Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo
A pocos días de votar el
plebiscito del 02 de octubre, la polarización política y la pugnacidad se
erigen como los factores que hacia futuro contribuirán, negativamente, a la
reconciliación que el país necesita, después de firmado el Acuerdo Final que
pone fin al conflicto armado entre el Estado y la guerrilla de las Farc.
El rechazo a la desmovilización
de las Farc y a su efectiva conversión en partido político está anclado a la tradición
democrática que nos deja un régimen democrático restringido y precario. Más
allá de los odios, dudas y resquemores que podamos sentir por quienes se
levantaron en armas en los años 60, los colombianos exhibimos ya una histórica
incapacidad para aceptar al que piensa diferente, al que se opone a nuestros
objetivos e ideas, o al que simplemente pone en duda nuestras certezas.
Esa es la circunstancia
contextual con la que bien podemos entender las obtusas y cerriles posturas
asumidas por el latifundista Álvaro Uribe Vélez y por el Regenerador Ordóñez
Maldonado. A estos dos ladinos y tozudos personajes se suman sectores de
opinión que comparten una visión estrecha de la democracia, aunque públicamente
dicen creer y defender dicho régimen de poder y forma de vida pública.
Y no se trata de ocultar o
minimizar los crímenes cometidos por las guerrillas, como tampoco es correcto
reducir los perpetrados por los paramilitares, que en connubio con agentes
estatales y élites de poder político y económico, masacraron y desplazaron a
indígenas, afrocolombianos y campesinos, para favorecer a multinacionales y a
empresas nacionales del sector agroindustrial.
De lo que se trata es de pasar la
página y ello implica reconocer que la vieja idea de vernos como la democracia más estable de este
hemisferio, sirvió para ocultar los opobriosos gobiernos de Turbay Ayala y
Uribe Vélez, que en materia de derechos humanos, se acercaron con creces a los
ignominiosos regímenes militares del Cono Sur.
Por todo lo anterior, el 02 de octubre es la oportunidad
histórica que tenemos para dejar atrás ese oscuro e innoble pasado que
compartimos y del que somos responsables todos y avanzar hacia la construcción
de Estado, sociedad y mercado, sobre una renovada ética que guíe las vidas de
empresarios, políticos, clase dirigente, sindicalistas, militares y ex
guerrilleros.
Vuelvo a invitar a estudiantes,
amigos, familiares y lectores asiduos de este Blog a decir SÍ al plebiscito. Que la historia nos juzgue por haber confiado una
vez más en la Política y en nuestra propia condición humana, con el propósito
de dignificar la vida humana y de tratar de consolidar una democracia amplia,
plural y respetuosa de la diferencia. Y que la historia juzgue a quienes
votando NO, le seguirán apostando al mantenimiento de un régimen democrático
que solo le sirve a quienes defienden ideas hegemónicas y profundamente
conservadoras alrededor de la política, el pensamiento crítico, la familia, la
propiedad, la sexualidad, el mercado, la sociedad y el Estado.
Imagen tomada de Semana.com

