YO DIGO SÍ A LA PAZ

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lunes, 9 de diciembre de 2013

LO QUE PUEDE ESTAR DETRÁS DEL ATAQUE EN INZÁ, CAUCA

Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo


La gente del común, aupada por una prensa incapaz de ir más allá del espectáculo noticioso, suele mirar y entender los actos de guerra y las acciones terroristas, como hechos propios de ‘gente mala’ que no quiere la paz.

Recientemente la acción de guerra de las Farc en Inzá (Cauca) fortaleció imaginarios colectivos y representaciones sociales en cientos de miles de colombianos que vieron por televisión el saldo fatal de muertos y heridos, entre militares y civiles, y los estragos en las instalaciones tanto de la policía, como en las viviendas y negocios aledaños.

Condenable acción de guerra que no sólo genera terror en la población civil, sino que afecta el ambiente y la confianza en el proceso de paz de La Habana. Pero no podemos olvidar que justamente se está negociando en la Isla, con el claro objetivo de  ponerle fin a la confrontación militar entre las Farc y el Estado colombiano. Y mientras no se pacte el cese bilateral del fuego, estas acciones seguirán presentándose.

Muy seguramente en la anunciada reacción de las fuerzas militares y de policía se buscará ‘devolver’ el golpe a las Farc. El mismo Presidente Santos condenó el ‘atentado’ y ordenó a las fuerzas estatales salir a buscar a los responsables y producir las ‘bajas’ necesarias en las filas de las Farc, con las que sea posible ‘equiparar’ el daño recibido en Inzá. 

La responsabilidad del acto de guerra fue asumida por la cúpula de las Farc que hoy dialoga en Cuba. Y sus voceros ‘justificaron’ la acción militar advirtiendo que hace parte de la dinámica del conflicto. Y es cierto. Ahora bien, frente a la propuesta de los negociadores de las Farc, de un cese unilateral del fuego a partir del 15 de diciembre, hay que decir que es, como mínimo, inoportuna. De hecho, la misma prensa, apoyada en fuentes oficiales, calificó el anuncio como propio de cínicos. No era el momento para lanzar la propuesta.

Hay que insistir, entonces, en un cese bilateral del fuego con veeduría internacional. Tanto guerrilleros como militares y policías deben apostarle a esa posibilidad, pensando especialmente en minimizar el número de civiles víctimas de las acciones bélicas perpetradas por cada uno de los bandos enfrentados.

De otro lado, era de esperarse la reacción de  detractores del proceso de paz ante el hecho bélico, como el Uribe Centro Democrático, que de cara al escenario electoral de 2014, busca a toda costa posicionar nuevamente el discurso de la guerra, ahora en cabeza de su candidato presidencial, el poco carismático Oscar Iván Zuluaga.


Estaciones de policía en los pueblos

De tiempo atrás se cuestiona la ubicación de estaciones de Policía y unidades militares dentro de los cascos urbanos. En varios municipios del Cauca, comunidades indígenas han exhortado al Estado para que ordene la salida de los uniformados de  plazas y esquinas de pueblos como Inzá. Las solicitudes se apoyan en una realidad político-militar: dichas unidades policiales son declaradas por las Farc como objetivo militar, lo que claramente pone en peligro a los civiles que de manera obligada conviven con unidades de la fuerza pública.

Es cierto que el Estado tiene el deber institucional de hacer presencia, física y simbólica, en todo el territorio nacional. Pero la naturaleza del conflicto armado interno y su progresiva degradación, lo obligan a extremar las medidas de seguridad y a mantener las actividades de inteligencia militar que coadyuven a minimizar los ataques y los daños colaterales que estos produzcan.

Para el caso de Inzá, habrá que revisar qué falló. ¿Acaso por la temporada decembrina, los uniformados se ‘relajaron’, bajaron la guardia, y de esta manera le dieron la oportunidad a las Farc para que dieran el golpe? Sin duda, se trató de un golpe planeado por parte de las Farc. ¿Falló la inteligencia militar? Si fue así, entonces la presencia de estaciones de Policía y de bases militares dentro de cascos urbanos se convierten en verdaderas trampas mortales para los propios uniformados y para los civiles que allí conviven.

Así, entonces, la responsabilidad por lo sucedido en Inzá recae tanto en las Farc, como grupo agresor, como en el Estado que no pudo evitar el ataque, muy seguramente porque hubo errores y falencias en la prestación del servicio. ¿Qué hacían los oficiales del Ejército en el lugar del ataque? Este interrogante y otros, y el golpe mismo, serán abordados y estudiados en las unidades militares. Sería importante que la gran prensa averiguara porqué se produjo el ataque y qué pasó con la inteligencia militar.