarse por cuenta de una decisión del Tribunal Administrativo del Tolima. La compañía pretendía que se declarara nula la decisión judicial que avaló la consulta popular[5]”.

Los costos sociales, culturales y ambientales que viene dejando la minería[6] a gran escala en Colombia son incontrastables. Es claro que la sociedad en general, la sociedad civil en particular y hasta el propio Estado no han dimensionado los daños ambientales que viene dejando la actividad minera, en especial la explotación de carbón y de oro.

En la edición del domingo 12 de enero de 2014 el periódico EL ESPECTADOR se publicó apartes de un informe concebido por la fundación Fescol. El título es el siguiente: El verdadero precio del carbón (sic).

En el documento, preparado por  Guillermo Rudas, se explica que “…el aporte a la generación de empleo del sector de la minería e hidrocarburos es muy pobre, en comparación  con otras industrias… Entre 2001 y 2012 el sector agropecuario ha generado 223.000 nuevos empleos, la industria manufacturera 517.000 y la minera a duras penas 81.000 nuevos empleos[7]”.

El oscuro balance que hace Guillermo Rudas alrededor de los aportes versus los efectos que deja la mega minería del carbón y la explotación de hidrocarburos, deja las huestes académicas para llegar a los territorios de las empresas demoscópicas. Y es así, a juzgar por la nota publicada en EL TIEMPO el sábado 22 de febrero de 2014, bajo el título Regiones ven beneficio de minería que la opinión no (sic). En el texto periodístico se lee lo siguiente: “En medio del debate académico, los bajos precios mundiales, las dificultades en la aprobación de licencias ambientales  y la demora en la definición  de los límites de la zona de páramo, entre otros, un sondeo evidenció la fuerte brecha en la percepción que sobre la minería tienen las regiones del país y la opinión pública en general.  Según la Brújula Minera, estudio del Centro Nacional de Consultoría, en los municipios y zonas productoras la industria es aceptada por los beneficios laborales y económicos, pero en la opinión pública[8] la percepción no es la misma”.

Mientras que en sectores académicos y periodísticos se habla de un boom minero que no solo deja regalías, sino efectos socio ambientales negativos, proyecciones de agentes de la sociedad civil advierten sobre una disminución del auge minero en el país, lo que traería consecuencias nefastas en materia económica y financiera.  Así lo registra una nota en EL ESPECTADOR del martes 18 de febrero de 2014, intitulada ¿Cuentas externas en riesgo? (sic).

En el texto periodístico se lee lo siguiente: “Aunque el ministro de Minas y Energía, Amylkar Acosta Medina, cree que el boom minero está atravesando un cuarto menguante y que el país tiene que prepararse para el retorno del auge en los próximos años, un informe revelado por la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF) le apunta a perspectivas menos alentadoras de crecimiento del sector minero-energético en la próxima década. Esto traería como consecuencia la afectación de las cuentas externas colombianas en la década que viene[9]”.

A la discusión acerca de un eventual desplome del boom minero y de la reducción de los beneficios y/o ventajas que deja la minería al país económico, se sumó el testimonio de Orlando Cabrales, vice ministro de Energía. Su opinión sirve de título a la nota publicada por EL ESPECTADOR, el sábado 1 de marzo de 2014: “La locomotora minera sí jalona la economía” (sic). En el texto periodístico se lee que “el viceministro de Energía, Orlando Cabrales, salió al paso a los que señalan que la locomotora minero-energética se descolgó el año pasado y anunció que esta sigue siendo la palanca dinamizadora de la economía nacional[10].

Las grandes obras[11] de infraestructura también tienen un fuerte impacto social y ambiental, en especial en Colombia dada la manifiesta debilidad del Estado colombiano y la fragilidad de las instituciones de control. La construcción de hidroeléctricas, por ejemplo, deja efectos nocivos en experiencias como Salvajina en el Cauca, en donde no sólo se reconoce que cambió el clima, sino que se afectó la vida de mineros y agricultores que debieron cambiar de actividad (dedicarse a la pesca) o migrar por razones económicas. También hay que nombrar a Urrá y Por ce I y II. En esta ocasión, el registro noticioso da cuenta de Hidroituango.

Los efectos nocivos en el recurso ictiológico, por ejemplo, termina por afectar la seguridad alimentaria de comunidades campesinas que parte de su sustento lo extraen del río Cauca, afluente este desviado para que sus aguas pasen ahora por túneles, para luego generar energía hidráulica. En el texto periodístico se lee que “la desviación del río Cauca, considerada una obra de ingeniería sin precedentes, también implica serios impactos sociales y ambientales[12]”.

El  desarrollo extractivo y la reprimarización de la economía que se promueve y se impone en Colombia viene dejando graves consecuencias socio ambientales y crisis ecológicas que gran magnitud. El titular del periódico EL TIEMPO se convierte en una clara evidencia de lo que viene sucediendo en el país en materia de un desarrollo claramente insostenible. Colombia, primero en conflictos ecológicos en Latinoamérica (sic).

En el texto noticioso se lee lo siguiente: “Son 7,9 millones los afectados por 72 disputas entre comunidades e industrias, según Atlas de Justicia Ambiental… Mineras, hidroeléctricas y agroindustrias hacen parte de las empresas que llegan con sus proyectos productivos a los territorios, y con las cuales las comunidades entran en pugna por el acceso y el uso de recursos naturales como ríos y páramos. Así lo demuestra el primer inventario  de los conflictos por el medioambiente, compilado por el Instituto Cinara de la Universidad del Valle, en alianza con el Atlas Global de Justicia Ambiental[13]”.

Es tan poco lo que se puede hacer ante la profundización del modelo extractivo y la reprimarización de la economía colombiana, que a la sociedad en general solo le queda participar en campañas de ahorro de energía como la de Apagar las luces por el Amazonas (sic). Y es así, si tenemos en cuenta lo expresado por Ángel Gurria, secretario general de la Ocde, quien dijo que “nuestro planeta se está calentando de manera peligrosa y necesitamos actuar de inmediato para evitar la catástrofe[14].

Mientras el debate sobre los efectos del boom minero continuaba ocupando las páginas de la gran prensa, desde el sur del país llegaban noticias en torno a la existencia de más reservas de hidrocarburos (petróleo y gas), concentrados en condiciones geológicas (esquistos[15]). Colombia, en la era de esquistos (sic) es el titular del diario El Espectador del 01 de abril de 2014.

Las contradicciones del desarrollo extractivo y la huella humana que se extiende por el planeta posibilitan y dan sentido a llamados de atención para que se planten más árboles, en especial en grandes urbes en donde el verde prácticamente ha desaparecido por la voracidad de un desarrollo que se concentra en la construcción de vías cada vez más rápidas y en una política de expansión de barrios y edificaciones. De allí que el llamado a concebir ciudades verdes haga parte de esas contradicciones en las que suele caer el ser humano a través de un modelo de desarrollo extractivo y poco amable con ecosistemas naturales sometidos a procesos de urbanización.

La Tierra urge ciudades verdes (sic) es el titular del diario EL PAÍS del 23 de abril de 2014, con el que se da vida a un texto periodístico que aborda la pregunta de cuán verde es la ciudad de Cali. La Alcaldía de Cali y otros actores hablan de tiempo atrás de la construcción de un Corredor Verde. Curiosamente, ante el pedido de varios sectores de convertir una zona de Navarro (del antiguo botadero a cielo abierto) en un pulmón para la ciudad, la alcaldía de Rodrigo Guerrero responde con el proyecto urbanístico Eco ciudad Navarro, cuyo nombre obedece a un simple eufemismo con el se pretende ocultar lo que claramente será un proyecto urbanístico para estratos sociales 1, 2 y 3, en unos terrenos que presentan problemas sanitarios y posibles riesgos para la salud humana.

El tema ambiental en Colombia y en el mundo deviene con la clara intención de develar y reconocer que hay ya suficiente información y hechos tozudos que indican una crisis ambiental generalizada en disímiles partes del mundo. Pero una crisis ambiental que no supone la adopción de políticas de decrecimiento y mucho menos de revisar a fondo el globalizado modelo de desarrollo y la lógica de consumo  que ordena el mundo en estos momentos.

Quizás la conciencia de la crisis no alcance para entender lo que plantea Enrique Leff: “La crisis ambiental es un efecto del conocimiento –verdadero o falso–, sobre lo real, sobre la materia, sobre el mundo. Es una crisis de las formas de comprensión del mundo, desde que el hombre aparece como un animal habitado por el lenguaje, que hace que la historia humana se separe de la historia natural, que sea una historia del significado y el sentido asignado por las palabras a las cosas y que genera las estrategias de poder en la teoría y en el saber que han trastocado lo real para forjar el sistema mundo moderno…Pero lo inédito de la crisis ambiental de nuestro tiempo es la forma y el grado en que la racionalidad de la modernidad ha intervenido al mundo, socavando las bases de sustentabilidad de la vida e invadiendo los mundos de vida de las diversas culturas que conforman a la raza humana, en una escala planetaria. El conocimiento ha desestructurado a los ecosistemas, degradado al ambiente, desnaturalizado a la naturaleza[16].

Casi en la misma línea planteada por Enrique Leff se entiende lo expresado por  el economista y líder espitirual chileno, Alfredo Sfeir, en una nota en el diario EL PAÍS. En la entrevista el economista chileno señala que “el actual modelo está agotado, y la gente está tratando desesperadamente de seguir creyendo en que podrá arrojar resultados algún día. Y termina con la siguiente sentencia, que a su vez sirvió para titular la nota: “El actual modelo económico se deshumanizó”[17] (sic).

La prensa cumple con la tarea de registrar llamados diarios sobre la crisis ambiental[18], así como los riesgos que afrontaría el Planeta y la supervivencia del ser humano, entre otros asuntos. “La voluntad política es un recurso renovable”: Gore es el titular de una nota que trae las opiniones del ex vicepresidente de los Estados Unidos, Al Gore, quien estuvo de visita en Bucaramanga y habló de políticas de conservación.

En esa misma lógica de registrar hechos ambientales y llamados lastimeros alrededor de los efectos ambientales que deja el actual modelo de desarrollo, se entiende una nota titulada No proteger la biodiversidad nos cuesta el 3,7% del PIB (sic). En el texto periodístico editado por el diario EL PAÍS se publican apartes del V informe nacional de Biodiversidad[19]: “Este informe contiene información  sobre los avances en política de biodiversidad  entre el 2009 y 2013, y reseña los cinco motores de destrucción ambiental: el cambio en los usos del suelo (por actividades como la ganadería, la minería y los cultivos ilícitos), la degradación de los ecosistemas, la invasión biológica de otras especies, la contaminación y el cambio climático[20]… Y aunque estos sectores económicos son polos de desarrollo en las regiones, sus efectos  ambientales y económicos también son críticos para Colombia”.

Dentro del proceso informativo que los medios masivos echan a andar, es clave reconocer la redundancia como un elemento clave no sólo en la masificación de la información, sino en el aseguramiento de mayores efectos en las audiencias, en la medida en que la radio, la televisión, la prensa y ahora las redes sociales e internet, replican de manera circular una determinada información. Así las cosas, el 12 de mayo, el diario EL ESPECTADOR publica una nota sobre el ya mencionado Informe Nacional de Biodiversidad en Colombia. El titular es contundente en la medida en que recoge las preocupaciones y el sentido de los llamados de emergencia que se vienen exponiendo de tiempo atrás alrededor de los efectos negativos que deja el actual modelo de desarrollo extractivo: Desarrollo si, pero no así (sic).

En esa misma perspectiva de criticar el modelo de desarrollo extractivo y de señalar los riesgos sociales y ambientales, aparece una nota en el diario EL TIEMPO del sábado 1 de mayo de 2014 intitulada ‘Seguir con energías fósiles es cavar nuestras tumbas’ (sic). Además de llamativos y contundentes, titulares como estos poco aportan a la real comprensión de los retos y problemas ambientales que afronta Colombia y el mundo, por parte de las audiencias, imbuidas en lógicas de consumo y sobreviviendo en medio de condiciones laborales precarias y difíciles. En esta ocasión la fuente responsable de la frase, cuyo sentido no es nuevo, es Yolanda Kakabadse, presidenta del Fondo Mundial para la Naturaleza, quien advierte “que para lograr el desarrollo económico de América Latina no se requiere arrasar con su territorio”.

A los llamados de atención de economistas, líderes espirituales y de expertos ambientales, muchos de ellos en su momento empleados del Banco Mundial y operadores incansables del hoy criticado modelo de desarrollo, se suma la ONU. El organismo multilateral insiste en llamar en hablar en los Objetivos del Milenio y de otras iniciativas y programas, que resultan ser verdaderos e inocuos esfuerzos por cambiar las circunstancias en las que opera hoy el mundo, si se revisa, por ejemplo, que los grandes países desarrollados poco hacen para mitigar el impacto de sus industrias, fábricas y modelos de crecimiento económico, en lo que se refiere al control de emisiones de CO2. En la nota del 26 de mayo de 2014, intitulada  El reto de priorizar los objetivos globales (sic). Los temas son recurrentes: hambrunas, control de enfermedades, educación, pobreza, subdesarrollo y desarrollo tecnológico.

La conciencia tardía que suele emerger de cuando en cuando en las páginas de la prensa, se traslada en forma de discusión a las secciones de opinión de los periódicos. La discusión sobre los temas ambientales produce y reproduce viejos dilemas humanos, que cobran vida a través de relaciones dicotómicas que llevan a extremos: crecimiento-decrecimiento; desarrollo- no desarrollo; agua o petróleo; y extraer- no extraer, entre otras.

Para el 13 de abril de 2014 en el diario EL TIEMPO  se registra la columna de opinión de Orlando Cabrales Segovia, quien funge como vice ministro de Energía. Desde el titular recoge una evidente dicotomía que por estos días toma fuerza ante el registro periodístico de innumerables desastres ambientales: Agua o petróleo, un falso dilema (sic). El columnista defiende la explotación de hidrocarburos. En apartes del texto de opinión se señala lo siguiente: “Han surgido diversas versiones que culpan al sector hidrocarburífero por la crisis del agua en Casanare. En este departamento, la industria  de hidrocarburos tan solo consume el 0.7 por ciento del agua consumida, una cifra mínima comparada con el uso de otros sectores. Además, la industria del petróleo utiliza en promedio el 1 por ciento del área total del bloque asignado  para las plataformas de perforación y las eventuales facilidades de producción, y por cada hectárea intervenida existe  la obligación de de reforestar e hectáreas”.  

Aquí el asunto no se puede reducir a las obligaciones y a marcos legales que harían posible obligar a las petroleras a reforestar, dado que el Estado en su conjunto deviene precario, especialmente las instituciones ambientales como las CAR y los órganos de control como la Procuraduría y Contraloría. El poder político y económico de las petroleras termina por facilitar su operación sin mayores consideraciones ambientales en lo que refiere a la mitigación que su actividad extractiva deja en valiosos ecosistemas.



[1] 2014, año de la ONU para la agricultura familiar. EL TIEMPO (25 de enero de 2014). p. 29.

[2] Otro hecho jurídico-político que volvería a registrar la prensa tiene que ver con el fallo de La Haya a través del cual Colombia perdió jurisdicción sobre una importante porción de mar compartido con Nicaragua. Los siguientes son los titulares: Corte ratifica inaplicabilidad de fallo de La Haya sin un tratado con Nicaragua (sic). EL TIEMPO, Sábado 3 de mayo de 2014; Sin tratado con Nicaragua, no aplica fallo de La Haya (sic), EL PAÍS, 3 de mayo de 2014; El ‘no’ del magistrado González al fallo de La Haya (sic), EL ESPECTADOR, lunes 28 de abril de 2014.

[3] Magistrados, rumbo a la selva (EL ESPECTADOR). Viernes 31 de enero de 2014. p. 7.

[4] El caso de la Drummond que recién contaminó parte de la bahía de Santa Marta, a través del hundimiento de una barcaza o por el derrame deliberado de carbón en el mar, queda clara la relativa capacidad coercitiva del Estado colombiano para controlar las actividades de multinacionales como la Drummond, para sancionar y para imponer multas.  28 de febrero, día cero para la Drummond (sic) es el título de una nota publicada el miércoles 12 de febrero de 2014 en EL ESPECTADOR. En la nota se lee: “Para el próximo 28 de febrero quedó fijada la audiencia de imputación de cargos contra seis funcionarios de la Drummond por, supuestamente, haber vertido de manera ilegal residuos de carbón a la bahía de Santa Marta, causando un daño ambiental que, según las autoridades, tardaría más de 30 años en repararse”.

[5] Frenan plan de Anglogold para tumbar consulta popular (EL ESPECTADOR). miércoles 29 de enero de 2014.

[6] Explotación de oro, carbón, madera y coltán, entre otros.

[7] El verdadero precio del carbón (EL ESPECTADOR). domingo 13 de enero de 2014. p. 4.

[8] Regiones ven beneficio de minería que la opinión no (EL TIEMPO). Sábado 22 de febrero de 2014. p. 20. “El sondeo, que realizó 3.000 encuestas en 70 municipios del país y 135 entrevistas a directivos de empresas mineras, en febrero y enero respectivamente, mostró que mientras solo el 9  por ciento de la población en general cree que la industria minera es la que más contribuye al crecimiento del país, en las zonas mineras el porcentaje sube al 17 por ciento. Incluso, en la población en general, el sector bancario es percibido como un mayor generador de beneficios para la economía, aunque ambas partes coinciden en que el sector que más contribuye es el petrolero”. 

[9] ¿Cuentas externas en riesgo? (EL ESPECTADOR). Martes 16 de febrero de 2014. p. 10.

[10] “La locomotora minera sí jalona la economía (EL ESPECTADOR). Sábado 1 de marzo de 2014. p. 12.

[11] Consideran expertos que es mejor diseñar micro centrales que pueden dar energía a poblaciones medianas con menores impactos ambientales, en relación con los que produce la construcción de grandes represas.

[12] Dos caras de Hidroituango (EL PAÍS). 6 de marzo de 2014. p. A 11.

[13] Colombia, primero en conflictos ecológicos en Latinoamérica (EL TIEMPO). Sábado 29 de marzo de 2014.

[14] La rimbombancia apocalíptica de Davos (EL TIEMPO). Sábado 8 de marzo de 2014. p. 31.

[15]Roca metamórfica de bajo a medio grado de metamorfismo, cristales visibles a simple vista, su tamaño es mayor que el de los minerales de las  filitas”. http://edafologia.ugr.es/rocas/essquis.htm; el petróleo y el gas se encuentran ‘aferrados’ a las rocas.

[16] Leff, Enrique. La racionalidad ambiental. La reapropiación social de la Naturaleza.  Siglo XXI Editores.

[17] 14 de mayo de 2014.

[18] El diario EL PAÍS en su edición del 17 de mayo de 2014 publica una nota que tiene el mismo sentido de otras anteriores. Ante la imposibilidad de parar el actual modelo de desarrollo, lo único que queda por hacer son campañas de reciclaje, apagar la luz a una determinada hora y hacer actividades más de marketing ambiental. Un día para jugarle limpio al planeta (sic) es el titular. ¿Por qué jugarle limpio al planeta por un solo día? porque es imposible hacerlo todos los días, por el tipo de modelo de desarrollo extractivo.

[19] Dicho informe es liderado por el Ministerio del Medio Ambiente y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud).

[20] Así se adaptaron los cafeteros al cambio climático (sic) es el titular de una nota publicada en el diario EL ESPECTADOR, el jueves  de junio de 2014. 

martes, 8 de julio de 2014



HAY QUE REPENSAR LOS DISCURSOS PUBLICITARIO Y NOTICIOSO



Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo


Por las condiciones socio históricas y culturales en las que deviene el orden social y político colombiano, en el contexto de un largo y degradado conflicto armado interno, bien vale la pena discutir, revisar y si es posible, modificar sustancialmente los criterios y los valores noticia con los que los periodistas y ahora más que nunca las empresas mediáticas, deciden qué es o no noticia.

De igual forma, el discurso publicitario deberá también modificarse y adecuarse. Ambos discursos, el publicitario y el noticioso, deberán cambiar en aras de facilitar la consolidación de escenarios de posguerra y posconflicto, atravesados, sostenidos y orientados por actitudes que busquen la reconciliación entre los colombianos.

Hay varias circunstancias y hechos que hacen urgente discutir unos nuevos criterios de noticia para un país que busca la paz y que deberá diseñar escenarios de posguerra y de posconflicto. Por ejemplo, la relativa universalidad de los criterios de noticiabilidad es un hecho que abre la posibilidad para discutir unos que propicien no sólo la reconciliación entre los colombianos, sino que promuevan el respeto y el reconocimiento de la diferencia en un país de regiones y con disímiles culturas y grupos étnicos. Es claro que tanto el periodismo como la publicidad han aportado poco al respeto de la diferencia. Baste con recordar las negativas representaciones sociales que los medios construyen, reconstruyen o masifican alrededor de lo afro, lo indígena y lo femenino, entre otros asuntos.

En la tarea de cambiar los valores noticia y el discurso publicitario deben participar las Facultades de Comunicación Social y Periodismo, las agencias de publicidad, publicistas, periodistas, las empresas mediáticas y grupos de intelectuales y el propio Estado, entre otros,  con miras a dar una discusión amplia y plural para cambiar lo que hasta el momento le viene haciendo daño a la comprensión de la diferencia y de lo que sucede en nuestro país, en especial lo que históricamente ha acontecido al interior del conflicto armado interno.

Otro hecho que motiva la propuesta de modificar los criterios de noticiabilidad está íntimamente relacionado con la dependencia informativa que la gran prensa colombiana tiene con los ex presidentes, en especial con el ex presidente Uribe Vélez. No es posible que su negativo liderazgo, mezquindad y odio motiven el registro noticioso de los medios masivos. Para una sociedad que deambula bajo una ética de mínimos no es recomendable que la figura negativa de Uribe Vélez a cada momento aparezca en los medios, para descargar lo que claramente es un problema psicológico de quien hoy extraña el poder, el reconocimiento y la obediencia que ostentó y logró imponer durante sus ocho años de Gobierno.

La transformación del país  no sólo pasa por la posibilidad de ponerle fin al conflicto con las guerrillas, sino que depende también de los discursos publicitario y noticioso, soportados en valores y principios que poco promueven el respeto, la comprensión de la diferencia y la pluralidad. Como expresiones de una cultura ‘blanca’ hegemónica, dichos discursos deben cambiar porque vamos a necesitar de otros discursos para consolidar la paz en escenarios de posconflicto en donde pensar, actuar y ser diferente no sea motivo de burla, estigmatización, ocultamiento, invisibilización o rechazo.

Se requerirá de un profundo cambio cultural para consolidar la paz y el posconflicto y para ello se necesitará de nuevos discursos y liderazgos. 


Nota: Texto publicado en: http://www.programalallave.com/opinion.php?titulo=HAY%20QUE%20REPENSAR%20LOS%20DISCURSOS%20PUBLICITARIO%20Y%20NOTICIOSO&autor=GERM%C3%81N%20AYALA

viernes, 23 de mayo de 2014

En el Gran Debate lo que menos hubo fue debate

Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

En el Gran Debate de RCN, en alianza con otros medios, no hubo debate. Esa es la verdad. Y no lo hubo porque el formato y los periodistas responsables de las preguntas lo impidieron. Veamos porqué. En primer lugar, inició el encuentro entre los cinco aspirantes a la presidencia de Colombia con el tema y los asuntos que han enfrentado en las últimas semanas a los dos candidatos más opcionados de la derecha y la ultraderecha, Juan Manuel Santos y Óscar Iván Zuluaga. En segundo lugar, el tiempo asignado para cada uno de los participantes impide que puedan elaborar y explicar los alcances de sus programas de gobierno. 

En tercer lugar, las periodistas que preguntaban son hábiles en hechos coyunturales, pero no en asuntos estructurales, sobre los cuales debió girar el debate. La presencia de las tres periodistas busca garantizar el ‘show’ mediático y los temas, para dedicar, como lo hacen desde tempranas horas de la mañana en la emisora La FM, a recoger curiosidades y al falso gesto de reconciliación que protagonizaron Santos y Zuluaga, aupados por la periodista Dávila. La propia revista Semana señala hoy en su edición digital que “el primer debate entre los cinco aspirantes a las elecciones presidenciales de Colombia estuvo marcado por los enfrentamientos personales entre los dos favoritos: el presidente Juan Manuel Santos y el opositor Oscar Iván Zuluaga[1].

Lo que vimos los colombianos la noche del jueves 22 de mayo fue un encuentro de comentarios y de pullas de Santos y Peñalosa contra Zuluaga y de éste último contra el Presidente-candidato. Insisto en que no hubo debate. Sirvió eso sí, para confirmar que candidatas como Marta Lucía Ramírez, en línea ideológica con el Procurador Ordóñez, se opone al matrimonio igualitario, asunto este que la ubica como una mujer no sólo conservadora, sino premoderna.

También sirvió el sonado ‘Gran Debate’ para confirmar la evidente animadversión de Zuluaga  hacia Juan Manuel Santos, inoculada muy seguramente por su jefe -o patrón- Álvaro Uribe Vélez. En esa línea, Santos supo sacarlo de casillas al advertir que si no toma distancia de Uribe, se convertirá en un títere. Zuluaga, de manera torpe, mordió el anzuelo y reaccionó exigiendo respeto.

Si de lo que se trata es de señalar a quién le fue mejor, considero que Santos  y Clara López se vieron más serenos y convencidos de sus ideas. Por el contrario, Zuluaga se veía nervioso y luego incómodo y molesto porque se tocó el tema de Sepúlveda y el video en el que aparece con este ‘hacker’ ‘planeando’ acciones en contra del proceso de paz de La Habana. Peñalosa confirmó su dificultad para improvisar discursos. No es hábil con la palabra. Ramírez, la candidata del fragmentado e insepulto partido conservador, se notó desesperada por el tema con el que se inició el encuentro televisivo de los aspirantes a la presidencia y luego, un tanto incómoda por no poder presentar de una mejor manera sus propuestas.

Es una verdadera lástima que un espacio tan importante, en un horario privilegiado, se haya desperdiciado de esa manera. El sonado ‘Gran Debate’ terminó siendo el correlato de una campaña electoral pobre en propuestas y llena de agravios entre Santos y Zuluaga.

Un debate serio debe permitir que cada candidato, en un lapso de 10 a 15 minutos explique su programa de gobierno. Claro está, deberá hacerlo en líneas gruesas, pero exhibiendo claridad en torno a la consecución de nuevos recursos fiscales, el manejo de la macroeconomía, pero especialmente el modelo económico. Fue Clara López la única que hizo referencia a este estructural asunto. Pero dado que el formato no lo permitía y los periodistas presentes no deben estar preparados para dar una discusión de ese talante, entonces el asunto pasó como un simple comentario.

Por ello, sería importante que las propuestas de los candidatos sean evaluadas y criticadas por académicos y expertos como Pedro Medellín Torres y Salomón Kalmanovitz, entre otros. La discusión debería girar en torno al modelo económico y al sistema democrático. Pero el debate debe darse sobre una base conceptual y sobre hechos reales y concretos, sin que ello reduzca lo complejo a preguntas que deben contestarse sí o no, como las planteadas por las periodistas en el último bloque del ‘Gran Debate’.

Con el formato utilizado para el ‘Gran Debate’ se buscaba reducir lo complejo, a simples comentarios, en medio de pullas entre los candidatos. Y lo lograron. Desde esa perspectiva, RCN y Semana se anotaron un ‘hit’ periodístico. Pero olvidan sus directivas que ese tipo de triunfos empobrecen todavía más a una opinión pública que históricamente ha sido incapaz de discernir  y discutir con argumentos, asuntos públicos como los que medio se abordaron anoche.

lunes, 13 de enero de 2014

POLARIZACIÓN POLÍTICA Y MEDIÁTICA EN COLOMBIA

Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

La polarización política e ideológica que por estos días crece en el país, tiene en los medios masivos a sus mayores animadores. Los noticieros privados de televisión, RCN y Caracol son, de tiempo atrás, instrumentos ideológicos de la Derecha económica y política que guía los destinos del Estado colombiano. Eso no tiene ninguna discusión. Aquí el principio democrático de la pluralidad informativa no se da, por cuenta del nefasto oligopolio mediático representado en estos dos poderosos medios masivos, lo que asegura la generación de forzosos consensos alrededor de asuntos públicos.

Con el fallo del Procurador General de la Nación, que  destituye e inhabilita por 15 años al alcalde Mayor de Bogotá, Gustavo Petro Urrego, la polarización política en Colombia toma un segundo aire, de cara al escenario electoral de 2014. Y lo hace en el contexto de una clara polarización mediática, especialmente visible en la capital del país.

Hay hechos recientes que prueban la existencia de dicha polarización mediática. Mientras que los simpatizantes del gobierno de la Bogotá Humana marchan y llenan la Plaza de Bolívar, los noticieros privados apenas si registran el hecho político y noticioso, en un ejercicio claro de autocensura con el que se busca no sólo deslegitimar la protesta social que brota del malestar social y político que generó la polémica y desproporcionada decisión del Jefe del Ministerio Público, sino de mantener, forzadamente, la vigencia política y mediática del ex presidente Uribe Vélez, hoy candidato al Congreso en su nueva empresa electoral, el Uribe Centro Democrático (UCD).

Ante la postura asumida por los noticieros privados de televisión y varios programas radiales y periódicos nacionales y regionales, el Canal Capital abrazó la causa del Alcalde Mayor para defender no solo los logros sociales, ambientales y culturales de la Bogotá Humana, sino el derecho que tienen los bogotanos en particular y los colombianos en general, a ver, oír y escuchar otras voces distintas al unanimismo que imponen Noticias RCN y Caracol Noticias a través de sus interesados cubrimientos periodísticos.

La polémica en redes sociales y en los propios medios se da porque Canal Capital, como órgano y bien público, no puede o no debe, según muchos periodistas, asumir la defensa de la gestión del alcalde Gustavo Petro. Mientras que RCN y Caracol fungen como actores políticos que usan el lenguaje periodístico para informar desde la perspectiva de sus intereses, los detractores de Petro pretenden que el Canal Capital no actúe de esa manera. Es decir, que no actúe como actor político. Se equivocan. Todos los medios masivos son actores políticos y como tales los ciudadanos deben consumir los hechos elevados al estatus de noticia. Y todos, medios privados y públicos, ocultan hechos y hacen tratamientos periodísticos interesados. Ese no es el problema. El asunto está en que la ciudadanía debe saber eso y estar preparada para asumir posturas y decisiones políticas siempre en camino de garantizar que el Estado Social de Derecho sea una realidad para el conjunto de la sociedad.

Aquí el asunto de fondo está en que la débil democracia colombiana no asegura la pluralidad informativa. El poder de la televisión informativa se concentra, prácticamente, en los dos señalados noticieros. Y ese ejercicio periodístico jamás podrá garantizar pluralidad informativa. Por el contrario, garantiza unanimismo.

De esta manera, el cubrimiento que Canal Capital hizo de las tres movilizaciones sociales que se han producido en Bogotá a favor de la gestión de Gustavo Petro, son, además de legítimas, periodísticamente necesarias en tanto hay un hecho público (político) que no puede quedarse oculto o resultar minimizado por cuenta de las razones y las circunstancias políticas y económicas que rodean el ejercicio periodístico de los noticieros privados RCN y Caracol.

De esta forma, por lo menos en Bogotá, se exhibe desde ya una polarización mediática, que se suma a la polarización política que de tiempo atrás soporta Colombia. De un lado están los periodistas que parecen comprometidos con el Establecimiento. Y del otro, están aquellos que desde las huestes oficiales de un importante canal público, creen en la legítima defensa de un mandato popular y democrático golpeado por el exagerado poder del Procurador Ordóñez, quien funge como un instrumento de la Derecha que a todas luces busca frenar las aspiraciones políticas (presidenciables) del polémico alcalde de la capital del país.

El debate periodístico está abierto. Resultaría interesante que las Facultades de Comunicación Social y Periodismo acogieran la discusión y abrieran espacios para debatir la calidad y la pluralidad informativas en Colombia, en el contexto de una incontrastable realidad: los medios masivos son actores políticos determinantes para el fortalecimiento o el debilitamiento de la democracia.